Acción Humanitaria para la Infancia fomentar la capacidad de resistencia
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ASIA Y EL PACÍFICO reportaje sobre Pakistán

© UNICEF Pakistan/2010/Malik

Syeda Khatoon atiende a sus nietos en el campamento Mangoli del distrito de Nasirabad. Su hijo murió en las inundaciones y su nuera falleció al dar a luz a su sexto hijo. Los cinco acuden a los espacios acogedores para la infancia de UNICEF.

El asesoramiento y el juego devuelven la vida a los niños y niñas traumatizados en Beluchistán


Por A. Sami Malik

Beluchistán, Pakistán, 25 de octubre de 2010 -Syeda Khatoon, una abuela de unos 50 años, se enfrenta a dos experiencias terribles: recuperarse de la muerte de su hijo, Syed Ghulam, a causa de las inundaciones, y cuidar a sus seis nietos en el campamento de Mangoli. Su nuera murió en 2008 mientras daba a luz a su sexto hijo, dejando a la Sra. Khatoon con la crianza de sus nietos. Después de las inundaciones a gran escala que comenzaron en julio de 2010, se las arregló para escapar de su aldea natal cerca de Shikarpur, una de las ciudades más afectadas por las inundaciones de la provincia de Sindh, hasta Dera Murad Jamali, en Beluchistán.

 "Tuvimos que dejar nuestra casa durante la noche", dijo la Sra. Khatoon. "Pasamos dos noches en una carretera mientras yo le rogaba a la gente que me llevaran a un lugar más seguro. Nadie nos quería llevar, ya que todos estaban apurados, tratando de salvar sus propias vidas. Estábamos sin dinero y tuve que vender los pendientes de mi nieta para recaudar dinero y poder venir a este campamento".

La Sra. Khatoon finalmente llegó al campamento Mangoli en el distrito de Nasirabad en Beluchistán. Se sentía muy vulnerable como cabeza única de una familia. Muchas de las 418 familias en el campamento de Mangoli estaban encabezadas por mujeres, ya sea porque los hombres perecieron en las inundaciones o porque se habían ido a las grandes ciudades en busca de trabajo. La mayoría de las familias en el campamento llevaba allí más de dos meses. Quienes administran el campamento les alentaron a regresar a sus lugares de origen, pero muchos pueblos estaban aún anegados. Y una vez que regresaban a casa, las familias tenían que afrontar nuevas dificultades, ya que las inundaciones habían arrasado muchas casas y pertenencias.

Sin ninguna fuente de ingresos, la Sra. Khatoon depende completamente de los servicios del campamento. No está segura de lo que le deparará el futuro y está muy preocupada por el bienestar de sus nietos huérfanos.

Beluchistán es una de las cinco provincias del Pakistán. Es la más grande, pero tiene una baja densidad de población. Según la Autoridad Provincial de Gestión de Desastres de Beluchistán, las inundaciones afectaron 11 distritos de la provincia y afectaron las vidas de unas 700.000 personas, casi el 6% del total de la población afectada por las inundaciones en el Pakistán. Las escuelas, los centros de salud, la alimentación y la ganadería, las carreteras y puentes y otras infraestructuras sufrieron daños parciales o totales.

UNICEF, con la ayuda de una ONG aliada en la ejecución, la Sociedad de Empoderamiento de los Recursos Humanos, estableció 11 espacios para los niños en el campamento Mangoli. Estos lugares son refugios seguros para los niños y niñas, que pueden jugar y aprender por medio de actividades lúdicas y siempre hay un consejero disponible para ayudarles a superar su trauma. Los espacios acogedores para los niños de Mangoli forman parte de una red de 64 espacios fijos y 12 móviles que hay Beluchistán. Cerca de 6.000 niños se benefician de los servicios ofrecidos. También se han establecido comités de protección de la infancia para apoyar estos lugares en los campamentos para personas internamente desplazadas.

Asimismo, en el campamento se instalaron dos espacios acogedores para las mujeres destinados a proporcionar apoyo psicosocial e intimidad a las mujeres que amamantan. Más de 600 mujeres se han beneficiado de estos servicios.

"Todo lo que tenemos en este campamento es esta tienda de campaña", dijo Syeda Khatoon. "A veces ni siquiera llegan los alimentos a tiempo. Pero me hace feliz que cinco de mis nietos vayan al centro [el espacio acogedor para los niños]. Están aprendiendo a leer y escribir, y cuando vuelven, siguen hablando de ello. No entiendo nada de lo que dicen, pero sé que son más felices que antes".

Una de las nietas de la Sra. Khatoon, Naseeba, de 12 años, nunca había ido a la escuela antes de llegar a Mangoli. La exposición al entorno favorable a los niños y el aprendizaje a través de actividades lúdicas ha sido una revelación para ella. Naseeba muestra gran interés en todas las actividades y en el aprendizaje, así como en los juegos.

 "En este centro estudiamos", dijo Naseeba, "y hacemos todo lo que el Baji [maestro] nos dice que hagamos: leer, escribir o jugar. Luego volvemos a casa, comemos y volvemos al centro. Saltamos a la cuerda, jugamos al fútbol y a otros juegos. Me gustaría que cuando vuelva a casa haya un centro como éste donde pueda estudiar".

El apoyo psicosocial es un elemento muy sólido para normalizar de las vidas de las mujeres y los niños afectados por las inundaciones. UNICEF ayudó a la Sociedad de Empoderamiento de los Recursos Humanos a contratar a Arifa, una consejera psicosocial cualificada que se mueve entre los diversos espacios acogedores para los niños. Los niños han establecido con ella un fuerte vínculo.
 
"El temor de las inundaciones está todavía en sus cabezas", dijo Arifa. "Al animarles a jugar, ofreciéndoles una atención especial y hablando con ellos, tratamos de ayudarlos a superar ese miedo. Les ofrecemos asesoramiento, y como resultado poco a poco están superando el trauma y volviendo a llevar una vida normal. Estos niños están recuperando lentamente la sonrisa, la felicidad y la inocencia, que deben estar en el rostro de todos los niños".