|
En un polvoriento campo ubicado detrás del Hospital Católico
de Liberia, se desarrolla un animado partido de fútbol. Varios
equipos de jóvenes, muchos de los cuales militaron en bandos
contrarios durante la guerra que dividió al país durante
siete años, disputan ahora un torneo de fútbol ardorosamente,
pero en paz..
 |
- |
| El club de fútboll
"León salvaje". |
|
Edwin, un delgado atleta de 15 años cuyas vigorosas piernas
parecen perderse en sus amplios pantalones cortos, perdió
a su padre y a su hermano menor durante la guerra. No teníamos
qué comer, cuenta. Mi padre y mi hermanito murieron
enfermos. Yo estaba muy triste.
Edwin juega ahora en el club de fútbol Wild Lion. Ha obtenido
una beca de futbolista que le permite asistir a una escuela secundaria
local, y la práctica deportiva representa para él
una importante válvula de escape emocional. El fútbol,
comenta, me hace feliz.
Todos los sábados por la mañana, varias decenas de
jóvenes se reúnen para participar en los programas
deportivos, teatrales o musicales que forman parte de los proyectos
de respaldo a los jóvenes afectados por la guerra, que reciben
fondos del UNICEF. Unos 6.000 jóvenes ya se han beneficiado
de estos programas, cuyo objetivo consiste en otorgar a los jóvenes
afectados por la guerra conocimientos para la vida, así como
los medios necesarios para sanar las innumerables lesiones emocionales
causadas por el conflicto.
Tras cada encuentro, esas lesiones cicatrizan un poco más.
En el equipo hay chicos de todas las tribus, cuenta
Claude, un futbolista de 16 años de edad. El fútbol
ayuda
No tenemos ningún problema. Una señal
de éxito de los programas es que ninguno de los jóvenes
que participan en los mismos se ha involucrado en los recientes
conflictos fronterizos, a pesar de que se llevaron a cabo labores
de reclutamiento en sus aldeas.
Y lo que resulta aun más importante es que la camaradería
que reina en los campos deportivos se refleja también en
el trato cotidiano entre los jóvenes. Al referirse a sus
compañeros de equipo, Claude afirma: Nuestras relaciones
no dependen de nuestras tribus. Todos somos uno.
|