Uzbekistán

Los refugiados llegan en avalancha a los campamentos de Uzbekistán escapando de los enfrentamientos en Kirguistán

Vidas salvadas, corazones rotos, profundas cicatrices

Imagen del UNICEF
© UNICEF Uzbekistan/2010/Toshmatov
En un campamento de refugiados del distrito de Hujobod en Uzbekistán, un voluntario de UNICEF escucha cómo Navruza, de 14 años de edad, al lado de su hermano Mukhammadjon, de 2 años, , relata la forma en que huyó de la violencia en el vecino Kirguistán.

Por Nigina Baykabulova

UNICEF y sus aliados están enviando refugios de emergencia y suministros médicos y de higiene a los refugiados en Uzbekistán oriental que han huido de la violencia en Kirguistán. A continuación, una crónica de primera mano desde uno de los campamentos de refugiados.

ANDIJAN, Uzbekistán, 16 de junio de 2010 – Navruza, de 14 años de edad, parece calmada pero sus ojos reflejan una profunda tristeza. Junto con su madre y sus dos hermanos, se las arregló para escapar de los mortales enfrentamientos en la ciudad de Osh, al sur de Kirguistán, y encontrar refugio al otro lado de la frontera del vecino Uzbekistán.

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Ahora se encuentran en el campamento de refugiados del distrito de Hujobod, situado en la región uzbeca de Andijan. Sin embargo, el resto de la familia de Navruza –su padre, otro hermano y su abuela– todavía permanecen en Osh.

“No sabemos si están vivos o no”, dice Navruza.

Familias divididas

Antes de cruzar la frontera entre Kirguistán y Uzbekistán en la noche del 10 al 11 de junio, Navruza y su familia habían confiado en encontrar un lugar en Kirguistán, su país de origen, donde poder esconderse. Sin embargo, cuando vieron a su alrededor las casas en llamas y los vecinos muertos a tiros, no les quedó la menor duda de que la violencia generalizada contra las personas de origen uzbeko no iba a parar de la noche a la mañana.

Imagen del UNICEF
© UNICEF Uzbekistan/2010/Toshmatov
El pediatra Odiljon Dekhkonov examina a Zebo, de 2 años de edad, en un campamento de refugiados situado en una planta de polímerización en el distrito de Hujobo (Uzbekistán), bajo la atenta mirada de su madre, Zulfia Nasimova. Zebo llegó al campamento padeciendo diarrea y ha estado recibiendo tratamiento.

Nadie estaba a salvo, ni siquiera las niñas y niños.

Mientras Navruza cuenta su historia en una tienda de campaña del campamento, no cesan de entrar mujeres con sus hijas e hijos que se unen a la conversación. Todas tratan de añadir una frase. Cuanto más hablan y comparten sus experiencias, más aumenta su llanto. Los recuerdos están demasiado vivos y la pena es demasiado profunda.

“¿Por qué nuestros hijos e hijas tienen que renunciar a su país, y por qué se les niega un futuro? ¿A dónde vamos a ir ahora?”, se lamenta Mohira Alimova. Su familia también está dividida entre dos países y no ve el final a esta separación. No tiene ni idea de cómo van a poder reunirse de nuevo en su casa de Kirguistán.

Calurosa demostración de solidaridad

Según los funcionarios estatales de Andijan en Uzbekistán, más de 80.000 refugiados de Kirguistán han cruzado la frontera y entrado en avalancha en la región a lo largo de los últimos cuatro días. Alrededor del 90% eran mujeres, niñas y niños, además de algunos ancianos.

Imagen del UNICEF
© UNICEF Uzbekistan/2010/Toshmatov
Mohira Alkimova, alojada en el campamento de refugiados de la planta de polimerización en el distrito de Hujobo(Uzbekistán), se emociona al hablar de los miembros de su familia que se han quedado en Kirguistán.

En las regiones de Andijan, Namangan y Fergana se han montado más de 40 campamentos para acomodar a la afluencia de refugiados. Algunos de ellos han sido recibidos en las casas de sus parientes y amigos de Andijan. Se ha hecho un llamamiento de ayuda a la administración local, los principales departamentos ministeriales de la región, las organizaciones no gubernamentales y los comités locales de los mahallas, o barrios.

Asimismo, los ciudadanos de a pie han dado grandes muestras de solidaridad. Durante horas han esperado su turno para ayudar a los refugiados que han perdido tan repentinamente sus casas y sus pertenencias.

“Comenzamos a recibir refugiados la noche del 11”, dice Karimjon Usmanov, director de la oficina de la Fundación Mahalla en el distrito de Hujobod. Esa noche, recuerda el señor Usmanov, habló con el aksakal –el representante más anciano y respetado de los refugiados– y negociaron su paso de manera ordenada. Las mujeres con las niñas y niños más pequeños, las embarazadas, las personas heridas y las enfermas fueron las primeras en ser admitidas.

Asistencia psicosocial y atención médica

El campamento de refugiados donde se encuentran Navruza y su familia está situado en una planta de polimerización en la mahalla Sanoatchilar. Éste es uno de los 14 campamentos instalados en el distrito de Hujobod. Más de 2.000 refugiados uzbecos, principalmente de los distritos de Osh y Karasu en Kirguistán, se encuentran alojados en un edificio de tres pisos y 65 tiendas de campaña que se han instalado en el recinto cerrado de la planta. Asimismo se les ha proporcionado asistencia médica, alimentos, agua, ropa, y artículos sanitarios y de higiene.

Las personas de los mahallas cercanos se están apresurando por proporcionarles a los refugiados mantas, vajilla, ropa y otros artículos de utilidad.

El campamento está lleno de mujeres que han dejado tras de sí a sus maridos, padres, hermanos o hijos mayores. Aunque expresen su gratitud por la ayuda recibida en Uzbekistán, no pueden dejar de pensar en sus seres queridos de Kirguistán. Los psicólogos del equipo médico del campamento les proporcionan a diario ayuda psicológica tanto de grupo como individual.

Sin embargo, el sentido de pérdida es abrumador. La falta de noticias del otro lado de la frontera –y la sombra de un futuro incierto– hace más profunda la pena de los refugiados y aviva sus preocupaciones. Es obvio que su completa recuperación emocional y psicológica, así como la de sus hijas e hijos, requerirá mucho tiempo y un tratamiento especializado.


 

 

Audio (en inglés)

16 de junio de 2010: El Representante adjunto de UNICEF en Uzbekistán, Oyun Saihkan, habla de su visita a los campamentos de refugiados para ciudadanos de etnia uzbeka que han huido de la violencia en Kirguistán.
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