Panorama: Filipinas

Los maestros ayudan a los estudiantes a recuperarse y reanudar sus estudios después de las inundaciones en Filipinas

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© UNICEF Philippines/2012/Maitem
Los estudiantes de la escuela primaria Consolación en Cagayán de Oro (Filipinas) usan conjuntos escolares de UNICEF para reanudar sus estudios.

Por Marge Francia

CAGAYÁN DE ORO, Filipinas, 25 de enero 2012. En la escuela City Central de Cagayán de Oro, dos maestras celebraron recientemente su primer día de clases desde las catastróficas inundaciones que arrasaron su comunidad, incluso a pesar de que su futuro parece incierto.

Vivian Benedictos y Gambuta Marilou, dos maestras y buenas amigas, comparten un aula de primer grado en la escuela. Es un espacio en el que no sólo enseñan, sino donde ahora también viven.

Escapar de las inundaciones

Cuando la tormenta tropical Washi (localmente conocida como Sendong) arrasó la ciudad en diciembre, se desató un diluvio que acabó con comunidades enteras, incluidas las de Benedictos y Gambuta. Sin embargo, gracias a su trabajo conjunto se las arreglaron para salvar a sus familias de los efectos de las inundaciones.

“Podía oír el agua que estaba ya detrás de nosotros”, dijo Gambuta. “No quería mirar atrás porque sabía que mi casa ya no estaba allí. Me tapé los oídos, porque oía a mis vecinos pidiendo ayuda a gritos”.

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La maestra Vivian Benedictos habla con la estudiante Gia Bitua en Cagayán de Oro (Filipinas). Ambas huyeron de sus hogares durante las recientes inundaciones.

Tan pronto como su familia estuvo fuera de peligro, Gambuta llamó a Benedictos y le urgió a que huyera antes de que la inundación descendiera sobre su ciudad.

“Cuando escuché lo que me dijo Marilou, empecé a sentir pánico y a gritar. Le dije a la gente, ‘vámonos’, pero mis vecinos no me creyeron”, dijo Benedictos. “El agua comenzó a subir y salí de la casa. Mi hermana y mis hijos se quedaron en el segundo piso, pensando que estarían a salvo, así que tuve que volver a buscarlos. En el momento en que salí de la casa, ya tenía el agua a la altura del pecho”.

Después de escapar de las inundaciones, las maestras se reunieron en el salón de clases. Desde entonces ha sido su hogar y el de sus familias.

La escuela ayuda a los niños a recuperarse

Otros no tuvieron tanta suerte. Entre los aproximadamente 1,1 millones de personas afectadas por el desastre, 6.071 resultaron heridos y 1.257 murieron. Según las cifras más recientes del Departamento de Educación de Filipinas, por lo menos seis miembros del personal de educación y más de 100 estudiantes murieron y casi 200 estudiantes permanecen desaparecidos.

Muchas escuelas quedaron total o parcialmente destruidas, o se usan actualmente como centros de evacuación. Los estudiantes cuyas escuelas han sido reutilizadas como centros de evacuación han celebrado las clases en canchas de baloncesto o en las salas municipales.

Sin embargo, volver a la escuela es esencial para todos los niños afectados por las inundaciones. La escuela ayuda a los niños a recuperar una sensación de normalidad, que es fundamental para su recuperación psicológica. Las escuelas son también un entorno protector para los niños, que son más vulnerables a la explotación y el abuso después de los desastres. Además, la educación promueve a largo plazo la cohesión social y contribuye a la estabilidad social y económica de las zonas afectadas por las inundaciones.

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Vivian Benedictos y Marilou Gambuta, dos maestras y buenas amigas, comparten un aula de primer grado en la escuela. Se trata de un espacio en el que no sólo enseñan, sino donde ahora también viven.

El 3 de enero, Benedictos y Gambuta comenzaron su primer día de clases desde el diluvio.

“Pude impartir clase hoy pero fue muy duro”, dijo Gambuta. Se había enterado de que dos de sus estudiantes siguen desaparecidos, cinco semanas después del desastre.

“Algunos de mis estudiantes están todavía en estado de choque. Tenía ganas de llorar mientras me contaban sus historias acerca de la inundación, pero tenía que mostrarme fuerte”, continuó. “Los adultos como yo nos podemos recuperar pero para los niños es muy difícil. Volver a la escuela sería bueno para ellos”.

La recuperación de la normalidad

El Departamento de Educación del Gobierno filipino, UNICEF y otros aliados en la educación  colaboran para ayudar a los niños a regresar a las aulas. UNICEF y sus aliados están apoyando la reparación o reconstrucción de 23 escuelas gravemente dañadas y 68 centros de atención diurna. UNICEF también proporciona material escolar, conjuntos para el desarrollo de la primera infancia y otros suministros de aprendizaje, además de trabajar con sus aliados para capacitar a voluntarios, con el fin de ofrecer a los niños actividades de apoyo psicosocial en las escuelas y centros de evacuación.

“En una emergencia, la escuela actúa como un salvavidas para los niños. Por ello UNICEF ayuda a volver a abrir rápidamente las escuelas y a reemplazar los materiales escolares. Creemos que lograr que los niños regresen a clase es un paso importante para que recuperen la normalidad en sus vidas”, manifestó María de Lourdes Vera-Mateo, Jefa de Educación de UNICEF en Filipinas.

Los niños también se muestran entusiasmados por regresar a clases. Esto ha servido de inspiración a los profesores como Benedictos y Gambuta, que siguen tan comprometidos como siempre para ayudar a sus estudiantes.

“Los niños necesitan recuperarse adecuadamente y nosotros, como maestros, tenemos que ayudarles a que lo consigan”, dijo Gambuta.


 

 

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