Las minas tienen formas, tamaños y colores diferentes. Pueden estar ocultas debajo de la tierra o entre la hierba, los árboles o en el agua. Las minas oxidadas que han sufrido los efectos del clima pueden resultar difíciles de reconocer, pero siguen siendo muy peligrosas.
Las minas terrestres no son visibles por lo general. Es preciso ejercer una cautela especial cerca de las zonas donde se realizan actividades militares o en lugares abandonados o donde la vegetación crece de forma salvaje. Las zonas donde hay minas pueden estar marcadas con el dibujo de una calavera con dos huesos cruzados, palos en forma de cruz o hierba anudada. Nadie debe penetrar en estas zonas marcadas.
Nunca se deben tocar las minas ni las municiones que no han explotado. Muchas de estas armas deberían haber estallado cuando tocaron tierra por primera vez, pero a veces su mecanismo de detonación no funciona. Todavía resultan extremadamente peligrosas. La quema de los campos no servirá para detonar todas las minas terrestres ni para eliminar los peligros de la zona.
Algunas minas estallan como resultado de la presión de un peso, otras por medio de un cable del que se tira o con el que una persona puede tropezarse, otras simplemente tocándolas o moviéndolas. Nadie debe pisar nunca un alambre de detonación, ya que es muy posible que a su alrededor haya una mina enterrada. Allí donde hay una mina es muy posible que haya otras. Cualquier persona que vea una mina debe detenerse y darse la vuelta siguiendo sus propios pasos, o quedarse quieto y pedir ayuda.
Una remoción de minas realizada por profesionales es la mejor solución para garantizar la seguridad de la zona.
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