Panorama: Filipinas

Un campamento de recuperación para los jóvenes filipinos afectados por el tifón Pepeng

Imagen del UNICEF
© UNICEF Philippines/2010/Palasi
Farida (der.), del Sunflower Children's Centre de La Trinidad, en Filipinas, da la bienvenida a los niños y niñas de la aldea de Santo Niño que llegan al campamento de recuperación.

Por Silje Vik Pedersen

LA TRINIDAD, Filipinas, 23 de febrero de 2010 – Junto a otros 84 niños y niñas de la escuela primaria de Santo Niño, Harry, de 10 años de edad, participó recientemente en un curso de dos días de duración en un campamento de recuperación que se llevó a cabo en la Universidad Estatal Benguet. El campamento fue organizado por la ONG Sunflower Children's Centre, aliada de UNICEF.

Santo Niño, la aldea de la que provienen los 84 alumnos, fue devastada en octubre pasado por los deslizamientos de tierra que provocó el tifón Pepeng. Muchos de los niños, niñas y adolescentes que pasan por experiencias similares sufren reviviscencias o pesadillas, y un gran número deja de realizar sus actividades cotidianas o tiene dificultades para concentrarse en las mismas. En el campamento de recuperación se les ayuda a confrontar y superar sus tribulaciones y se les alienta a que se entretengan y diviertan.

“¡Estoy muy, muy excitado!”, exclama Harry, que espera en su dormitorio el comienzo del primer día de campamento. El Padre Geraldo Costa, fundador del Sunflower Children's Centre, le hace notar que recién son las tres de la madrugada y que tendrá que esperar tres horas más para levantarse.

Cuando por fin amanece, los niños descubren que frente al edificio del centro se han levantado tiendas de campaña coloridas donde podrán jugar y aprender.

Tiempo para jugar
“Mientras estén en el campamento, siempre estarán acompañados por sus cajas mágicas”, le explica CJ, un voluntario, al grupo de alumnos de cuarto grado que tiene a su cargo. “Es la caja de la recuperación, y la pueden decorar como les guste. Después de cada actividad, cada uno escribirá un mensaje dirigido a sí mismo, y lo pondrá en la caja. Cuando regresen a sus hogares, se llevarán la caja y podrán leer los mensajes que escribieron”.

Imagen del UNICEF
© UNICEF Philippines/2010/Palasi
Al final de su permanencia en el campamento de recuperación, los niños y niñas de la aldea de Santo Niño escriben tarjetas con mensajes de esperanza para el futuro que sujetan a globos de gas.

Durante los dos días de campamento, los niños y niñas adornan sus cajas con lentejuelas y papeles de colores. También se les alienta a que dibujen autorretratos en platos de papel.

“Los niños deben aprender que está bien que se sientan satisfechos con ellos mismos y con su apariencia”, comenta CJ. “También les preguntamos cuáles son los aspectos y atributos positivos que ven en ellos mismos y les pedimos que nos expliquen por qué creen que sus características personales son importantes”.

El programa de actividades también fija varios períodos en que los niños pueden jugar libremente. Durante ese tiempo, los niños y niñas corren, improvisan juegos y llenan el aire con sus risas.

“El estado de ánimo de estos niños es muy diferente al que tenían cuando los vi por última vez”, comenta el Padre Costa. “Ahora se ríen, y los dibujos que hacen están llenos de soles, de luces y de colores hermosos. La última vez que les habíamos visto dibujaban nubes oscuras y lluvia... ¡Es fantástico ver cómo todo ha cambiado!”.

Juntos, serán fuertes
Otra actividad del campamento consiste en que los niños se pasen de mano en mano un cordel. Y que al recibirlo mencionen a la persona a la que le pedirían ayuda en caso de necesitarla.

“La que más me ayuda es mi prima Joella”, dice Gina, de 11 años, al recibir el cordel de manos de CJ. “Ella siempre está allí cuando necesito ayuda con los deberes escolares”. Theodore, de la misma edad, explica por qué le pediría ayuda a Jasper: “Es un anciano de nuestra aldea, y si me pasa algo, él puede informar a las autoridades”.

El cordel que ahora sostienen entre todos, forma una red que une a todos los niños. “¡Es tan bonita!”, comenta uno de los niños. “¡Parece una estrella!”.
Los niños han comprendido que si colaboran y se apoyan los unos a los otros serán fuertes y podrán capear cualquier temporal.


 

 

Búsqueda