Panorama: Filipinas

El restablecimiento de la normalidad para los niños tras la tormenta tropical Ondoy

Imagen del UNICEF
© UNICEF PHI/2009
Debido a que las calles siguen inundadas como consecuencia del tifón Ondoy, los niños deben pagar entre 20 y 60 pesos por un viaje en bote hasta sus escuelas. En las zonas más afectadas, muchos niños y niñas ni siquiera pueden llegar a los centros escolares.

PASIG, Filipinas, 18 de octubre de 2009 – Las aguas crecidas que aún cubren gran parte de la capital de Filipinas están ennegrecidas debido a la gran cantidad de basura y desperdicios que arrastran, y son testimonio de los daños provocados por la tormenta tropical Ondoy, que se abatió sobre el país el 26 de septiembre.

“Perdimos toda esperanza”, comenta Jennifer Cortel, que está alojada en un aula de la escuela primaria Liberato Damian con sus seis hijos y con otras ocho familias. “El nivel de las aguas ascendió muy velozmente, pero sabía que tenía que ser valiente por mis hijos”.

Desafiando la intensa lluvia y la corriente de agua que les llegaba a la cintura, varios familiares y vecinos le ayudaron a transportar hasta un sitio seguro a sus hijos, cuyas edades van des los 12 meses hasta los 11 años.

Cortel y sus hijos forman parte de las 116 familias que fueron alojadas en las aulas de la escuela Liberato Damian de Villa Santa Cruz, en Pasig.

En la escuela, pero no en clase

En el interior de la escuela, las aulas improvisadas y los sectores donde viven los evacuados están separados sólo por hileras de plantas y sillas.

En cada aula, donde normalmente asisten a clase entre 20 y 30 alumnos, ahora se alojan hasta 14 familias. En casi todos los salones de clases hay ahora por lo menos dos lactantes.

Pese a que el Gobierno ordenó la reanudación de las clases una semana después de la tormenta tropical Ondoy, la medida sólo se ha podido cumplir parcialmente debido a que muchas escuelas han sido convertidas en centros de desplazados. 

R.J., un hijo de Cortel de ocho años de edad, anhela poder volver a clase. Como muchos otros niños alojados en los más de 500 centros de evacuados, R.J. huyó del desastre con lo que llevaba puesto.

“Ha perdido toda su ropa”, explica su madre. “Ya no tiene uniforme escolar y su mochila y sus libros y cuadernos están cubiertos de lodo”.

Jaime de Venecia, un alumno de sexto grado de la escuela Liberato Damian, buscó refugio en ese centro junto a sus padres y tres hermanos. Jaime sueña con terminar sus estudios y conseguir un buen empleo para ayudar a su familia. El niño espera con ansiedad la retirada de las aguas.

“Quiero que baje el nivel de las aguas porque tengo muchas ganas de reanudar las clases”, afirma.

Volver a la normalidad

Tras el paso de la tormenta tropical Ondoy, los principales esfuerzos han estado comprensiblemente dedicados a satisfacer las necesidades inmediatas de las familias afectadas,  pero además de suministrar a las familias alimento, techo y vestimenta, es necesario satisfacer las necesidades específicas de los niños y niñas.

“En las situaciones de emergencia no se presta suficiente atención a las necesidades de los niños”, afirma María Lourdes de Vera, Jefa de la Sección de Educación de la Oficina de UNICEF en Filipinas. “Lo que los niños necesitan es regresar a la normalidad. Debemos garantizar que en estas circunstancias sigan teniendo experiencias creativas, porque ése es su mundo. Sin esas experiencias, su mundo se derrumba”.

Las necesidades del sistema de educación

Pese a que las clases se reanudan lentamente, los maestros y directivos escolares temen que pasará cierto tiempo antes de que los niños recuperen la sensación de normalidad. Melorine Gallardo, que tiene a su cargo la guardería y el segundo grado de la escuela Liberato Damian, comenta que el día que se reanudaron las clases, a las suyas no asistió ni un solo alumno. Al segundo día, sólo se hicieron presentes dos estudiantes. Además, muchos maestros han sufrido las consecuencias de las inundaciones, y algunos  tuvieron que ser evacuados.

Imagen del UNICEF
© UNICEF PHI/2009
Jennifer Cortel y sus dos hijos, R.J. y John, forman parte de los centenares de habitantes damnificados por las inundaciones que se alojan en las aulas de la escuela primaria Liberato Damian de Villa Santa Cruz, en las ciudad de Pasig, una de las zonas de Filipinas más gravemente castigadas.

Arsenia Soriano, la directora de la escuela, dice que hasta la fecha sólo ha podido reanudar sus estudios entre el 7% y el 10% de los 1.600 alumnos que tenía la escuela. Pese a que ahora se emplean para albergar a los evacuados, muchos edificios escolares se vieron dañados debido a la tormenta y varios aún están inundados. En Pasig, 34 de las 40 escuelas de la ciudad sufrieron daños debido al paso de Ondoy, y 21 de ellas han sido convertidas en centros de evacuación.

“Nos guste o no, sabemos que el rendimiento escolar descenderá”, explica la Soriano.

La evaluación de los efectos psicosociales

Los daños de infraestructura que causó la tormenta pueden ser reparados, y se puede reemplazar los artículos y materiales que quedaron arruinados. Sin emabrg, los efectos psicosociales del desastre en los niños y niñas podrían ser más prolongados y difíciles de superar si no se les trata rápidamente. 

“Las heridas… los temores... Cuanto más tiempo los descuidemos, más tiempo lo sufrirán los niños”, explica de Vera. “Debemos ayudarles a liberarse de sus temores, porque de otra manera no sabemos qué les podrá suceder”.

Como parte de su respuesta ante el desastre natural, UNICEF no sólo ha reabastecido a las escuelas de los elementos perdidos sino que también evalúa las necesidades psicosociales de los niños y niñas afectados. Aparte de distribuir conjuntos de materiales para la primera infancia y el desarrollo, que contienen juguetes, libros y otros materiales de aprendizaje, UNICEF ofrece servicios de evaluación del estrés y orientación psicosocial por medios creativos, como la terapia artística y el establecimiento de espacios acogedores para los niños en los centros de evacuados.

UNICEF espera que el apoyo continuado a la educación de los niños y niñas restablezca en sus vidas la sensación de normalidad y les ayude a superar los traumas causados por el tifón.


 

 

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