Haití

Diario de campo: La reunificación de una familia haitiana separada por el terremoto

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Iste Mui Vincent solloza mientras abraza a su hija Sterling, de cinco años de edad, de quien estuvo separado durante más de un mes. El reencuentro se produjo cerca de un campamento de refugiados de Puerto Príncipe, la devastada capital haitiana, donde se encuentra Elude, la tía de la niña.

Por Shezhad Noorani

PUERTO PRÍNCIPE, Haití, 27 de marzo de 2010 – Mientras trabajaba de fotógrafo de UNICEF en Haití, tuve el placer de conocer a Sterling Vincent, una niña de cinco años de edad que había quedado separada de su familia como consecuencia del terremoto del 12 de enero. Aunque sólo estuve con ella dos días, fueron suficientes para que nunca pueda olvidar su alegría, su valor y su empeño.

El equipo de socorro de emergencia de UNICEF se enteró de la situación de Sterling por un trabajador en el terreno. La niña vivía con una familia de acogida en el vecindario de Carrefour Feuille de esta ciudad capital.

Recreando el pasado

Debido a que Sterling no podía dar información verificable sobre sus padres o la ubicación de su hogar, Marie de la Soudière, Especialista en Protección Infantil de UNICEF, decidió emplear una técnica especial mediante la cual la niña dibujó todo lo que pudo recordar sobre su pasado.

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Poco antes de reencontrarse con su padre, Sterling Vincent conversa con Wersner Gesegen, trabajador voluntario de localización de niños separados de sus familias, y con Marie de la Soudière, Especialista en Protección Infantil de UNICEF, frente a la vivienda de la familia que albergó provisionalmente a la niña en el vecindario de Carrefour Feuille, en Puerto Príncipe.

En 30 minutos, Sterling había hecho un dibujo de su casa en el que también aparecían un cementerio y una iglesia del vecindario. La niña también recordó importantes detalles sobre su hermana, así como los nombres de su maestra y del pastor de su iglesia.

Con esos datos, y con Sterling a la cabeza, los integrantes del equipo de UNICEF iniciamos la búsqueda del hogar de la niña.

Caminamos varios kilómetros a paso veloz guiados por Sterling en un recorrido que nos llevó a varios sitios destacados de Puerto Príncipe, como el estadio central de la capital. Cada tanto, Sterling se detenía y hacía algún comentario sobre algo que reconocía, como una casa en ruinas o la tienda donde su familia solía comprar pan.

A veces nos parecía que nos habíamos embarcado en una búsqueda infructuosa. Los adultos transpirábamos, y nos costaba mantener el ritmo de marcha. Varios nos preguntamos si la niña sabría adónde se dirigía.

Desilusión

De repente, Sterling comenzó a correr por una calle empinada, cantando y bailando. Seguimos sus pasos entre los escombros y a través de varios asentamientos provisionales hasta que llegamos a un conjunto de casas aún en pie. “¡Tía Elude!”, gritó la niña.

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Sterling Vincent hace un dibujo de su hogar para que le evoque recuerdos que faciliten la labor de reunificación de la niña con su familia.

De una de esas casas salió una mujer que resultó ser la tía de Sterling, quien, además, albergaba en su hogar a Shasha, la hermana mayor de Sterling. Tía Elude nos mostró un trozo de papel con un número de teléfono y nos dijo que en ese teléfono podíamos localizar al padre de Sterling.

Sterling llamó desde uno de nuestros teléfonos celulares, y cuando el aparato comenzó a sonar todos contuvimos la respiración. Lamentablemente, no escuchamos los gritos de alegría que esperábamos de Sterling sino claras señales de que había un problema, una confusión. Durante la llamada, la niña habló con varias personas, pero quedó convencida de que no se había comunicado con su padre.

Nos despedimos de la Sra. Elude y Shasha y emprendimos el regreso, desesperanzados.

Una grata sorpresa

Cuando llegamos al pie de la colina, sin embargo, se produjo una grata sorpresa. Un hombre con los brazos extendidos y los ojos llenos de lágrimas comenzó a caminar en nuestra dirección. Sterling lo reconoció de inmediato. “¡Papá!”, gritó la niña mientras corría a abrazarle.

En realidad, Sterling había hablado por teléfono con su padre, Iste Miu Vincent, pero no había reconocido su voz. No bien escuchó a su hija, Vincent corrió hacia una mototaxi, cuyo conductor le quiso cobrar demasiado. “No importa”, dijo el padre. “¡Lléveme, que me espera mi hija!”.

Tras el encuentro, Vincent recordó el día en que quedó separado de su hija. Unos 10 días después del terremoto, el padre salió de madrugada a trabajar, dejando a Sterling y Shasha con su tía. “Cuando regresé esa noche, me enteré que Sterling no estaba”, contó el padre. “Me dijeron que había ido a comprar pan y que nunca había regresado”.

La familia unificada

En colaboración con el Gobierno de Haití, UNICEF y sus aliados verificaron el relato del padre, comparándolo con la información que habían obtenido de los testigos, la familia anfitriona de Sterling y los dirigentes comunitarios. Una vez comprobada la veracidad de la versión de Vincent, quedó oficializada la reunificación de la familia.

Nuestro grupo compró algunos obsequios para la familia de acogida de Carrefour Feuille y le entregó a Sterling cuadernos, lápices de colores y jabones. Cuando se despedía de quienes le habían proporcionado cobijo y atención, la niña sacó una barra de jabón de su bolsa y se lo regaló a una mujer de la comunidad.

De regreso en el vecindario de Sterling, muchas familias salieron de sus viviendas y se volcaron en las calles polvorientas para darle la bienvenida. Cuando llegamos al hogar de la familia Vincent, en lo alto de una colina que domina la capital, lo primero que hizo Sterling fue guardar la bolsa con los regalos que acababa de recibir. Y luego, lentamente, extrajo un bloc de notas y una caja de crayones, se sentó en el suelo de su habitación con las piernas cruzadas, y comenzó a dibujar.

Jennifer Bakody colaboró en la elaboración de este artículo.


 

 

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