Panorama: Filipinas

UNICEF responde ante la extensa destrucción provocada por las inundaciones en Filipinas

Por Alex Gregorio

ILIGÁN, Filipinas, 21 de diciembre de 2011. En una ciudad devastada por las inundaciones y los muertos, la llegada de la Navidad es lo último que ocupa la mente de las personas.

La tormenta tropical Washi tocó tierra en la meridional isla de Mindanao poco antes de la medianoche del 16 de diciembre y descargó unas lluvias equivalentes a las precipitaciones de un mes en el espacio de tan sólo unas horas.

Concocido por los lugareños bajo el nombre de Sendong, la tormenta causó unas inundaciones que crecieron en fuerza y con velocidad vertiginosa. Las corrientes de agua y lodo arremetieron contra puentes y vehículos destrozados para convertir las carreteras de Iligán en poderosos cauces.

Imagen del UNICEF
© UNICEF Philippines/2011
“Hemos perdido todo”, afirmó Anita Tingas en el centro de evacuación de Santa Filomena de Iligán, en Mindanao (Filipinas).

Los sobrevivientes informan que los despertaron el agua y el barro cuyo nivel creció desde la altura de los tobillos hasta los hombros en cuestión de minutos y que les dejó poco tiempo para huir con sus seres queridos o sus pertenencias.

El Consejo nacional para la gestión y la reducción de riesgos de desastre informa que el saldo de muertos ya ha ascendido hasta 957 y que se espera que esta cifra crezca a medida que se recuperen más cuerpos. Lamentablemente, muchos no se encontrarán nunca.

"No queda nada"

Anita Tingas  (30 años), madre de cuatro hijos que vive actualmente en un centro de evacuación en la ciudad de Iligán, habló del horror producido por las inundaciones.

La casa de única planta propiedad de Tinga quedó arrasada por la corriente. Ella y sus hijos, todos menores de 8 años, sobrevivieron al encaramarse al tejado de una vecina casa de dos pisos. Allí esperaron durante horas antes de ser rescatados.

“Hemos perdido todo", afirmó Tingas, "todas nuestras pertenencias, nuestros electrodomésticos, nuestra ropa, el material escolar y los libros de mis hijos: no queda nada y no tenemos ningún sitio al que poder llamar hogar. No sabemos qué hacer".

Imagen del UNICEF
© UNICEF Philippines/2011
Anita Tingas alimenta a sus hijos en el centro de evacuación de Santa Filomena de Iligán, en Mindanao (Filipinas).

Los barangays, o poblados, afectados se han quedado sin agua potable. Muchos de los lugares de evacuación también carecen de acceso a agua potable, electricidad e instalaciones adecuadas de saneamiento. Esta situación expone a Tingas, a sus hijos y a otras personas como ellos frente a las enfermedades transmitidas por el agua y a una posible explotación.

La respuesta de UNICEF

UNICEF evalúa actualmente la magnitud de los daños y coordina con el gobierno y los aliados humanitarios.

UNICEF ha distribuido asimismo los suministros de emergencia a las ciudades damnificadas desde Manila y Cotabato. Los suministros incluyen pastillas potabilizadoras, contenedores para el agua, retretes portátiles, conjuntos de higiene, conjuntos escolares, lonas, tiendas de campaña y equipos recreativos para ayudar a la recuperación psicológica de los niños.

UNICEF colabora con sus aliados para establecer zonas seguras para la lactancia materna en los centros de evacuación, así como para abastecer con alimentación suplementaria y exámenes médicos para diagnosticar la desnutrición aguda entre los niños. UNICEF y sus aliados también brindarán capacitación a los maestros para prestar asistencia psicológica a los niños y niñas, que les ayudará a afrontar la situación de desastre y sus consecuencias.

Navidad en el centro de evacuación

Pese a toda la destrucción y la angustia, algunos niños del centro de evacuación Santa Filomena en Iligán encuentran tiempo para jugar y entablar amistades. Uno de tales grupos de amigos está formado por Aileen (15 años), Eliza (10 años) y Vicristián (11 años), que han estrechado lazos a partir de sus experiencias.

Vicristián sobrevivió al trepar a un mango donde permaneció durante casi siete horas antes de ser rescatada. Después de la tormenta, Aileen regresó a casa para descubrir que ésta había desaparecido en su mayor parte. Las tres niñas tienen hermanos que se ahogaron o están desaparecidos por culpa de las inundaciones.

Vicristián y Eliza comentaron que querían mudarse a una nueva casa por Navidad. A Aileen también le gustaría tener una nueva casa pero dijo que el hecho de que ella y sus padres estuvieran vivos ya era en sí el mejor de los regalos de Navidad.

Con más apoyo y asistencia, estos niños –y otros como ellos– pueden afrontar el año nuevo con fuerzas y esperanzas renovadas.


 

 

Búsqueda