Ébola

La propagación del ébola en África Occidental ha disminuido drásticamente, pero los retos para derrotar este flagelo siguen siendo enormes, mientras se reestablecen los servicios sociales básicos y la construcción de resiliencia en Guinea, Liberia y Sierra Leona.

El brote ha sido sin precedentes en su alcance e intensidad, y ha alcanzado a algunas de las comunidades más vulnerables en los países más pobres del mundo. Millones de niños y niñas se han visto afectados de alguna manera u otra: siendo víctimas de este virus mortal, convirtiéndose en huérfanos, enfrentando la estigmatización, perdiendo meses de educación escolar y experimentando traumas.

La solidaridad internacional sigue siendo esencial en la respuesta inmediata y en ayudar a abordar las condiciones –especialmente los sistemas de salud débiles y un saneamiento deficiente– que permitieron que una epidemia localizada derivara en una crisis importante. Ayudar a los países afectados significará que estarán mejor preparados para prevenir otro brote como éste y abordar otras enfermedades mortales –como la malaria, el sarampión, la neumonía y la diarrea– que tienen una pesada carga sobre los niños y niñas.

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La lucha contra el brote