Haití

Una joven, rescatada de entre los escombros por un vecino tras el seísmo de Haití, sueña con que su vida retorne a la normalidad

Imagen del UNICEF
© UNICEF Haiti/2010/Nybo
Rachel Lunique, de 17 años de edad, muestra los escombros bajo los cuales permaneció enterrada durante dos días tras el terremoto que sacudió a Haití en enero. La joven fue rescatada de las ruinas por un vecino.

Por Thomas Nybo

Más de dos meses después del terremoto de Haití, unas tres cuartas partes de los 1,2 millones de habitantes que necesitaban albergue de emergencia recibieron materiales para protegerse de los elementos. Ante la inminencia de la temporada de tormentas, se elaboran planes para brindar aun más protección al pueblo haitiano. Como demuestra el siguiente artículo, aún queda mucho por hacer.

PUERTO PRÍNCIPE, Haití, 29 de marzo de 2010 –  El 12 de enero, cuando la tierra comenzó a temblar bajo sus pies, Rachel Lunique, de 17 años de edad, abandonó corriendo el apartamento de su familia, localizado en un segundo piso. Cuando Rachel estaba por alcanzar la relativa seguridad de la calle, se detuvo al escuchar los gritos desesperados de una vecina.

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Instintivamente, Raquel se dio la vuelta y corrió hacia la vivienda de donde provenían los gritos, ya que sabía que la mujer y su hijo de corta edad necesitaban ayuda. Pocos instantes después, una pared de cemento se desplomó sobre Rachel, que perdió el conocimiento. Su brazo derecho quedó atrapado bajo una montaña de escombros.

“Estuve atrapada allí durante dos días”, explica la joven mientras señala un espacio notablemente pequeño entre una maraña de barras de acero retorcidas y bloques de cemento fragmentados. “Comencé a rezar, y después de rezar, lloré. Pero sabía que con la ayuda de Dios iba a salir de allí”.

Un martillo y sus manos

Pasarían otras 48 horas antes de que un vecino —un hombre alto y delgado llamado Lucas Wilson— escuchara los apagados sollozos de Rachel. Sin más herramientas que un martillo y sus manos, Wilson cavó lenta y trabajosamente entre los escombros un túnel que le permitió llegar hasta la joven y rescatarla. Wilson salvó de la misma manera a tres vecinos más.

Mientras Rachel cuenta su historia, Wilson se acerca y se sube a las ruinas de lo que alguna vez fue el hogar de la familia de la joven. Semanas después del terremoto, Wilson aún carga constantemente un vapuleado martillo y una sierra oxidada.

Cuando alguien le pregunta qué le sucedió a la vecina de Rachel que pedía ayuda a los gritos, Wilson señala un cráneo humano que se encuentra en la profundidad de los escombros, entre dos paredes derrumbadas, y explica que la mujer murió acunando a su hijito.

La vida en el campamento

Rachel vive ahora en un pequeño refugio provisional en el parque Champ de la Paix, en Puerto Príncipe. Se trata de uno de los centenares de asentamientos de desplazados que se han establecido en la capital y alrededores. La vivienda de Rachel tiene por paredes varias sábanas viejas y un mantel. El techo de la misma es una lámina de plástico que le protege de la lluvia. La joven comparte el refugio provisional con varios integrantes de su familia. Ninguno, salvo Rachel, sufrió lesiones durante el terremoto. Las únicas pertenencias de Rachel consisten en un cubo de agua y una pequeña pila de prendas de vestir.

“Aquí vivimos siete personas”, explica. “Es una vida difícil, porque cuando llueve nos mojamos y cuando hace sol, el calor es intenso. Además, tenemos problemas para obtener comida”.

Rachel todavía tiene vendada la mano derecha, que aún no puede mover.

“Lo que sí puedo hacer es ir todos los días a buscar agua”, dice mientras demuestra cómo puede transportar un cubo de agua con la mano ilesa. “Debido a que tengo la mano aplastada, es poco lo que puedo hacer”.

Esperanzas de una vida normal

Rachel pasa la mayor parte del día pensando cómo vivía antes del terremoto y de qué manera su patria podrá recuperar algo semejante a la normalidad.

“Es muy importante que los jóvenes participen en la reconstrucción de Haití porque la actual situación del país no es nada buena”, comenta.

Rachel está desesperada por volver a clase. Su experiencia y la lesión que ha sufrido le han hecho pensar en que quiere ser doctora, aunque sabe que para lograrlo deberá recorrer un camino largo y difícil.

“Me gustaría que todos pudiéramos volver a clases, porque si uno no va la escuela no puede hacer nada”, termina diciendo Rachel.


 

 

Vídeo (en inglés)

3 de marzo de 2010: El corresponsal de UNICEF, Thomas Nybo, informa sobre la experiencia de una joven que permaneció enterrada durante dos días tras el terremoto de Haití del 12 de enero pasado.
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