Haití

UNICEF entrega suministros para salvar las vidas de niños y familias afectadas por los huracanes en Haití

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© UNICEF 2008/Pittenger
Fernando Thermidor, de 2 años, y su madre Judith mira a través de la vetana de la Escuela Nacional Jubilee donde su familia de cinco ha buscado refugio de las inundaciones en Gonaïves, Haití.

Por Jasmine Pittenger

Pero esto no es una pataleta normal de un niño de dos años. Fernando y su madre, Judith, se encuentran apretados como sardinas en lata en un aula escolar en Gonaives (Haití) donde, junto a casi 200 personas más, se han refugiado de las repentinas inundaciones.

"Hemos estado durmiendo aquí -toda la familia- durante toda la semana. Cuando el nivel del agua subió, tuvimos que salir corriendo de nuestra casa sólo con la ropa que llevábamos puesta", cuenta Judith, mientras usa una mano para mostrar que el nivel del agua en su casa llegó hasta la mitad de su muslo.
 
Uno tras otro, en sólo tres semanas, los huracanes Faye, Gustav, Hanna and Ike han arrasado con Haití. Las inundaciones repentinas a raíz de los huracanes han afectado a 800,000 personas en todo el país.

Sólo en Gonaives, alrededor de 70,000 personas viven en refugios improvisados, como la Escuela Nacional Jubilee, donde la familia de Fernando se está quedando. Estas personas tienen hambre, están agotadas luego de tener que luchar contra el agua fétida y fangosa de las calles de Gonaives para abrirse camino, y necesitan agua limpia para beber.

Los suministros emprenden un difícil camino a Gonaives

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Sender Doristil vino solo a la Escuela Nacional Jubilee para conseguir alimentos para su familia, quiénes tienen un recién nacido en casa.

Los refugiados gritan de emoción al ver llegar el camión de distribución, que trae agua potable de UNICEF y alimentos del PMA. Estos suministros ayudarán a evitar el hambre y la sed, así como enfermedades transmitidas por el agua, que son la principal causa de muerte entre niños y niñas después de una emergencia como ésta, en la que un gran número de personas se ven obligadas a vivir juntas en espacios muy limitados y sin saneamiento adecuado.

El agua y los alimentos que serán distribuidos hoy han hecho un viaje casi tan arduo como los propios haitianos para llegar aquí. Todos los caminos y los puentes que conectan a Gonaives con el resto del país están destruidos, y la ayuda humanitaria sólo puede llegar a la zona en helicóptero y barco.

Los desafíos no terminan ahí. Una vez que los suministros han llegado a Gonaives, deben ser entregados con la escolta de los cascos azules de Naciones Unidas, para garantizar que lleguen a las manos de quienes más los necesitan.

Más ayuda en camino

Las dificultades logísticas de transportar 60,000 litros de agua y muchos cientos de equipos de higiene familiar a Gonaives para ser entregados a niños, niñas y familias, como las que se encuentran hoy en este refugio, son innumerables.

Y estos son sólo los primeros suministros necesarios para que las familias afectadas sobrevivan los primeros días de la crisis. Muchas toneladas adicionales de suministros de emergencia ya están en camino, 11,5 toneladas de mantas, equipos de higiene, tabletas de purificación de agua y sales de rehidratación oral han sido enviados por vía aérea desde la sede de suministros de UNICEF en Copenhagen.

El envío incluye además equipos educativos -“escuelas en una caja”- que ayudarán a reconstruir el sistema educativo después del desastre.

Miles de personas reciben ayuda humanitaria

El patio de la Escuela Nacional Jubilee se ve cada vez más pequeño en la medida que miles de personas emergen de las aulas en las que están refugiadas. Casi la mitad de los que se ponen en la fila son niños. Muchos de ellos sólo visten harapos; los niños y niñas más afortunados visten camisetas deportivas de colores vivos que sólo fueron ligeramente rasgados cuando comenzó este calvario. Todos están cubiertos de barro.

La fila avanza lentamente. Un niño, una mujer y un hombre a la vez, cada persona recibe una ración de agua potable, suministros de higiene y galletas nutritivas.

"Vine aquí hoy para que mi familia pueda comer, para que puedan beber agua", dice Doristil Sender, un niño que parece tener diez años de edad. Con otros cuatro niños en casa, incluyendo un bebé recién nacido, su madre no pudo acompañarlo a hacer la fila.

Sin embargo, la familia Sender es una de las familias más afortunadas. Su casa, aunque está inundada, sigue en pie y la familia logró desplazarse al techo, donde han improvisado una carpa.

Gran injusticia

Es difícil no preguntarse cómo agravará, la miseria infligida por los cuatro huracanes, la pobreza en la que la mayoría de los haitianos ya viven.

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Con barritas energéticas atadas a sus camisetas y botellas de agua en la mano, los niños – siempre los más vulnerables en emergencias como la secuela de huracán en Haití – están mejor preparados para tratar con su permanencia en el refugio.

"Haití es actualmente el país más pobre del hemisferio occidental. Es un país que lucha por salir a flote en el agua sucia provocada por años de corrupción y violencia. Es un país donde la escasez de alimentos causó violentos disturbios tan recientes como el pasado abril ", comenta Nils Kastberg, Director Regional de UNICEF para América Latina y el Caribe. "El que este país sea afectado ahora por cuatro huracanes consecutivos en tan poco tiempo me parece una injusticia tremenda".

Pero Sender Doristil, de diez años, que acaba de recibir una ración de agua, alimentos y suministros esenciales de higiene, evidentemente no está pensando en lo que es o no justo. Él está concentrado en cargar su paquete con mucho cuidado, con la cabeza bien alta, orgulloso de llevar consigo ayuda que de seguro salvará la vida de su familia.


 

 

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