Haití

Diario de campaña: Suministros y protección para los niños y niñas no acompañados en Haití

Imagen del UNICEF
© UNICEF/NYHQ2010-0043
Sandie, una superviviente herida del terremoto de 9 años de edad, en un hospital de campaña de la base logística de la misión de las Naciones Unidas cerca del aeropuerto de Puerto Príncipe, Haití. Al igual que Sandie, hay numerosos niños y niñas no acompañados que UNICEF está reubicando en un hogar gestionado por el Centre for Action and Development, una ONG local.

Por Tamar Hahn

La Especialista Regional en Comunicaciones de UNICEF, Tamar Hahn, ha sido la principal portavoz del organismo en la zona de Haití afectada por el terremoto. A continuación, un nuevo artículo sobre la situación.

PUERTO PRÍNCIPE, Haití, 19 de enero de 2010 – Ya ha pasado una semana desde que un terremoto convirtió lo que ya era una zona desesperadamente pobre del mundo en una situación de emergencia humanitaria en todo el sentido de la palabra. La carrera contrarrreloj para proporcionar socorro a la gente de Haití sigue en marcha.

Los suministros llegan todos los días por tierra y por aire, y la distribución de agua potable, alimentos, botiquines de higiene y otros suministros de socorro ha mejorado enormemente. Sin embargo, todos los días presentan un nuevo desafío.

Cientos, si no miles, de personas están escapando de Puerto Príncipe, con sus pertenencias atadas en un fardo o apiladas en maletas que llevan sobre sus cabezas mientras tratan de huir al campo. Sin embargo, todavía hay miles de personas hacinadas en los campamentos que se establecieron espontáneamente en torno a la capital en plazas y en escuelas, e incluso en un campo de golf.

Una gran capacidad para reponerse

Estos campamentos se han convertido en un microcosmos de la supervivencia. En uno de ellos, un hombre ha llevado un generador que utiliza para cargar cientos de teléfonos celulares. Entre tanto, las mujeres cocinan en fogatas abiertas cualquier tipo de comida que consiguen encontrar. En algunos campamentos han establecido incluso comités para coordinar sus necesidades.
Aunque hay casos de saqueos y de violencia en algunas zonas, lo que yo he visto más ha sido una gran capacidad para reponerse de las personas de este país.

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Una niña no acompañada que resultó herida durante el terremoto descansa en un hospital de campaña cerca del aeropuerto de Puerto Príncipe. Como los niños y niñas del hospital se han hecho amigos, permanecerán allí hasta que todos estén lo suficientemente bien como para mudarse juntos.

UNICEF y sus aliados consiguieron superar la escasez de combustible para enviar 140 camiones cisterna con el fin de distribuir hoy agua a unas 140.000 personas. Se entregaron asimismo suministros a un orfelinato donde viven 40 niños y niñas y se espera que lleguen pronto otros 50.

Hoy también tratamos de evaluar la situación de los niños y niñas separados y no acompañados. Es una tarea que lleva mucho tiempo –simplemente para recorrer la ciudad se necesitan varias horas– pero cada día que pasa el panorama se hace más claro, y UNICEF está adoptando medidas para ofrecer una solución.

Alrededor de 900 de estos niños y niñas, que se encuentran solos en medio de esta emergencia, serán enviados a centros provisionales establecidos por UNICEF para alojarlos, alimentarlos y atenderlos.

Una vigilancia especial a los niños

Mi primera parada fue el hospital de campaña donde, a finales de la semana pasada, conocí por primera vez a dos niños no acompañados –Sean, de 7 años, y Niña Pequeña” (nadie sabe cuál es su nombre real), de 2 años. Esta vez, volví a visitar el lugar con la Asesora Regional de Protección Infantil de UNICEF, Nadine Perault, para llevar a estos niños y a otros dos –Sandie, de 9, y Medoshe, de 6– a uno de los centros.

Sin embargo, los médicos dijeron que Sean y Medoshe no están todavía preparados para marcharse; sus heridas no se han curado aún y corren el riesgo de que se infecten. Sean y Sandie se han hecho rápidamente amigos, y una mujer cuyo hijo de 15 años está todavía en el hospital, se ha convertido en la madre adoptiva de Niña Pequeña.

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Un conductor de UNICEF habla con unos niños en un orfelinato del vecindario de Tabarre, en Puerto Príncipe, donde contribuyó a distribuir 720 litros de agua.

Pensamos que sería mejor llevar a todos los niños juntos. Así que durante los próximos dos días, seguirán juntos en un extremo de la tienda de campaña, cerca del lugar de descanso para los médicos y las enfermeras. Esto facilitará que el personal médico los vigile de cerca, ya que varias personas han intentado llevarse niños y niñas fuera del país.

La adopción ilegal era un tema de preocupación antes del terremoto. En medio del caos que siguió a la catástrofe se ha convertido en un problema para las autoridades de Haití, que temen que la salida de niños y niñas del país sin que se sigan los procedimientos legales adecuados.

Aunque la adopción puede ser una opción viable para muchos niños y niñas que han perdido a sus progenitores, es razonable pensar que mucha gente todavía está buscando a sus hijos o que los niños y niñas están buscando a sus parientes. Para evitar la salida ilegal de muchos niños y niñas, UNICEF ha asignado a dos empleados especializados la tarea de controlar la documentación en el aeropuerto.

“Sólo quiero ir a casa”

Marie-Yolaine, otra niña de 9 años, llegó ayer al hospital con un brazo roto. Es un buen ejemplo de por qué necesitamos tratar de hacer lo mejor que podamos para los niños y niñas que carecen de la atención de sus progenitores en Haití.

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Marie-Yolaine, de 9 años de edad, habla con un voluntario en un hospital de campaña cerca del aeropuerto de Puerto Príncipe. Fue abandonada allí después de resultar herida en el terremoto.

Marie-Yolaine es una “restavek”, una de los casi 200.000 niños y niñas de Haití a quienes sus padres empobrecidos entregaron a parientes o familias desconocidas con la esperanza de que tuvieran una vida mejor. La realidad es que a estos niños y niñas se les obliga a trabajar como sirvientes domésticos, sin ir a la escuela y sujetos a la violencia y los malos tratos.

Cuando el terremoto sacudió Haití la semana pasada, Marie-Yolaine había salido en busca de agua. Cuando un bloque de cemento le rompió el brazo, la familia con la que estaba la llevó al hospital y la dejó allí por su cuenta. Ahora lo único que quiere es que la llevemos de vuelta a su pueblo de Les Cayes, en el sur del país, donde nació.

“Mi madre ha muerto, pero creo que mi padre está todavía vivo”, dice. “Si me llevan allí, puedo reconocer mi casa. Sólo quiero ir a casa”.


 

 

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