Es esencial para el crecimiento y el desarrollo del niño que reciba pequeñas cantidades de yodo. Si el niño no recibe yodo en cantidad suficiente, o si su madre padece carencia de yodo durante el embarazo, hay grandes posibilidades de que el niño nazca con una discapacidad mental, auditiva o del habla, o que sufra un retraso en el desarrollo físico o mental.
El bocio, una inflamación del cuello, es uno de los síntomas de la carencia de yodo en el régimen alimentario. Una mujer embarazada con bocio corre un grave riesgo de sufrir un aborto natural, tener un hijo que nazca muerto o de dar a luz un niño con una lesión cerebral.
El empleo de la sal yodada en lugar de la sal ordinaria proporciona a las mujeres embarazadas y a los niños todo el yodo que necesitan. Si no hay sal yodada disponible, las mujeres y los niños deberían recibir suplementos de yodo de un agente de la salud.
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