Sri Lanka

Escasez de alimentos para las familias de Sri Lanka que han sido desplazadas por la violencia

Imagen del UNICEF
© UNICEF Sri Lanka/2006/Mead
Jeyapiria Jeyaratnam, de 10 años de edad, fue herida durante un reciente enfrentamiento armado en los alrededores de Jaffna, en Sri Lanka.

Por Francis Mead

JAFFNA, Sri Lanka, 26 de octubre de 2006 – La Península de Jaffna, en Sri Lanka, es escenario de conflictos desde hace varias décadas. Sus 600.000 pobladores sufren ahora las consecuencias del reciente recrudecimiento de los combates entre las fuerzas gubernamentales y el grupo rebelde Tigres para la Liberación de Tamil Eelam.

Salvo el estruendo ocasional y distante de los bombardeos, en las calles de Jaffna reinan el silencio y la calma. Debido a la escasez de combustibles, circulan pocos vehículos a motor, y hay pocos negocios abiertos debido a la falta de seguridad. Muchos habitantes de la región están desempleados y la única manera de entrar y salir de Jaffna es por aire o por agua.

Mucha gente hace cola frente a las tiendas de alimentos de la ciudad. Pese a que el gobierno continúa abasteciendo a Jaffna de alimentos por vía marítima y ha instituido un sistema de racionamiento, casi todos los pobladores mencionan que hay escasez de harina, arroz, azúcar y lentejas. En el mercado negro, el azúcar y la gasolina cuestan hoy cuatro veces más que en circunstancias normales.

Unos 50.000 habitantes de la península han sido desplazados. La mayoría de ellos ha buscado refugio en los hogares de parientes o amigos, mientras que otros permanecen en centros de alojamiento provisional.

“Ruidos en la noche"

En Jaffna, más de 1.300 personas viven en los edificios de una escuela, en el predio de la iglesia de Nuestra Señora del Refugio.. Las familias han amontonado sobre los pisos de piedra sus escasas pertenencias: algunas prendas de vestir, colchones, mantas, ollas y sartenes.

Todas ellas provienen de dos aldeas −Allaipiddy y Mandaithevu− que se encuentran en islas localizadas al oeste de Jaffna. Los pobladores de Allaipiddy ya han tenido que abandonar su aldea en dos oportunidades en lo que va del año. La primera vez huyeron en mayo, como resultado de la matanza de 13 civiles. Y posteriormente, se alejaron de su aldea en agosto debido al estallido de las hostilidades en la región.

“Nuestra aldea fue alcanzada por un proyectil y yo sufrí heridas en la pierna", cuenta Jeyapiria Jeyaratnam, de 10 años de edad. "Vi muchos combates. Escuché ruidos en la noche y me asusté mucho. Ahora tengo miedo de que estalle un proyectil aquí, y siento mucho temor cuando escucho en la radio las noticias sobre los combates”.

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Tras el recrudecimiento de los combates en la Península de Jaffna, en Sri Lanka, en el hogar de Yogaraja Vijeyabarathy se alojaron cuatro familias entre cuyos miembros figuran 11 niños y niñas.

Mary Angaleena, la madre de la niña, comenta que cuando comenzó el bombardeo la familia decidió dormir en el interior de una iglesia. Pero ella también resultó herida y toda la familia debió ser evacuada en ambulancia. "Perdimos todo, incluso nuestra ropa", señala la mujer.

Jeyapira permanece ahora la mayor parte del tiempo junto a otros niños y niñas en las instalaciones de Nuestra Señora. del Refugio. Además, va a buscar agua cuando su madre cocina. Jeyapira está en quinto grado y manifiesta su desencanto por no haber podido rendir exámenes debido al conflicto.

La vida con familias anfitrionas

Los niños y niñas como Jeyapira han comenzado a inscribirse en la escuela y esperan comenzar las clases en breve. UNICEF colabora con el gobierno y otros aliados para brindar apoyo a las familias que se albergan en la iglesia, así como las que han encontrado refugio en otros centros de la región. Mediante esa colaboración se han creado espacios seguros para que los niños y niñas puedan jugar y aprender de manera no estructurada.

El cura párroco de Nuestra Señora del Refugio está preocupado porque las condiciones sanitarias deficientes podrían causar la propagación de las enfermedades en las instalaciones. Agrega que trata de encontrar otro lugar donde puedan instalarse todas esas personas. Mientras tanto, UNICEF y sus aliados han suministrado tanques de agua, inodoros, pozos e instalaciones de lavado en otros centros de refugiados que funcionan en diversos puntos de Jaffna.

 Al noreste de esa ciudad, en la región de Karaveddy, hay unas 7/000 personas desplazadas, dos tercios de las cuales viven con familias anfitrionas. Los desplazados se vieron obligados a huir de los combates en la primera línea de batalla, que se encuentra en la sección oriental de Karaveddy. En una de las pequeñas aldeas, cuatro familias con 11 niños y niñas en total conviven en una vivienda de un solo piso.

“El principal problema es la falta de alimentos", dice el dueño de la vivienda. "Aunque no tenemos suficiente harina y arroz, nadie se irá de aquí hasta que no se resuelva el problema". Las familias tienen miedo de regresar a su aldea debido a que la situación es muy precaria en materia de seguridad.

Una escuela cercana sirve de albergue provisional a otras 36 familias. Aunque sus integrantes han recibido tres entregas de raciones, comienzan a sentir la escasez de alimentos. Las madres del albergue provisional dicen que preparan gachas de arroz para el desayuno. A veces pueden adquirir verduras en el mercado, pero muchas noches deben renunciar a la cena para que sus hijos e hijas puedan comer.


 

 

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