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El Mundial de Fútbol de 2002 en el Japón
y en la República de Corea estaba dedicado a los niños
y las niñas del mundo, la primera vez que este acontecimiento
sirvió para promover una causa humanitaria.
Es difícil preservar la propia infancia
en un mundo como el nuestro, asolado por los conflictos armados,
la pobreza y el VIH/SIDA. Sin embargo, el UNICEF y la FIFA creen
que el fútbol puede ayudar a rescatar esa parte de la infancia
que incluye el derecho a jugar. Y cuando los niños se reúnen
para jugar fútbol (o calcio, o soccer) en los poblados y
en las grandes ciudades, en los países ricos y los países
pobres, comparten una pasión que sirve como lazo de unión
entre todos los habitantes del mundo.
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