Iraq

Un día en la vida de una vacunadora en el Irak

Imagen del UNICEF
© UNICEF Iraq/2007
Los vacunadores inmunizan a cada niño iraquí de entre uno y cinco años que encuentran. Este niño estaba en la calle con su familia.

Durante una de las mayores operaciones humanitarias llevadas a cabo en el Irak en los últimos dos años, 8.000 vacunadores, entre ellos la mujer iraquí que cuenta sus experiencias a continuación, trabajan para prevenir un posible brote de sarampión. Muchos niños y niñas iraquíes no han recibido recientemente servicios ordinarios de inmunización debido a la violencia e inseguridad imperantes.

PROVINCIA DE MISSAN, Irak, 23 de abril de 2007 – Pese a que me desempeño como vacunadora desde hace 15 años, nunca había tenido que trabajar en situaciones tan difíciles como la actual, en que participo en un vasto programa de inmunización de dos semanas de duración.

Vivo cerca de Amara, en la Provincia que Missan, que es una de las zonas más pobres del Iraq, a corta distancia de la frontera con Irán. Muchos de los pobladores son iraquíes regresados de Irán, como mi marido, que estuvo prisionero en ese país durante muchos años. Todos ellos regresaron a la región cuando finalizó la guerra entre el Irak e Irán.

Debemos proteger a todos los niños y niñas que no han sido inmunizados, porque el sarampión es una enfermedad mortal. Todos esperamos que las cosas vayan bien en esta oportunidad, porque en diciembre, cuando tratamos de llevar a cabo una campaña similar, la policía nos dijo que la situación era demasiado peligrosa para que saliéramos a hacer nuestro trabajo.

Cien niños por día

Estamos vacunando en las localidades de Al Teeb y Al Shibt, cerca de la frontera. En mi equipo de vacunadores, yo soy la única mujer entre seis hombres. Debido a que soy mujer, querían que por razones de seguridad personal me quedara en el centro sanitario. Es verdad que si me hubiera quedado allí estaría mucho más cómoda y segura, pero estoy decidida a trabajar a la par del resto del equipo.

El primer día de la campaña, llego el centro sanitario a las 7:30 a.m. y pongo en el refrigerador portátil suficientes dosis de vacunas para inmunizar a un centenar de niños. Ese es el número de niños y niñas que debería inmunizar diariamente cada uno de los integrantes del equipo.

Imagen del UNICEF
© UNICEF Iraq/2007
Una madre y su bebé sonríen después de la inmunización. Las campañas como estas son a veces la única posibilidad que tienen las madres iraquíes de conseguir vacunas críticas para sus bebés.

También ponemos hielo en los refrigeradores, que garantizan la eficacia de las vacunas, ya que en Missan hace mucho calor y tendremos que recorrer largas distancias a pie bajo el sol.

Los vacunadores en la mira

Todos estamos bastante nerviosos al iniciar nuestra primera jornada de trabajo. Este año ha reinado una relativa calma en Amara, de manera que muchas familias que huyeron de zonas con problemas han buscado refugio aquí. Pero como resultado de ese éxodo, en la región hay muchos niños, niñas y familias que no conocemos, y para quienes nosotros también somos desconocidos.

No estamos muy seguros si no recibirán bien o si tendremos problemas. Hemos oído que en otras provincias los vacunadores han sido víctimas de secuestros y hasta sufrieron ataques armados.

Entre las cosas que llevamos al terreno figura un libro de registro para anotar el número de niños que inmunizamos. Yo tengo también un mapa dibujado mano que indica cuáles son las viviendas que debo visitar, de manera que no pase por alto ningún niño o niña que necesite ser vacunado. Si dejamos siquiera uno sin inmunizar, tendremos que volver a hacerlo más adelante.

En estos días, una nunca sabe con qué se encontrará cuando golpea una puerta. Esperamos ver una madre, para poder preguntarle si tiene algún hijo de uno a cinco años de edad. En ese caso, inmunizamos a los niños de inmediato, a la entrada del hogar. Hacemos una marca la puerta y registramos la inmunización en nuestro libro, para comprobar si estamos cumpliendo con el objetivo que se nos fijó.

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© UNICEF Iraq/2007
El equipo de vacunación llama a una puerta en Bagdad. La entrada en casas en la capital iraquí es muy peligrosa debido a la inseguridad, pero los vacunadores tienen que encontrar a cada niño y niña.

Espero dormir bien

En estos tiempos, muchas madres no saben qué deben hacer para mantener a sus hijos sanos, porque no han recibido esos conocimientos. Algunas madres, y en especial las que han llegado recientemente a la región, tiene miedo de las vacunas y se niegan a abrir la puerta de sus viviendas.

En esos casos, hay que ser insistente y no tener miedo. Yo insisto porque creo que lo que estamos haciendo tiene una importancia fundamental para el futuro del Iraq.

En nuestro primer día de trabajo no encontramos ningún gesto hostil, lo que resulta un alivio. Al caer la tarde, entrego en el centro sanitario las ampollas vacías y las jeringas usadas, así como el cuaderno de registro. Más adelante tendremos que volver al sitio que cubrimos hoy y vacunar a los niños y niñas que no pudimos inmunizar en esta ocasión.

Mañana trabajaremos en otra región, más alejada de Amara, donde inmunizaremos a los niños y niñas de las aldeas y de las familias desplazadas que se han instalado en esa zona. Trabajar con las familias desplazadas puede resultar muy difícil, porque muchas se mudan con frecuencia. Un día están aquí, y mañana se han ido.

Pero gracias a Dios, hoy hicimos un buen trabajo y vacunamos a muchos niños y niñas sin recibir amenazas ni correr peligro. Mañana continuaremos nuestro trabajo. Pero esta noche, espero dormir bien.


 

 

Vídeo (en inglés)

25 de abril de 2007:
El corresponsal de UNICEF, Anwulika Okafor, informa sobre los esfuerzos de 8.000 vacunadores implicados en la actual campaña de inmunización en Iraq.
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