Haití – País en crisis

Historias reales

Los niños deben estar en la escuela y no en las calles

Imagen del UNICEF
© UNICEF Haiti/2004/ Delvigne-Jean
Marie-Pierre lleva viviendo en las calles desde que tenía 10 años.

Por Thierry Delvigne-Jean

PUERTO PRÍNCIPE, Haití, 3 de mayo de 2004—Son los niños y las niñas más vulnerables de uno de los países más pobres de la tierra. La pobreza extrema, el abandono o los malos tratos les obligaron a escapar de sus casas cuando eran pequeños. No han podido acudir a la escuela ni han recibido atención de la salud, y muy pocas veces saben dónde van a pasar la noche o qué van a comer. Para los miles de niños y niñas que viven en las calles de Puerto Príncipe, la vida es sobre todo una lucha cotidiana para sobrevivir.

En las calles, las niñas son especialmente vulnerables. No pueden practicar algunas de las actividades reservadas para los niños, como limpiar zapatos o lavar automóviles. A menudo, su única alternativa es ofrecer favores sexuales a cambio de comida, dinero o refugio, lo que aumenta el peligro de que se infecten con el VIH.

Llegar a los niños y niñas de las calles

Para ofrecer a estos niños y niñas oportunidades concretas a fin de que abandonen las calles y se reintegren en la comunidad, el UNICEF presta apoyo a varios centros para niños y niñas sin hogar como parte de sus programas de protección y educación.

El centro Lakou es uno de ellos. Todos los días, alrededor de 200 niños, niñas y jóvenes atraviesan el amplio patio del centro para recibir una comida adecuada, ducharse o simplemente jugar con sus amigos en un entorno protector.

Es en las calles donde el personal de Lakou –que significa patio en creole– conoce por primera vez a los niños y niñas. Todas las noches, equipos de educadores caminan por las calles de la capital para encontrarse con ellos. Durante estos contactos, basados en la confianza y la amistad, los niños y niñas de la calle son conscientes de sus necesidades, una fase crucial para su reintegración según Atilio Stra, la directora de Lakou.

“Una necesidad debe convertirse en un deseo: el deseo de estar limpio, de comer de manera apropiada, de ir a la escuela, de socializar. Si los propios niños y niñas no son conscientes de sus necesidades, no tienen el deseo de cambiar y mejorar sus vidas”, dice la Sra. Stra.

Refugio seguro y una estructura educativa para la infancia

En el patio, iluminado por la luz del sol, se escuchan las risas de los jóvenes. Los niños y niñas que llaman a las grandes puertas metálicas son recibidos por educadores que les dan la bienvenida y les escuchan. Una vez dentro, se comprometen a cumplir tres reglas simples: no mentir, no robar, respetar a los demás. “Recibimos a los niños tal como son, no como nos gustaría que fueran”, dice la Sra. Stra. “Les gusta que les demos la bienvenida, que les abracemos; necesitan señales de afecto que no sean abstractas, sino concretas”.

Pero Lakou es mucho más que un lugar seguro donde los niños y niñas de la calle pueden escapar a los peligros de la ciudad. El centro, que recibe ayuda del UNICEF, ofrece a los niños, las niñas y los jóvenes un programa de actividades en un entorno estructurado. Pueden recibir una educación, aprender aptitudes para la vida práctica y desarrollar destrezas sociales jugando y relacionándose con los demás.

Después de varios años pidiendo en las calles, la mayoría de estos menores de edad han aprendido a no confiar en los adultos y a sentirse incómodos en un entorno estructurado y demasiado formal. Muchas escuelas públicas incluso se niegan a recibirlos por miedo a que causen problemas.

Los programas de Lakou les preparan y les equipan para regresar a la escuela. Los niños y niñas más pequeños van a clases de alfabetización básica, y se les anima a que vayan a la escuela pública más cercana cuando estén preparados.

La formación profesional es también una parte integral del programa para niños y niñas de mayor edad. En el edificio principal que hay frente al patio, más de 100 jóvenes de ambos sexos, entre los 16 y los 25 años, están muy ocupados aprendiendo nuevas aptitudes. Los seminarios de Lakou les ofrecen varios cursos de formación profesional, como mecánica, electricidad, carpintería, diseño de ropa y cocina.

Grandes peligros para las niñas que viven en las calles

En una de las clases, una docena de niñas se reúnen en torno a mesas de gran tamaño. Marie-Pierre, una adolescente de aspecto frágil, da los últimos toques a una falda. Desde que tenía 10 años ha estado viviendo en las calles. Cuando sus dos progenitores murieron, solamente tenía unos pocos años y su tía la trasladó a la capital y la empleó como sirvienta en una familia.

Como ocurre con muchos niños y niñas que trabajan como empleados domésticos –hay más de 120.000 en todo el país– trató de huir de la explotación y el abuso y terminó en las calles. Ahora trata de conseguir algo de dinero mendigando en las calles, pero espera que la formación que está recibiendo en Lakou le permita encontrar un trabajo como modista.

“Las clases me han alejado de las calles y me han dado capacidades que me resultarán útiles en el futuro” dice. “La vida en las calles no resulta fácil, y aquí puedo estar con mis amigos, lejos del peligro de la calle”.

Las calles son más peligrosas para las niñas o las mujeres jóvenes, y muchas de ellas se ven obligadas a buscar la protección de muchachos mayores que ellas a cambio de favores sexuales. Marie-Pierre dice que sin un hombre que la proteja, habría sido víctima de violaciones o palizas por parte de otros muchachos.

Pero la violencia de la calle no es el único peligro que estas niñas tienen que enfrentar; su comportamiento acentúa también el riesgo de contraer el VIH y otras enfermedades. Por eso es que en Lakou se ofrecen también clases de prevención del VIH/SIDA, orientación y servicios de pruebas, en colaboración con un centro local de la salud.


 

 

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