Informe de acción humanitaria 2007 – Página principal

BURUNDI

Bendiciones a medias: alumbramiento y asistencia médica para menores de cinco años gratuitos en Burundi

Miles de mujeres que han dado a luz gratis en los hospitales públicos, tras la declaración del 1 de mayo de 2006, de Servicios de alumbramiento y asistencia médica para menores de cinco años gratuitos, le están agradecidas al presidente Pierre Nkurunziza, pero miles de madres deudoras como Carine Naisha Nzigiyimana han tenido que esperar mucho para ser libres. Para muchas otras madres, niños y profesionales sanitarios, los servicios gratuitos se han convertido ahora, como mucho, en bendiciones a medias ya que los centros sanitarios se están quedando sin medicamentos, sin camas y sin fondos para los servicios esenciales.

Carine, de 16 años, dio a luz a su hijo, Hugo, por cesárea en el mayor hospital de Bujumbura, en abril de 2006, pero estuvo retenida en el hospital hasta finales de mayo por no poder pagar la factura que ascendía a unos 300 dólares americanos. Al igual que cientos de madres deudoras retenidas por la misma razón, Carine vivió en los pasillos del hospital mendigando dinero y comida a los visitantes hasta que finalmente quedó libre gracias a la presión popular. La mayoría de las madres deudoras eran niñas pobres menores de edad como Carine, que son sometidas a una cesárea porque sus pelvis no son suficientemente anchas o fuertes para un parto normal. Una cesárea cuesta entre 60 y 200 dólares americanos, lo que representa entre dos y seis veces los ingresos mensuales del trabajador gubernamental medio, pero la mayoría de la población es rural, pobre y dependiente de una agricultura de subsistencia.
 
Lamentablemente, muchas de las que ahora se benefician de los servicios de alumbramiento gratuitos considerarían a Carine afortunada por haber dado a luz de forma segura y con unas comodidades relativas antes de la declaración presidencial. Muchas embarazadas evitan los centros sanitarios rurales, que normalmente carecen de instalaciones para los alumbramientos, y se dirigen a los hospitales públicos de consulta en las capitales de provincia o en la capital de la nación, Bujumbura. En menos de un  mes, los hospitales estaban mandando de vuelta a cientos de embarazadas y madres lactantes desesperadas. Se acababan los medicamentos, los suministros médicos y los fondos, al igual que la paciencia de los trabajadores sanitarios explotados y mal pagados. Algunas embarazadas sufrieron un colapso a las puertas de los inundados hospitales públicos y cuatro fueron atendidas únicamente porque el Ministro de Comercio se las llevó a la Policlínica Central privada y pagó unos 900 dólares americanos para que las ingresaran.

“Se necesita urgentemente más personal que esté mejor cualificado y más motivado y suministros y equipamiento médico”, comenta la Oficial de Salud Materna y Neonatal de UNICEF, la Dra. Marie-Therese Baranyikwa.

UNICEF y sus socios tomaron la iniciativa de apoyar la iniciativa gubernamental y de coordinar una respuesta de emergencia. Han aumentado los suministros de medicamentos y de equipamiento para las maternidades, y han intensificado la formación de trabajadores sanitarios en las 10 provincias más vulnerables que acogen a los burundeses repatriados tras 12 años de guerra civil. También se han embarcado en una amplia campaña de movilización de recursos de donantes. No obstante, se necesitan muchos más recursos puesto que la situación en las provincias y en las áreas rurales puede ser más grave de lo que las autoridades no han tenido inconveniente en admitir.

En Burundi, normalmente se felicita a las madres que sobreviven al parto por “haber cruzado el abismo”. El país tiene uno de los mayores índices de mortalidad materna de África y del mundo. Las cifras del gobierno de 2002 indican que, de media, por cada 100.000 nacidos vivos 880 madres mueren durante el parto en los centros de salud y 1.030 en el caso de los hospitales públicos, aproximadamente 1 de cada 1.000.

Las causas subyacentes para unos índices de mortalidad materna tan altos han sido identificados como los cuatro “demasiado”: embarazos demasiado pronto, demasiado seguidos, demasiados y demasiado tardíos, pero el principal problema es que muy pocas mujeres reciban asistencia por parte del personal cualificado mientras son niñas trabajadoras. Este problema se debe normalmente a “tres retrasos”: 1) el retraso a la hora de decidir buscar tratamiento debido a que la embarazada, su familia o su comunidad no reconocen los signos de peligro, o a que carecen de recursos; 2) el retraso en llegar a un centro de salud debido a la distancia, la falta de transporte, los escasos sistemas de comunicación y de consulta; 3) el retraso en recibir los cuidados necesarios en centros sanitarios mal equipados y con personal inadecuado.

El Gobierno ha mostrado sus buenas intenciones empezando por la gratuidad de los servicios de alumbramiento y los cuidados sanitarios para los menores de cinco años, lo que supone un primer paso en su Mapa de Ruta para reducir la mortalidad neonatal y materna. También ha demostrado su sensibilidad ante los reclamos de la opinión pública al dejar libre a Carine y a otras detenidas simplemente por haber dado a luz a niños y niñas burundeses.

Para convertir las bendiciones a medias en verdaderas bendiciones, es necesaria, y con carácter de urgencia, mucha comprensión y ayuda internacional para estos niños y niñas, para sus madres y los valientes profesionales sanitarios que están en primera línea salvando vidas, muy lejos de los titulares en los medios de comunicación.

© UNICEF Burundi/2006

Carine, de 16 años con su hijo, Hugo. Una madre deudora que vivió en los pasillos del hospital hasta que fue finalmente liberada gracias a la presión pública.