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Las situaciones de desastre o emergencia

Información complementaria

Mensaje fundamental 4:

La violencia en el hogar, la guerra y otros desastres pueden asustar e irritar a los niños. Cuando ocurren este tipo de sucesos, los niños necesitan una atención especial y afecto, y es preciso darles la oportunidad de expresar sus sentimientos y de describir sus experiencias de una forma apropiada para su edad.

Cuando pierden de vista a personas, lugares o cosas conocidos, o se ven amenazados, y cuando los adultos se encuentran tan irritados y distraídos que no pueden prestarles atención, los niños se sienten asustados y olvidados.

En las situaciones de crisis y de emergencia puede ocurrir que los progenitores tengan dificultades para ofrecer a sus hijos afecto y seguridad.

Es normal que los niños reaccionen con estrés o con un comportamiento problemático después de una experiencia de terror, dolor o violencia. Algunos niños se retraen; otros se muestran más agresivos. Algunos niños parece que se enfrentan bien a la situación, incluso cuando aún no han confrontado sus temores. Los niños podrían “acostumbrarse” a una violencia a largo plazo, pero esta situación sigue causándoles daño.

Si los niños reciben ayuda para comprender sus sentimientos, suelen mostrarse aún más irritados.

  • Las prácticas habituales –ir al escuela, mantener un horario regular para comer y dormir– ofrecen a los niños un sentimiento de seguridad y de continuidad.
  • Las actividades que les permiten disfrutar ayudan a los niños a confrontar la tensión. Es preciso crear oportunidades para que los niños practiquen juegos sin violencia, deportes y otras formas de recreación. La organización de zonas seguras de recreación en los campamentos de refugiado o en los asentamientos alienta la comunicación y las relaciones mutuas entre los niños de la misma edad. Pintar o jugar con juguetes o marionetas puede ayudar a los niños a expresar sus sentimientos y a ajustarse a situaciones de tensión. La representación de este tipo de situaciones por medio del juego es muy frecuente y sirve de gran ayuda a los niños más pequeños. Es la manera que tiene el niño de dominar las consecuencias de lo que ha ocurrido.
  • Es preciso alentar a los niños a que hablen sobre lo que les preocupa. Hay que animarles para que se expresen, pero no se les debe obligar. Necesitan que les escuchemos expresar lo que han visto o experimentado.
  • Los niños con edades entre los tres y los seis años pueden sentirse responsables de los problemas. Estas emociones pueden crear un fuerte sentimiento de culpa. Estos niños necesitan el apoyo y la atención de un adulto solícito.
  • Es preciso tranquilizar constantemente a los niños y no se les debe regañar o castigar. Si un miembro de la familia tiene que ausentarse, es preciso informar al niño de antemano. Hay que decirle adónde va la persona y cuando regresará y quién se ocupará del niño durante su ausencia.
  • Debido a que los adolescentes comprenden con mayor claridad la guerra y sus consecuencias traumáticas, son en cierto modo más vulnerables a las situaciones de tensión que los niños de menor edad y podrían sentirse culpables por no haber evitado la situación. Puede que aparentemente parezca que superan sin dificultades el problema, pero carecen de la madurez emocional para abordar las experiencias traumáticas. Algunas veces, los adolescentes recurren a la agresión para superar los problemas derivados de la irritación o la depresión. Pueden llegar a rebelarse contra la autoridad, utilizar drogas o robar. O puede que se muestren retraídos, temerosos o que anticipen constantemente experiencias problemáticas. Los adolescentes necesitan la ayuda de los adultos para abordar sus experiencias. Involucrar a los adolescentes en la vida de la comunidad y ofrecerles la posibilidad de ejercer determinadas funciones puede resultar muy beneficioso.
  • Los compañeros, los maestros y los miembros de la comunidad son una fuente importante de apoyo y de seguridad para los adolescentes, que suelen depender menos de su familia más cercana. Es preciso alentar a los adolescentes a que conversen sobre sus experiencias con compañeros y adultos de su confianza y que participen en actividades de reconciliación de las comunidades.
  • Cuando las reacciones de los niños ante la tensión son graves y duran demasiado tiempo, necesitan la ayuda especial que pueda prestarles un consejero psicológico.
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