Acción Humanitaria para la Infancia fomentar la capacidad de resistencia
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Fomentar la capacidad de resistencia, proteger a los niños: UNICEF en la acción humanitaria

© UNICEF/NYHQ2010-1797/McBride

Pakistán, 2010: Unos niños, desplazados por las inundaciones, asisten a un centro temporal de aprendizaje en un campamento que cuenta con el apoyo de UNICEF en Sukkur. Avisos y sistemas de actuación tempranos y la unión de respuestas mundiales, nacionales y locales son cruciales para mitigar el sufrimiento humano.

Un mundo cada vez más complejo y vulnerable

En 2010, una serie de desastres naturales de una magnitud sin precedentes causaron un sufrimiento incalculable a millones de niños, sus familias y sus comunidades. Los conflictos
y la inseguridad provocaron graves daños sobre las vidas y los espíritus. Los ejemplos de estos desastres son numerosos, e incluyen el terremoto en Haití, que destruyó su capital; las inundaciones en el Pakistán, que sumergieron una quinta parte del país; la sequía y el hambre en el Sahel; y el desplazamiento y la violencia en el Afganistán, la República Democrática del Congo y Somalia. Estas crisis humanitarias a gran escala, así como muchas situaciones de emergencia que recibieron menos atención, son una prueba de la vulnerabilidad actual de comunidades y países enteros a los peligros naturales y a los provocados por el ser humano. Los capítulos sobre los países que aparecen en Acción Humanitaria para la Infancia 2011 muestran las consecuencias de las emergencias humanitarias -algunas a corto plazo, muchas de ellas prolongadas- sobre la vida y la dignidad de los niños y las familias.

Una asistencia humanitaria amplia requiere una acción humanitaria de gran alcance, ejecutada con la mayor rapidez posible y con frecuencia de forma simultánea en diferentes partes del mundo. Al mismo tiempo que responde a las necesidades inmediatas, también es necesario que la acción humanitaria adopte un enfoque más preciso en torno a una obligación mayor, para abordar las vulnerabilidades subyacentes en caso de que se produzca o resurja un desastre, especialmente en un momento en que las amenazas se intensifican, se multiplican e interactúan de una forma compleja y a veces difícil de entender.

Hoy en día es frecuente que las comunidades que ya viven en situaciones precarias sufran una serie de problemas simultáneos o reiterados, tales como crisis políticas, epidemias de enfermedades, o la destrucción de las viviendas y los bienes de producción en una tormenta o una inundación. Sin el tiempo y los medios para recuperarse, y sin estructuras de seguridad a las que recurrir, muchas comunidades se tambalean de emergencia en emergencia en una espiral descendente que lleva al empobrecimiento y la desintegración social. Los países que se presentan en Acción Humanitaria para la Infancia 2011 hacen frente a riesgos cada vez mayores desde una posición ya existente de gran vulnerabilidad. Es significativo que los estados afectados por conflictos y los estados frágiles son los que se encuentran más retrasados en la consecución de los Objetivos de Desarrollo del Milenio, y que la guerra civil reiterada sea ahora la forma dominante de conflicto armado1.

La renovada crisis alimentaria que ha comenzado a desatarse en 2011 no es más que una de las diversas tendencias mundiales relacionadas entre sí que tendrán consecuencias de gran alcance para los más pobres del mundo. El cambio climático se ha convertido en una de las causas más poderosas de riesgo en forma de sucesos meteorológicos extremos y de fenómenos que actúan de manera más lenta, como la degradación de los recursos y la erosión de los territorios y los medios de subsistencia. Se teme que surjan nuevos problemas humanitarios a gran escala a medida que el agua y la seguridad alimentaria se deterioran, las inundaciones y las tormentas arrasan ciudades e infraestructuras esenciales, y las personas son víctimas del desplazamiento. Los niños y niñas, como siempre, estarán en el ojo del huracán2.

El resultado de estas tendencias es un aumento en el número de personas que necesitan asistencia humanitaria y de las poblaciones en riesgo, y este aumento requiere una capacidad de respuesta más sólida y más ágil. También significa que es preciso reestructurar el sistema de ayuda internacional para mejorar la gestión de las situaciones imprevistas y abordar las vulnerabilidades subyacentes. Si bien este es un objetivo fundamental del trabajo en favor del desarrollo, la acción humanitaria ocupa un lugar importante en la disminución de las dificultades y la preparación del terreno para una recuperación más firme y la gestión de riesgos en el futuro. En este contexto global de creciente complejidad y necesidades cada vez mayores, UNICEF, que responde a más de 200 situaciones de emergencia cada año, se ha comprometido a apoyar a los gobiernos y ayudar a la gente a establecer su propia capacidad de resistencia por medio de la acción humanitaria que se describe en este informe, así como mediante su programación ordinaria.

Comprender la capacidad de resistencia

Enraizado en materiales procedentes de la ciencia y la ecología, el concepto de capacidad de resistencia ha ido ganando fuerza en las labores de diversas disciplinas sociales. Si bien los matices varían, la capacidad de resistencia en general describe la capacidad de anticipar, resistir y recuperarse a los efectos de las presiones externas y las crisis -ya sean físicas, emocionales, económicas o relacionadas con desastres o conflictos- de una forma que evite una pérdida fundamental de identidad y permita mantener las funciones básicas3. Algunas interpretaciones destacan la idoneidad para cambiar de dirección, en lugar de resistir al cambio, como una característica definitoria de la capacidad de resistencia4; en este caso la adversidad puede convertirse en un catalizador para la transformación. Para la comunidad humanitaria, la visión común de la capacidad de resistencia que se ofrece a continuación puede ofrecer un prisma útil para examinar y abordar contextos de crisis cada vez más complejos.

En su forma más simple, la capacidad de resistencia puede conceptualizarse mejor como la capacidad de la infraestructura material clave para absorber los choques5. Por ejemplo, el desarrollo de tecnologías apropiadas de saneamiento para las zonas propensas a las inundaciones puede reducir el riesgo de enfermedades infecciosas como consecuencia de un desastre climático6. Pero el concepto es mucho más amplio que simplemente fortificar las estructuras y los sistemas. Ofrece un prisma para entender si los sistemas sociales y sus diferentes componentes -individuos, familias, escuelas, ciudades, estados, y el conjunto de estados que constituyen el sistema internacional- son eficaces para ejercer protección contra los riesgos y gestionar colectivamente las amenazas.

Los psicólogos del desarrollo, por ejemplo, tratan de usar la capacidad de resistencia como una forma de averiguar los rasgos, habilidades y circunstancias que llevan a algunos niños a rendir bien a pesar de haber sufrido una pobreza extrema o casos de violencia. Entre otros teóricos del desarrollo, la capacidad de resistencia se aplica a las comunidades, que se considera que poseen una fuerza y unos recursos procedentes de múltiples fuentes7, entre ellas el capital humano, material y social8. Estas fuentes pueden tener sus raíces en las tradiciones o se han desarrollado con el tiempo y se recurre a ellas durante las crisis para reducir y confrontar las pérdidas. A un nivel todavía mayor de organización social, la capacidad de resistencia también se ha utilizado como una característica de los estados, tal como en el análisis de la construcción del estado en situaciones frágiles y afectadas por conflictos que lleva a cabo el Grupo de Estados Frágiles de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos9. En este caso, la resistencia se contrasta con la fragilidad, que tiene sus raíces en los contratos sociales que son insuficientes o excluyentes e implica fallos en las funciones básicas del estado, incluida la incapacidad para proporcionar seguridad y servicios básicos.

La capacidad de resistencia es por lo tanto una característica de los diferentes niveles interconectados de la organización social y política. Los sistemas altamente resistentes presentan una exposición al riesgo y una capacidad de respuesta ampliamente distribuida entre los grupos10. Las desigualdades y la distribución desigual de las competencias y los recursos pueden socavar la capacidad de resistencia11. Si un desastre o una crisis superan la capacidad para hacer frente a los riesgos, se puede solicitar apoyo del "exterior" para preservar los valores esenciales (como la vida) y las funciones esenciales (tales como el abastecimiento de agua). En un desastre en que el estado no puede proporcionar una adecuada respuesta "exterior" a las comunidades afectadas, es posible solicitar la asistencia de la comunidad internacional. En estos casos, los enfoques que fomentan la capacidad de resistencia proporcionan no sólo una justificación sobre cuándo o por qué es necesaria la acción humanitaria, sino también una importante orientación sobre cómo debe llevarse a cabo.

Hay algunas dimensiones de la capacidad de resistencia, consideradas de forma general, que pueden servir para discernir la forma en que la comunidad humanitaria puede identificar puntos de entrada para apoyar mejor la capacidad de resistencia12. Estas dimensiones son:

Un reto clave sigue siendo cómo medir la capacidad de resistencia. Es un elemento difícil de cuantificar por varias razones, entre ellas la dificultad de medir situaciones que no se producen: la violencia armada que nunca sucede, el huracán que pasa sin causar daños a gran escala. Sin embargo, abundan los ejemplos sobre las consecuencias cuando no se logra fomentar la capacidad de resistencia: el resultado de la gobernanza deficiente, la mala planificación, la ruptura de los lazos sociales, las desigualdades graves o las medidas de emergencia que sustituyen las capacidades existentes en lugar de reforzarlas. En un contexto en el que el futuro presenta riesgos crecientes, el potencial transformador de la capacidad de resistencia asume una importancia cada vez mayor.

A pesar de los materiales escritos sobre la capacidad de resistencia, las contribuciones de la acción humanitaria a la capacidad de resistencia se han examinado en una medida relativamente menor. La propia comprensión de UNICEF de su acción humanitaria en el sistema humanitario más amplio sigue estando en proceso de evolución. La atención a la capacidad de resistencia puede promover una acción humanitaria que no sólo sea previsible, eficaz y oportuna, sino que también fortalezca la relación entre la programación humanitaria y del desarrollo, y de las capacidades de los actores locales y nacionales para gestionar una incertidumbre y un riesgo cada vez mayores.uncertainty and risk.

UNICEF, la acción humanitaria y la capacidad de resistencia

Siguiendo la orientación de la Convención sobre los Derechos del Niño, UNICEF reforzó en 2010 su política humanitaria básica para defender los derechos de los niños y las mujeres en situaciones de crisis. UNICEF reformuló sus Compromisos básicos para la infancia en situaciones de emergencia como Compromisos básicos para la infancia en la acción humanitaria, lo que refleja amplios cambios en la propia labor de UNICEF en estos contextos, así como el compromiso de la organización con la reforma humanitaria.

Los principales cambios incluyen la ampliación de los Compromisos para incluir la preparación antes del inicio de una crisis y la adopción de un enfoque de recuperación temprana durante la respuesta, con la reducción del riesgo de desastres integrado en todo el conjunto. Los Compromisos también cambiaron, y en lugar de centrarse en las actividades se orientan hacia resultados estratégicos más amplios que vinculan la acción humanitaria con el cumplimiento de los derechos de los niños y de la mujer en cada uno de los sectores del programa de UNICEF. También reflejan el reconocimiento de que alcanzar estos compromisos básicos requiere la contribución de una multitud de actores, incluidos los grupos temáticos.

Concebida de esta manera, la acción humanitaria de UNICEF ofrece una plataforma potencial para apoyar la capacidad de resistencia en los planos nacional y comunitario. Algunos ejemplos recientes ilustran cómo se ha manifestado esta cuestión en los países afectados por situaciones de emergencia.

En Madagascar, UNICEF apoyó un programa para capacitar y concienciar a los jefes de aldea, directores de escuela, directores de centros de salud, organizaciones basadas en la comunidad y los alcaldes sobre cuestiones como los principios y prácticas relativos al agua, el saneamiento y la higiene en la respuesta a las situaciones de emergencia. Se han establecido acuerdos de cooperación en prevención de emergencias con las organizaciones participantes para garantizar una respuesta oportuna y rápida en caso de un ciclón o una inundación. Estos esfuerzos son un ejemplo de cómo el compromiso de UNICEF para asegurar la participación de las poblaciones afectadas promueve la acción colectiva y la cohesión.

Los Compromisos revisados refuerzan también el vínculo entre la acción humanitaria y el desarrollo. Esta integración más sólida contribuye a la flexibilidad institucional de UNICEF, es decir, la agilidad con la que nuestros programas se adaptan a situaciones cambiantes. Además, la atención más precisa hacia la reducción del riesgo de desastres y el desarrollo de capacidades locales como estrategias explícitas contribuyen a la flexibilidad de las propias comunidades frente a conmociones múltiples, a lo largo de todo el ciclo más amplio de prevención, respuesta y recuperación. En Etiopía, UNICEF ha apoyado la reducción del riesgo de desastres por medio de un programa descentralizado de promoción de la salud dirigido por el gobierno, que se dedica a prestar servicios esenciales de salud y nutrición. Este programa ha tenido repercusiones considerables sobre las comunidades: los resultados muestran un aumento en la capacidad nacional para tratar la desnutrición aguda grave, de 135.000 casos por mes en 2009 a 200.000 casos por mes en 2010. Por medio del tratamiento de los niños que sufren desnutrición, ahora es posible identificar antes a quienes sufren desnutrición aguda y administrar los tratamientos que salvan vidas cerca de casa, contribuyendo así a reducir la vulnerabilidad de los niños.

Del mismo modo, comprender las realidades que ocurren sobre el terreno es esencial para lograr los Compromisos. Estar continuamente presente antes, durante y después de una emergencia, como lo está UNICEF, puede garantizar el seguimiento de la situación de los niños y las mujeres y un diseño apropiado de las intervenciones, apoyando el aprendizaje adaptativo por medio de la difusión y aplicación de nuevos enfoques y tecnologías. En las zonas afectadas por el ciclón de Myanmar, UNICEF ayudó a las autoridades locales en el uso de normas resistentes a los desastres para la construcción de centros de salud y escuelas para los niños. UNICEF continúa abogando por una adopción más amplia y gradual de estas normas en todo el país.

Nuestras asociaciones humanitarias con los gobiernos, las organizaciones no gubernamentales locales e internacionales (ONG), las comunidades, la sociedad civil y el sector privado -y desde los planos nacionales hasta los comunitarios- permiten a UNICEF aprovechar al máximo los diversos enfoques como un método destinado a lograr mejores resultados para los niños en la acción humanitaria, promoviendo así la diversidad. Por ejemplo, UNICEF colaboró con numerosas partes interesadas en una ciudad afectada por los conflictos, Marka, cerca de Mogadiscio, en un enfoque de asociación entre los sectores público y privado para la gestión del agua. Sobre la base de las capacidades de los actores locales, la ejecución del proyecto continuó incluso cuando Marka era un lugar inaccesible para el personal internacional de las Naciones Unidas.

El compromiso de UNICEF con los derechos de los más vulnerables nos obliga a trabajar mediante prácticas que den prioridad a la restauración de la autosuficiencia en las emergencias. Por ejemplo, en el Territorio Palestino Ocupado, UNICEF, en colaboración con las ONG y otros aliados, estableció servicios de protección de la infancia y psicosociales para fortalecer los mecanismos de supervivencia de más de 70.000 niños y 36.000 cuidadores en Gaza. Desde la crisis de 2009, UNICEF sigue combinando la prestación de apoyo psicosocial con un enfoque basado en la comunidad que se integra con las redes de protección de la infancia.

El sistema humanitario y la capacidad de resistencia

La comunidad humanitaria, para cumplir con sus atribuciones y obligaciones frente a una escalada de los riesgos, también debe poseer una capacidad de resistencia. La respuesta a desastres de gran escala en 2010, como los de Haití y el Pakistán, así como a otras emergencias de menor escala, ha demostrado la dedicación y la eficacia del sistema humanitario, pero también ha destacado las lagunas y deficiencias en un desempeño que ha sido sometido a un amplio y riguroso escrutinio13. Y como hemos visto, los desafíos serán cada vez mayores.

Como consecuencia, hay en marcha una intensa reflexión sobre qué tipo de reajustes son necesarios para el sistema humanitario sin comprometer los principios fundamentales y la eficiencia operativa. El Secretario General pidió recientemente que el sistema humanitario deje atrás un enfoque basado en "responder reaccionando a las crisis" y adopte un enfoque basado sobre todo en dar respuestas que tengan más presentes las necesidades y estén orientadas por la vulnerabilidad14. Algunos organismos han establecido enfoques explícitos sobre la capacidad de resistencia15, mientras que otros han pedido nada menos que un profundo cambio de paradigma en la manera en que responden a estas crecientes presiones16.

Desde sus orígenes, la comunidad humanitaria ha pasado por sucesivas fases centradas en el análisis, la autoevaluación, la reforma y la innovación en los esfuerzos para reforzar su eficacia y fiabilidad. A lo largo de los años ha habido un progreso constante. El proceso de reforma humanitaria, que se inició en 2005 bajo la influencia de la respuesta al tsunami en el Océano Índico, ha dado lugar a mejoras clave que pueden considerarse como una contribución a la capacidad de resistencia del sistema, aunque el debate no se enmarcara explícitamente en estos términos. Estas mejoras incluyen agrupar mecanismos de financiación para mejorar la flexibilidad; mecanismos de coordinación (grupos temáticos) que maximizan la acción colectiva de los diversos actores humanitarios; y herramientas de evaluación para comprender mejor el contexto. Las evaluaciones en tiempo real, incorporadas recientemente, mejoran el aprendizaje rápido y la adaptación.

Sin dejar de fortalecer la capacidad de respuesta, especialmente por medio del enfoque por grupos temáticos, la comunidad humanitaria también ha logrado importantes cambios más amplios para abordar mejor los entornos relacionados especialmente con los desastres causados por peligros naturales y los relacionados con los conflictos, así como la forma en que conflictos y desastres naturales interactúan entre ellos de una forma que aumenta los riesgos.

Trabajando de manera más estrecha con sus homólogos en el desarrollo para aplicar el Marco de Acción de Hyogo (2005), los actores humanitarios han integrado la reducción de riesgos de desastres en la preparación y respuesta ante las situaciones de emergencia por medio del enfoque de recuperación temprana. Esta inversión en la reducción del riesgo de desastres no sólo ayuda a abordar mejor la vulnerabilidad subyacente, sino también a mejorar la colaboración y participación de la comunidad17.

El Informe de 2009 del Secretario General sobre la consolidación de la paz en el período inmediatamente posterior a los conflictos convalidó las contribuciones de la comunidad humanitaria para atender las necesidades relacionadas con los contextos posteriores a un conflicto. El informe subraya que la comunidad humanitaria puede ofrecer pronto dividendos relacionados con la paz que son fundamentales para la gente cansada de la guerra, especialmente los repatriados, y que el enfoque de recuperación temprana puede establecer las bases para los esfuerzos posteriores de consolidación de la paz por medio de evaluaciones de la capacidad, la creación de sistemas de alerta temprana en sectores clave y el fomento de capacidades en espacios donde hay paz, siempre que sea posible18.

La comunidad humanitaria sigue tratando de mejorar en esferas fundamentales. Éstas incluyen el liderazgo global, la preparación, el fomento de las capacidades locales y nacionales y la participación de las comunidades locales, la evaluación de necesidades de recuperación temprana, y la rendición de cuentas a las poblaciones afectadas19. Estos esfuerzos se llevan a cabo en el contexto de un debate más amplio sobre el entorno propicio para la acción humanitaria, incluidas las políticas de financiación y recursos humanos, un entorno operativo cada vez más complejo, la función de los actores políticos y militares, la limitación en el acceso a las personas necesitadas, la reducción del espacio humanitario, y cuál es la mejor forma de participar en situaciones de emergencia crónicas y complejas hacia las que se destina el grueso de la financiación para la asistencia humanitaria.

Un sistema humanitario ágil con capacidades de respuesta amplias y de varias dimensiones será esencial para reducir la vulnerabilidad, salvar vidas y reducir al mínimo las pérdidas que causan los desastres. Esta agilidad es especialmente urgente en relación con el cambio climático. Según la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica, el año 2010 ha sido, junto al año 2005, el más caluroso registrado hasta ahora, y en todos los continentes se produjeron una serie de actividades climáticas extremas20. Los peligros relacionados con el clima están aumentando, y representan el 70% de todos los desastres actuales, en comparación con el 50% hace dos décadas21, y se cree que este tipo de crisis relacionadas con el clima afectarán a cientos de millones de personas anualmente en una fecha tan cercana como 201522. Una conjunción de factores sociales y económicos, tales como la urbanización no planificada y la degradación del medio ambiente, se han combinado para determinar las consecuencias de los desastres relacionados con el clima. Otras tendencias más amplias apuntan claramente hacia unas condiciones meteorológicas más extremas en el mundo para el futuro, que tendrán repercusiones desproporcionadamente adversas sobre los más pobres.

Es preciso abordar el alcance de este desafío mediante inversiones que gestionen los riesgos relacionados con el clima a fin de que poblaciones enteras se puedan beneficiar de las mismas. La reducción del riesgo de desastres, con la capacidad de resistencia de la comunidad como objetivo, se considera cada vez más como una estrategia clave para la adaptación al cambio climático. Es preciso redoblar los esfuerzos destinados a fomentar las capacidades locales de las comunidades donde hay una propensión a que ocurran desastres y de las comunidades afectadas por los desastres, a medida que el sistema humanitario en general se pertrecha también mejor para un futuro de mayor riesgo, incertidumbre y demanda.

El camino hacia adelante

Seis años después del tsunami del Océano Índico, que por la naturaleza de su escala y de su alcance puso en tela de juicio todos los aspectos de la respuesta humanitaria, la comunidad humanitaria se enfrenta a otro hito importante en su evolución. Hay un debate en marcha para analizar de nuevo el modelo actual de operaciones. Utilizar la capacidad de resistencia como principio rector puede ofrecer a la comunidad humanitaria un conocimiento útil sobre las esferas prioritarias que es preciso mejorar. Estas esferas son las siguientes:

Lograr avances en estos terrenos ayudará a fomentar un sistema humanitario predecible, oportuno y eficaz. Este progreso debe basarse en un mayor reconocimiento de la relación entre la programación para el desarrollo y humanitaria, y la importancia de apoyar a los actores locales y nacionales para que gestionen una incertidumbre y un riesgo cada vez mayores. De este modo, la comunidad humanitaria debe trabajar en favor de la capacidad de resistencia tanto del sistema humanitario como de los países y comunidades a las que nos hemos comprometido a servir.

Tendencias de la financiación en 2010 y la acción humanitaria prevista para 2011

En respuesta a las necesidades apremiantes de los niños y las mujeres vulnerables durante el año 2010, las necesidades de financiación de UNICEF para la acción humanitaria ascendieron a 1.700 millones de dólares. Esta solicitud se basa en las necesidades humanitarias que se indican en el Informe de Acción Humanitaria 2010 -que contó con 36 capítulos que abarcaban los requisitos en los planos nacional, regional y mundial23- y en siete Llamamientos urgentes y otros 13 llamamientos24. Hasta el 31 de octubre de 2010 se habían recibido 830,9 millones de dólares para todas las actividades humanitarias de UNICEF. Esto refleja un aumento del 45% de la financiación de la acción humanitaria con respecto a 2009 (572,4 millones de dólares hasta el 31 de octubre de 2009), debido principalmente a la movilización de recursos para responder al terremoto en Haití y las inundaciones en el Pakistán.

GRÁFICO 1.1: TENDENCIA EN LA FINANCIACIÓN DE EMERGENCIA 1998-2010*

Fuente: Oficina de Alianzas con el Sector Público y Movilización de Recursos de UNICEF

La financiación humanitaria recibida por UNICEF hasta el 31 de octubre de 2010 refleja un gran incremento con respecto a 2009 en términos absolutos (como se ve en el gráfico a continuación). Más de 406 millones de dólares, o un 49%, fueron aportaciones para las respuestas al terremoto de Haití y las inundaciones del Pakistán, y los 426,4 millones de dólares restantes dirigidos a otras operaciones de emergencia de UNICEF.

Del presupuesto solicitado en el Informe de Acción Humanitaria 2010 por un total de 1.150 millones de dólares, 447,9 millones de dólares -un 39%- se recibieron el 31 de octubre, el mismo nivel de financiación durante este período que en 200925. Del total de los requisitos solicitados en el Informe, los países y regiones con Procesos de llamamientos consolidados recibieron un 37% de financiación, una cifra inferior al 43% de 2009. Los Llamamientos urgentes, como promedio, recibieron un mayor nivel de financiación en 2010 que en 2009, sobre todo debido al Llamamiento urgente del terremoto de Haití. En 2010 se financiaron el 69% de las necesidades de los Llamamientos urgentes, frente al 47% en 2009. Sin embargo, si excluimos a Haití del conjunto de Llamamientos urgentes, el nivel de financiación promedio se reduce al 45%.

UNICEF agradece las generosas contribuciones de los donantes del sector público y privado en apoyo a los niños y las mujeres afectados por las crisis humanitarias en todo el mundo. La mayor proporción de la financiación humanitaria de UNICEF provino de los gobiernos donantes (40%), seguidos por los comités nacionales en pro del UNICEF (34%). Las fuentes de los fondos restantes incluyen los fondos fiduciarios de múltiples donantes, las organizaciones intergubernamentales y los fondos recaudados a través de las oficinas exteriores de UNICEF. A finales de octubre de 2010, el Fondo Rotatorio Central para Emergencias (CERF) siguió siendo la mayor fuente de financiación humanitaria, con una contribución total de 87,3 millones dólares26. El Fondo de los Estados Unidos en pro de UNICEF fue la segunda fuente más importante de la financiación humanitaria, al proporcionar 79,5 millones dólares, de los cuales casi el 88% fue para las operaciones de emergencia en Haití. Hasta el 31 de octubre de 2010, los 10 principales donantes de la financiación humanitaria (que aparecen en el gráfico a continuación) representaron aproximadamente el 63% de las contribuciones humanitarias recibidas por UNICEF para las operaciones de emergencia.

GRÁFICO 1.2: LAS 10 FUENTES PRINCIPALES DE FONDOS PARA LA ASISTENCIA HUMANITARIA, 2010*

Fuente: Oficina de Alianzas con el Sector Público y Movilización de Recursos de UNICEF

Del total de las contribuciones humanitarias de 830,9 millones de dólares recibidas hasta el 31 de octubre de 2010, 278,5 millones de dólares (33,5%) correspondían a contribuciones para fondos temáticos, que no se destinan a actividades específicas, lo que permite a UNICEF invertirlos en aquellos sectores donde más se necesitan los recursos. Esto representa un aumento significativo en comparación con la cifra de 2009 de 52,7 millones de dólares. Las contribuciones temáticas reducen los costos de transacción y simplifican la gestión de los presupuestos de los programas a nivel nacional, y UNICEF agradece la generosidad continua de los donantes que proporcionan la financiación temática.

UNICEF quisiera expresar especialmente su agradecimiento a los aliados de los comités nacionales, que han aportado más del 90% de los fondos temáticos recibidos hasta fines de octubre. El Fondo de los Estados Unidos en pro de UNICEF fue el principal donante para fondos temáticos, con una contribución de 72 millones de dólares, seguido por el Comité del Reino Unido en pro de UNICEF, el Comité de Alemania en pro de UNICEF, el Comité del Japón en pro de UNICEF y el Comité del Canadá en pro de UNICEF, como se aprecia en el gráfico que aparece abajo.

GRÁFICO 1.3: LOS CINCO DONANTES PRINCIPALES - FONDOS HUMANITARIOS TEMÁTICOS*

Fuente: Oficina de Alianzas con el Sector Público y Movilización de Recursos de UNICEF

Si bien el nivel de la financiación temática en 2010 es mucho más alto que el nivel de 2009, en un análisis de los destinatarios se destaca que, hasta la fecha en 2010, más del 90% de los fondos temáticos fueron proporcionados para la respuesta al terremoto de Haití y las inundaciones del Pakistán. Sólo 27,6 millones de dólares se destinaron a los demás países y regiones. UNICEF sigue instando a los donantes a que proporcionen financiación humanitaria flexible para todos los países, en particular a escala mundial. Además de los recursos ordinarios, los fondos temáticos mundiales son la estructura de financiación preferida de UNICEF. Sin embargo, de los fondos temáticos humanitarios recibidos en 2010, sólo 0,7% se proporcionaron como fondos mundiales temáticos humanitarios. La financiación temática mundial es la opción más eficaz, porque permite a UNICEF responder estratégicamente a las necesidades prioritarias de los niños en todo el mundo. Los fondos mundiales temáticos humanitarios permiten a UNICEF invertir eficientemente en nuevas iniciativas; cumplir sus compromisos con la reforma humanitaria, en particular sus responsabilidades en la coordinación de los grupos temáticos; dar prioridad a las crisis con financiación insuficiente; y fomentar la capacidad. Estas acciones ayudan a fortalecer el enfoque de la programación de UNICEF en resultados sostenibles para los niños.

El nivel de fondos recibidos determina la capacidad de UNICEF para ayudar a mejorar las perspectivas y la capacidad de resistencia de los niños y las mujeres afectados a veces por diversas crisis.

En el Yemen, con un nivel de financiación del 66% de la cantidad solicitada a finales de octubre, UNICEF, en conjunción con sus aliados, ofreció tratamiento a más de 11.000 niños contra la desnutrición en 32 sitios de tratamiento ambulatorio; proporcionó acceso al agua potable a más de 46.000 adultos y niños internamente desplazados en las provincias del norte y 5.000 personas de las comunidades de acogida; ofreció oportunidades de educación a 125.000 niños en las provincias afectadas por los conflictos; y proporcionó apoyo psicosocial a 3.500 niños vulnerables que hacen frente a traumas asociados con el conflicto y el desplazamiento.

En Somalia, donde el 27% de la población requiere asistencia humanitaria, la financiación permitió a UNICEF proporcionar un conjunto básico de servicios de salud y nutrición que salvan vidas a 1,5 millones de niños menores de 5 años y a 1,3 millones de mujeres en edad de procrear. Se proporcionó acceso al agua potable a 1,2 millones de personas en las zonas afectadas por las situaciones de emergencia, y se matriculó en la escuela a más de 92.000 niños afectados por situaciones de emergencia.

En Tayikistán, un país afectado por un terremoto, inundaciones y un brote de poliomielitis en 2010, se había recibido sólo el 3% de las necesidades de financiación a partir de octubre de 2010. A pesar de este déficit, UNICEF, en estrecha colaboración con la Organización Mundial de la Salud y el Gobierno de Tayikistán, pudo responder a un brote de poliomielitis importante por medio de la puesta en marcha de una campaña rápida y completa contra la poliomielitis que logró contener el virus. UNICEF, mediante un desvío de fondos de otras fuentes, respondió también a la población afectada por las inundaciones en el distrito de Kulob, donde unas 2.000 personas se beneficiaron de una campaña de higiene de emergencia. Aproximadamente 300 familias recibieron recipientes de agua, conjuntos de higiene, jabón y tabletas de depuración del agua. Más de 1.000 profesores de 510 escuelas en los 20 distritos donde hay más posibilidades de que ocurran desastres recibieron capacitación en medidas eficaces y simples de reducción del riesgo de desastres. Se prestó apoyo psicosocial a unos 750 niños y 560 adultos después del terremoto que sacudió el distrito de Vanj.

Con unos niveles de financiación más elevados se podría haber logrado mucho más en estos países, así como en otros países afectados por situaciones de crisis que aparecen en el Informe de Acción Humanitaria de 2010.

Necesidades de financiación de UNICEF para la acción humanitaria en 2011

En 2011 se necesitan 1.400 millones dólares para apoyar la acción humanitaria de UNICEF en 32 países y territorios27. En comparación con el llamamiento de 2010, que se inició en febrero de 2010, este requisito es un 21% más elevado, y la mayor parte de las necesidades de financiación corresponden al Pakistán y Haití, que requieren 296 millones de dólares y 157 millones de dólares, respectivamente. Como se muestra en el Gráfico 1.4, las necesidades de financiación para las emergencias en Asia y el Pacífico han aumentado considerablemente y representan la región con la solicitud de financiación más elevada: 373 millones de dólares. Del total de la financiación destinada a Asia, el 80% se necesita para prestar asistencia a los niños y las mujeres del Pakistán afectados por las inundaciones y los conflictos.

GRÁFICO 1.4: ESTIMACIÓN DE LAS NECESIDADES DE FINANCIACIÓN DE EMERGENCIA POR REGIÓN, 2010 Y 2011

Fuente: Oficina de Programas de Emergencia de UNICEF, finales de 2010

Los requisitos para América Latina y el Caribe se han multiplicado por ocho, principalmente como resultado de situaciones de emergencia en Haití y el llamamiento de Guatemala. A pesar de que condiciones tan precarias como las de Colombia también requieren una respuesta a mayor escala, el aumento está vinculado a la promoción de la preparación de toda la región, así como el apoyo a las emergencias de una escala menor. Las necesidades regionales de 2010 para Europa Central y Oriental y la Comunidad de Estados Independientes (ECE/CEI) también han aumentado con la inclusión de la apelación de Kirguistán, así como las crecientes necesidades en Tayikistán.

Los requisitos para África oriental y meridional se han reducido considerablemente, sobre todo en países como Burundi, Eritrea y Uganda. Aunque se mantienen las necesidades de financiación para la preparación después del referéndum del Sudán, las solicitudes en general para África occidental y central y el Oriente Medio y África del Norte también se han reducido.

La capacidad de UNICEF para llevar a cabo la asistencia humanitaria depende enteramente de la financiación de los donantes. UNICEF agradece la firme respuesta de los donantes durante el año 2010 e invita a sus donantes a mantener o aumentar sus compromisos para fomentar la capacidad de resistencia.

1 Barbara Walter, 'Barbara Walter, Conflict Relapse and the Sustainability of Post-Conflict Peace, Input Paper, WDR 2011
2 DARA, Climate Vulnerability Monitor 2010 - the State of the Climate Crisis, <http://daraint.org/wp-content/uploads/2010/ 12/CVM_Complete.pdf>, consultado el 25 de enero de 2011. 
3 Almedom, Astier M. y James K. Tumwine, 'Resilience to Disasters: A paradigm shift from vulnerability to strength', African Health Sciences, vol. 8 Special Issue, diciembre de 2008, pág. 1. 
4 Pelling, Mark, Adaptation to Climate Change: From resilience to transformation, Routledge, Nueva York, 2011, pág. 44. 
5 Institute for National Security and Counterterrorism, Project on Resilience and Security, Workshop Report: 'Resilience in Post-Conflict Reconstruction and Natural Disasters', Syracuse University, March 9, 2009, http://insct.syr.edu/uploadedFiles/insct/uploadedfiles/PDFs/INSCT%20Workshop%20Report_Resilience%20and%20Security.pdf, consultado el 25 de enero de 2011. 
6 OMS, Oficina Regional para Asia Meridional, Community Resilience in Disasters: How the Primary Health Care approach made a difference in recent emergencies in the WHO South-East Asia Region, 2010 <http://www.searo.who.int/LinkFiles/EHA_CRD.pdf>, consultado el 25 de enero de 2011. 
7 Kirmayer, Laurance J., et al., 'Community Resilience: Models, metaphors and measures', Journal de la santé autochtone, noviembre de 2009, <http://www.naho.ca/jah/english/jah05_01/V5_I1_Community_04.pdf>, consultado el 25 de enero de 2011. 
8 Informe mundial sobre desastres 2004 - La capacidad de resistencia de las comunidades, Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja.
9 'Concepts and Dilemmas of Statebuilding in Fragile States: From fragility to resilience', documento de debate de la OCDE/CAD, marzo de 2008. 
10 Evans, Alex y David Steven, 'The Resilience Doctrine', published online in the World Politics Review, 7 July 2009, <http://www.globaldashboard.org/wp-content/uploads/2009/The_Resilience_Doctrine.pdf>, consultado el 25 de enero de 2011. 
11 Steward, Frances, 'Horizontal Inequalities as a Cause of Conflict: A review of CRISE findings', documento de aportes para el Informe sobre el desarrollo mundial 2011 del Banco Mundial, agosto de 2010.  
12 Véase e.g. STEPS Centre, Reframing Resilience, STEPS Briefing 13, <http://www.steps-centre.org/PDFs/STEPSsumResilience.pdf>, consultado el 25 de enero de 2011. 
13 DARA, Haiti One Year On, <http://daraint.org/haiti-one-year-on>, consultado el 12 de enero de 2010. 
14 Informe del Secretario General sobre Cooperación internacional para la asistencia humanitaria en los casos de desastre natural, desde el socorro hasta el desarrollo, A/65/3568, septiembre de 2010, pág. 2.
15 Informe mundial sobre desastres 2004 - La capacidad de resistencia de las comunidades, Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja.. 
16 Omamo, Steven, Ugo Gentilini y Susannah Sandstrom, 'Innovations in Food Assistance: Issues, lessons and implications', en From Food Aid to Food Assistance, Programa Mundial de Alimentos (2010), pág. 2. 
17 Ibid., p. 31. 
18 Informe del Secretario General sobre la marcha de la consolidación de la paz inmediatamente después de los conflictos, junio de 2009, págs. 10, 15. 
19 The State of the Humanitarian System, ALNAP, ALNAP, enero de 2010, págs. 9, 35. 
20 Administración Nacional del Océano y la Atmósfera, 2010 Tied for Warmest Year on Record, 12 de enero, 2011, <www.noaanews.noaa.gov/stories2011/20110112_globalstats.html>, consultado el 25 de enero de 2011.   
21 CHA (2009), using EM-DAT. Climate Change: Coping with the humanitarian impact. Presentación de la campaña en PowerPoint. Diapositiva 12, <http://ochaonline.un.org/ochahome/InFocus/ClimateChangeHumanitarianImpact/tabid/5930/language/en-US/Default.aspx>, consultado el 25 de enero de 2011.
22 Ganeshan, Shamanthy y Wayne Diamond, (2009), Forecasting the numbers of people affected annually by natural disasters up to 2015. Oxfam GB. 
23 El Informe de 2010 incluye 16 países y regiones que formaron parte de un Proceso de Llamamientos Consolidados.
24 Otros llamamientos incluyen documentos sobre "Necesidades inmediatas" y llamamientos institucionales (excepto los Procesos de Llamamientos Consolidados y los Llamamientos urgentes).
25 Todas las peticiones de financiación realizadas por medio del Informe de Acción Humanitaria 2010 se refieren a cifras actualizadas en el examen de mediados de año..  
26 Un total de 45,8 millones de dólares provinieron de la ventana de respuesta rápida y 41,5 millones de dólares de la ventana de fondos insuficientes.
27 En el Informe de Acción Humanitaria 2010 se incluyeron 28 llamamientos. El Congo se incluyó mediante el examen de mediados de años del Informe. Los nuevos países incluidos en 2011 son Burkina Faso, Camerún, Djibouti, Guatemala y Kirguistán. El resto de las necesidades de financiación para Guinea y Mauritania, con sus propios llamamientos en 2010, se han incluido en el capítulo regional de África occidental y central para 2011. A diferencia de lo que ocurrió en 2010, las oficinas de UNICEF en Guinea, Mauritania y Nepal no han incluido un llamamiento en la publicación Acción Humanitaria para la Infancia 2011.