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Cuando la oscuridad desciende sobre Kibera, un tugurio de Nairobi, la capital de Kenia, dos grupos de muchachos luchan por la victoria en un polvoriento campo de fútbol sin áreas ni líneas de banda. Oscurece tan rápidamente que el arquero de 15 años, Kennedy Arinda, tiene que entrecerrar los ojos en la penumbra para proteger su portería, que consta de dos ramas clavadas en el suelo. El resultado es de 1-1, pero a pesar de las sombras, ninguno de los jóvenes futbolistas quiere dejar de jugar hasta que no hayan anotado el gol de la victoria.

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Kennedy Arinda

Cuando el árbitro pita finalmente el final del encuentro, los muchachos exhaustos se quejan al unísono y se dirigen hacia las bandas. Ahora que ha terminado la diversión, Arinda y sus ayudantes del Kibera Community Self Help Programme (KICOSHEP), una organización no gubernamental local que recibe asistencia del UNICEF, reúnen a todos los jugadores para hablar seriamente acerca de las chicas, las relaciones, el sexo y el SIDA. KICOSHEP, además de prestar asistencia a unos 500 niños de Kenia que han quedado huérfanos a causa del SIDA, ayuda a jóvenes voluntarios como Arinda en sus actividades para concienciar a la juventud sobre la propagación y la prevención del VIH, el virus que causa el SIDA.

La charla de esta noche es sobre el sexo sin riesgo. Para Kennedy Arinda, es algo que tiene mucho que ver con su propia vida.

El padre de Arinda murió de SIDA de 1995, y su madre un año más tarde. Después de un mes sobreviviendo por su cuenta, Arinda y sus cuatro hermanos se mudaron con su abuela materna, Diana Vugutsa, de 62 años, que ha perdido a cuatro hijas a causa del SIDA y ahora recibe asistencia financiera de KICOSHEP para poder cuidar a sus 13 nietos huér-fanos. Todos ellos viven juntos en una choza de barro que mide 10 pies por 10 pies.

“El mayor problema es la ignorancia”, dice el joven. “Si pudiéramos reunirles a todos como ahora para enseñarles sobre el VIH y el SIDA, cabría la posibilidad de que se salvaran. Algunos nos escuchan. Otros no lo hacen y un día tal vez se arrepientan”.


Valor para cambiar

Una quinta parte de los aproximadamente 2,2 millones de habitantes de Kenia con VIH viven en Kibera, donde hay por lo menos 50.000 niños huérfanos a causa del SIDA. “Estoy muy preocupado por mis amigos”, dice Arinda. “Muchos de ellos tienen dos o tres novias al mismo tiempo. Resulta tan fácil contagiarse”.

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  Kennedy habla de los problemas causados por el VIH/SIDA con otros jugadores.

En Kibera, los jóvenes por lo general no han acudido a la escuela y sufren la influencia de una cultura altamente promiscua. “Los muchachos comienzan a practicar el sexo incluso desde los 10 años de edad”, explica el joven asesor. Educar a los muchachos y a los jóvenes sobre el VIH y el SIDA representa uno de los mayores problemas hoy en día en Africa, donde vive el 70% de las personas con VIH en el mundo. Pero los activistas como Arinda, a pesar de que tienen que escuchar burlas por quebrar las normas, comienzan lentamente a hacer progresos entre sus compañeros.

Después de haberles agotado en el campo de fútbol, el equipo de KICOSHEP somete a los muchachos a un diálogo franco sobre la salud sexual. Hay risas y muchos alardes. Algunos de los muchachos se burlan de Arinda por abstenerse de practicar el sexo premarital, pero sin embargo permanecen el suficiente tiempo sentados como para escuchar el mensaje.

Además de organizar estos partidos de fútbol, Arinda y otros voluntarios de KICOSHEP cantan canciones con mensajes sobre el SIDA. No resulta difícil conseguir un público. Hay muy poco que hacer en el tugurio y la mayoría de los adultos carece de empleo.

Pero son los niños que se encuentran entre el público quienes resultan más valiosos para Arinda y su grupo. Debido a que solamente alrededor de la mitad de los niños que viven aquí reciben algún tipo de enseñanza oficial, estas populares actuaciones callejeras ofrecen una información vital para interrumpir la propagación del SIDA.

Al caer la noche, los jóvenes jugadores de fútbol se encaminan hacia sus casas a través de las calles atestadas de gente. El aire está lleno de sonidos de música disco mientras oleadas de hombres se dirigen a los bares improvisados para beber cerveza casera barata y conversar con las prostitutas. El alcohol y los encuentros sexuales van de la mano. Pero Arinda y sus compañeros de KICOSHEP están preparados para librar otra batalla y conseguir la victoria. Esta vez, el escenario no es el campo de fútbol, sino las calles de Kibera y el objetivo es salvar vidas.

 

 
© UNICEF / Photo taken from the TV spot  The power of football  by Leonardo Ricagni
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Durante los 90 minutos que dura un partido de fútbol 375 jóvenes con edades de 15 a 24 años contraerán el VIH.