Panorama: Filipinas

Diario de campaña: las familias y los niños de Mindanao hacen frente a la realidad de las inundaciones en Filipinas

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© UNICEF Philippines/2011
En un centro de evacuación de Mindanao, Esmaeil Ibrahim, especialista en agua, saneamiento e higiene de UNICEF, camina con Datu, un niño de 6 años de una familia filipina desplazada por las inundaciones, y con otros niños y niñas.
El especialista de agua, saneamiento e higiene de UNICEF, Esmaeil Ibrahim, viajó a las comunidades afectadas por las inundaciones en Filipinas para evaluar la situación de las familias, especialmente de las mujeres y los niños. Su relato figura a continuación.

Por Esmaeil Ibrahim

CIUDAD DE COTABATO, Filipinas, 15 de julio de 2011. Una serie de tormentas tropicales han asolado recientemente Filipinas, trayendo consigo inundaciones permanentes y repentinas, así como corrimientos de tierra en muchas regiones. Durante mi misión, la mayor parte de Mindanao, situada en la zona meridional del país, estaba sumergida bajo las aguas. La zona más afectada era la ciudad de Cotabato, donde decenas de miles de familias vivían en centros de evacuación.

Extrema necesidad

Los centros necesitan recibir ayuda urgentemente. Cientos de familias están hacinadas en los edificios de escuelas empleadas como refugios temporales. A menudo, las propias escuelas están inundadas y algunas carecen de letrinas. Esto resulta especialmente difícil para las mujeres y las niñas, ya que carecen de intimidad.

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Los niños y niñas de Mindanao se encuentran entre los más vulnerables de Filipinas, amenazados por conflictos y desastres naturales.

Hay muy poca agua potable para beber y lavarse. Cuando las personas se ponen enfermas, resulta difícil recibir atención médica apropiada debido a que muchos centros de salud también se encuentran bajo las aguas.

Entretanto, los niños y niñas no pueden continuar su educación debido a que las familias viven en las escuelas, e incluso sus libros de texto han desaparecido bajo las aguas. Sus maestros también han resultado afectados por las inundaciones y tienen que ocuparse de sus propios hijos e hijas.

Niños y niñas vulnerables

En el centro de evacuación de la escuela elemental Tamantako conocí a Jamila, de 39 años, una mujer con tres hijos cuyo marido es agricultor. Lo han perdido todo. Su casa, todas sus pertenencias y su granja se encuentran actualmente sumergidas.

“Estoy muy contenta de que UNICEF nos repartiera lonas, bidones y agua potable”, comentó Jamila. “Pero todavía tenemos necesidades urgentes, como alimentos, agua, retretes, escuelas temporales para los niños y atención médica.”

Jamila añadió: “No puedo estar ocupándome de los niños todo el tiempo. A veces juegan y nadan en el agua. ¿Es por esta razón que se enferman? Durante la noche hay muchos mosquitos y durante el día una gran cantidad de moscas”.

Sin un lugar donde jugar

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El desplazamiento prolongado y la suspensión de las clases en Mindanao están afectando el aprendizaje y el bienestar psicosocial de los niños y niñas del sur de Filipinas.

Conocí también a Datu, de 6 años, que al principio tenía miedo de acercarse a mí. Junto a un grupo de niños y niñas siguió a nuestro equipo mientras llevábamos a cabo la evaluación. Le llevó un tiempo hablar conmigo, pero cuando lo hizo finalmente me cogió de la mano e hizo bromas conmigo mientras visitábamos el campamento.

El niño vive en la escuela elemental Don E. Sero con su padre, su madre y sus cinco hermanos. Dice que no puede ir a su propia escuela porque se encuentra bajo las aguas. A Datu no le gusta vivir en el campamento porque no hay un lugar donde jugar. Me dijo que aunque su familia estaba recibiendo agua potable, todavía no era suficiente.

“Mi hermano pequeño cayó enfermo hace cinco días”, dijo Datu. “Lloró toda la noche. Tenía fiebre y tosía”.

Datu me dijo que le había preguntado a su padre cuándo podrían regresar a casa. Su padre le contestó que no podían volver aún porque la casa estaba todavía inundada.

Suministros esenciales

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La mayoría de las comunidades afectadas por las recientes inundaciones en Mindanao, en el sur de Filipinas, se encuentran en las mismas zonas afectadas por el conflicto de 2008.

Me complace informar que desde la evaluación, UNICEF ha respondido proporcionando a las familias afectadas por las inundaciones suministros esenciales, como lonas de plástico, mantas, pastillas para depurar el agua, medicinas, suplementos de vitamina A, micronutrientes en polvo, jabón, conjuntos escolares, tiendas de campaña para montar escuelas, juguetes y juegos.

Asimismo, estamos utilizando depósitos de agua para proporcionar agua potable a las comunidades inundadas; hemos reparado fuentes de agua, hemos llevado a cabo programas de educación sobre la higiene, establecido clases de emergencia y proporcionado apoyo psicosocial a los adultos y a los niños que se encuentran bajo una profunda tensión. La situación es especialmente difícil debido a que la mayoría de las comunidades afectadas por las recientes inundaciones en Mindanao proceden de las mismas zonas afectadas por los conflictos en 2008.

Todavía queda mucho trabajo por hacer. Antes de que termine mi misión en Filipinas, espero que Jamila y Datu hayan regresado a sus casas con sus familias.


 

 

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