Acción Humanitaria para la Infancia fomentar la capacidad de resistencia
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AMÉRICA LATINA Y EL CARIBE Reportaje sobre Haití

© UNICEF Haiti/2010/Monier

Nueve meses después del terremoto acaecido el 12 de enero, Elisabeth y su hermana Naldy, de 16 y 19 años respectivamente, todavía duermen en una pequeña tienda de campaña con su madre y su hermano en el centro de Puerto Príncipe, rodeados de cascotes.

"Esta vida llena de polvo": Después de terremoto en Haití

Por Benjamin Steinlechner


Puerto Príncipe, octubre de 2010 - Nueve meses después del terremoto, Elisabeth, de 16 años, duerme en una tienda de campaña con su madre, su hermana y su hermano, en el centro de Puerto Príncipe.

Sentada en los escalones bajo el marco de la puerta de lo que había sido la modesta casa de su familia de clase media, Elisabeth mira con desconfianza el techo que hay encima de ella. Todavía no se ha derrumbado, pero parece estar a punto de hacerlo.

"El terremoto ha cambiado mi vida", dijo. Tratando de traducir en palabras sus sentimientos, Elisabeth revive los acontecimientos del 12 de enero mientras habla: "Me emociono fácilmente por esto. No siempre me siento bien. Siempre tengo miedo de que esto pueda suceder de nuevo". Elisabeth mira nerviosamente a través de la calle donde los pesados escombros de una casa caída enterraron a otra familia.

 "Antes del terremoto, teníamos todo lo que queríamos", continuó. "Desde el terremoto, no podemos pedir a mi madre nada demasiado caro porque no tiene los medios. antes del terremoto estábamos mucho más cerca los unos de los otros. Ahora somos más individualistas, porque cada uno de nosotros tiene problemas. Antes estábamos muy contentos, ahora es un poco difícil ser feliz con esta vida llena de polvo. . . es muy difícil". Entonces deja de hablar y mira para otro lado.

La vida de los niños, niñas y adolescentes en Haití era ya extremadamente difícil incluso antes del terremoto. Casi el 50% de los jóvenes con edad de trabajar carecía de trabajo; la mayoría de de los jóvenes de 20 años ni siquiera había terminado la escuela secundaria. La falta de servicios de salud, educación, información y asesoramiento a las familias ha afectado negativamente la salud de los jóvenes. En algunas zonas, casi el 45% de las niñas habían tenido un hijo antes de los 20 años. La violencia era, para muchos, una parte de la vida cotidiana; y las niñas hacían frente a un alto riesgo de abuso sexual.

Antes del terremoto, sin embargo, el Gobierno de Haití había mostrado un compromiso cada vez mayor para dar prioridad a los niños y jóvenes, que participaban en un movimiento para transformar su país. Pero el desastre complicó enormemente la difícil tarea de asegurar el bienestar de los ciudadanos más jóvenes de Haití.

"No puedo ser como era antes, porque la vida no está hecha para que sea así. No veo ningún futuro", dijo Elisabeth. "Es muy difícil pensar en mi futuro. Mi madre necesita dinero para poder ayudarnos... Ya no tenemos más a nuestro padre, por lo que nuestra madre es nuestra madre y también nuestro padre".

Elisabeth ayuda a su madre haciendo la colada, lavando los platos y atendiendo a otras tareas del hogar. "No quiero ver a mi madre sufrir", dijo. "No me gusta".

"Para mi futuro quisiera ser muy honesta y ayudar a aquellos que no tienen nada. Paso tanto tiempo con mi mamá sin tener nada y quiero ayudar a los demás para que no tengan que pasar por lo mismo".

A Elisabeth le gustaría ir a la escuela de nuevo. "¡Me gusta mi escuela mucho, mucho, mucho! Es la única esperanza que tengo". Pero no es seguro que el poco dinero que tiene la familia le permita terminar este año escolar.

Los jóvenes como Elisabeth han hecho oír su voz después del terremoto en una serie de debates de grupos seleccionados en Puerto Príncipe, seguidos por miniforos para jóvenes organizados por UNICEF junto con el Ministerio de Juventud, Deportes y Acción Cívica y sus aliados en el Movimiento Mundial en favor de la Infancia y el sistema de las Naciones Unidas, en particular con el FNUAP, la UNESCO y la Misión de Estabilización de las Naciones Unidas en Haití (MINUSTAH).

Las consultas regionales se llevaron a cabo con los jóvenes en todo el país, y reunieron a más de 100 representantes de la juventud local, con especial atención a los más vulnerables, incluidos los que viven en las calles o sin cuidado de la familia, los restavek (niños entregados por sus familias a la servidumbre doméstica) y los niños con discapacidad. Las consultas de tres días impartieron capacitación sobre los derechos del niño y ofrecieron talleres multimedia, dirigidos por jóvenes, destinados a empoderar a los asistentes para que hablen de sus experiencias y expresen sus opiniones.

El propósito de estos miniforos era garantizar que las voces de los niños haitianos se reflejen en la agenda política de Haití y que las partes interesadas a todos los niveles se mantengan centradas en los intereses de los niños y den la mayor prioridad a los niños y niñas en sus esfuerzos.

Un año después del terremoto, Elisabeth se ha dado cuenta que pasarán muchos años antes de que la vida vuelva a la normalidad. Pero tiene esperanzas. Le gusta caminar con su hermana por el barrio justo antes del atardecer. El pedazo de pastel que las chicas suelen comprar en un pequeño quiosco que no está lejos de su hogar les ayuda a escapar de la realidad y del polvo, aunque sólo sea por unos momentos.