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Yidnekachew tiene 20 años y siente pasión por
el fútbol. Aunque terminó sus estudios secundarios
hace más de un año, sus calificaciones en los exámenes
finales nacionales no fueron lo suficientemente buenas como para
que pudiera ingresar en una universidad o facultad pública.
Mientras espera una oportunidad para recibir capacitación
laboral que le permita conquistar su sueño de ser ingeniero
civil y construir caminos en Etiopía, se dedica al fútbol
en calidad de entrenador de un grupo de adolescentes de su vecindario.
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Estoy loco por el fútbol, afirma Yidnekachew.
Cuando terminé la escuela secundaria no tenía
nada qué hacer. En mi vecindario había un grupo de
jóvenes que se reunía periódicamente a jugar
al fútbol en la calle. Un día les pregunté
si deseaba que fuera su entrenador, y estuvieron de acuerdo.
Ese fue el humilde origen de un club de fútbol que desempeña
una misión sumamente importante.
El fútbol es una de las diversas estrategias que emplea
la Asociación Tabor Wegagen para la lucha contra el SIDA,
una agrupación de jóvenes de Awassa, la capital de
la Región de las Naciones, Nacionalidades y Pueblos Meridionales
de Etiopía, cuya misión consiste en brindar a los
jóvenes información para la prevención de la
propagación del VIH. Esa asociación también
ha organizado un pequeño circo y una compañía
teatral.
La participación de los jóvenes en el club de fútbol
los mantiene ocupados e impide que estén ociosos en las calles
de Awassa. También los mantiene alejados de situaciones en
las que están expuestos a la tentación de adoptar
hábitos perjudiciales, entre ellos el consumo de bebidas
alcohólicas, el chat, y otras sustancias adictivas, que pueden
conducir a las prácticas sexuales peligrosas y al contagio
con el virus del VIH/SIDA. Las competiciones entre los diversos
clubes también son fuente de sano esparcimiento para los
cientos de adolescentes que acuden a los encuentros.
La asociación aprovecha que los partidos de fútbol
atraen a esa concurrencia para difundir entre los aficionados mensajes
de educación sobre el VIH/SIDA. Además de ello, los
jugadores reciben capacitación de la asociación para
educar a sus pares, ya que los jóvenes se comunican de manera
más eficaz que los adultos con otros jóvenes, y los
convencen con más facilidad de que adopten comportamientos
seguros. En ese sentido, resultan especialmente eficaces e influyentes
los atletas, que suelen ocupar los peldaños más elevados
de la escala social de los adolescentes.
El servicio que prestan estos jóvenes resulta de particular
importancia si se tiene en cuenta que ellos y sus pares constituyen
un grupo fundamental para las actividades de prevención y
lucha contra el VIH/SIDA. Esos jóvenes se encuentran en una
etapa de sus existencias en las que están a punto de iniciar
su vida sexual, pero en la que aún se les puede influenciar
para que adopten normas de vida saludables.
Estos jóvenes, que tienen por delante un número
limitado de oportunidades de recibir educación superior y
de obtener empleo, y que son testigos de la pobreza y las dificultades
económicas del mundo que les rodea, tienen bastantes motivos
para sentirse inseguros acerca de su futuro, afirma el Representante
del UNICEF, Sr. Ibrahim Jabr. Por lo tanto, para que las actividades
de prevención del VIH/SIDA tengan éxito, resulta fundamental
que los jóvenes tengan conciencia de su valor y que tengan
autoestima. Cuando una persona siente que su vida tiene valor y
sentido, le resulta mucho más fácil enmendar o corregir
hábitos que pueden poner esa vida valiosa en peligro.
Este es el enfoque que emplea el UNICEF en su programa de prevención
del VIH/SIDA entre los jóvenes, y esa es la razón
por la cuál es lógico que el programa se desarrolle
en las canchas de fútbol.
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