La catástrofe del tsunami: Países en crisis

Las escuelas reconstruidas restauran la normalidad

Efectos a los niños

Imagen del UNICEF
© UNICEF/NYHQ2008-1356/Pietrasik
Varios alumnos salen de la nueva escuela Al Badur Vidhyalaya, Sri Lanka. La escuela, que fue reconstruida con ayuda de UNICEF, había sido demolida por el tsunami de 2004, y sus alumnos debieron asistir provisionalmente a clases en diversos edificios.

Por Jane O’Brien

NUEVA YORK, Estados Unidos, 23 de diciembre de 2008 –El tsunami de 2004 tuvo consecuencias particularmente graves para los niños y niñas. Miles de ellos perdieron a sus familiares, quedaron desamparados y sufrieron  una conmoción que alteró profundamente sus vidas.

M.A. Razeen y S. Mohammed Fazith tenían sólo seis años de edad cuando el tsunami devastó Akkarapattu, una comunidad mayormente musulmana de Sri Lanka. M.A. Razeen perdió a un hermano de corta edad que murió tras ingerir agua contaminada. S. Mohammed Fazith, por su parte, le debe la vida a su padre, que lo rescató de las aguas.

“Estaba jugando, y de pronto vi que el mar se abalanzaba en mi dirección”, recuerda. “Fui a decírselo a mi madre, y luego regresé donde estaba. Fue entonces que vi las enormes olas. Quise huir corriendo pero me caí. Sin embargo, mi padre me rescató del agua”.

Retorno a una escuela permanente
S. Mohammed Fazith y su familia pasaron varios meses en casa de su tío mientras su casa era reconstruida. El niño asistía a clases en una choza instalada en los predios de la mezquita de la zona. “Era muy difícil estudiar”, comenta el niño. “Con frecuencia entraban al aula perros y vacas, y nosotros teníamos que limpiar los excrementos. Además, no teníamos letrinas ni instalaciones sanitarias”.

Imagen del UNICEF
© UNICEF/NYHQ2008-1274/Estey
Varias niñas barren y limpian los alrededores de las nuevas letrinas y grifos en la escuela primaria SDN Karang Rejo de la aldea de Bener Meriah, en la provincia de Aceh, en Indonesia. Las instalaciones fueron suministradas por UNICEF.

“Tampoco había suficiente agua potable”, añade M.A. Razeen. “Para beber, debíamos sacar agua del pozo. El techo tenía goteras y el aula no tenía puertas. Además, hacía mucho calor porque los rayos del sol daban directamente en el recinto”.

Hoy en día, los niños pasan frente a los restos de la vieja escuela cuando se dirigen  al edificio nuevo, que se inauguró este año.

En el nuevo establecimiento, que fue construido por UNICEF y sus aliados, estudian los niños y niñas de 150 familias de la zona. La casa de estudios, que fue construida siguiendo las normas de las escuelas acogedoras para los niños, cuenta con 10 aulas. Sus alumnos reciben sin cargo uniformes escolares suministrados por el gobierno, así como cuadernos y libros y almuerzo en la escuela. Los estudiantes están tan complacidos con la nueva escuela que su director cree que pronto aumentará el número de alumnos matriculados.

La protección de los niños amenazados por los conflictos

Esta historia se repite en otras comunidades afectadas por el tsunami.

Otra escuela de Sri Lanka, la escuela Thruppathi Vidhyalaya, fue reconstruida con los fondos aportados por UNICEF. La reconstrucción terminó en junio de 2008, y a esa escuela asisten ahora 75 alumnos y alumnas de cinco a 10 años de edad procedentes de una comunidad tamil pobre. Mientras se construía la nueva escuela, Ramya, de 10 años, asistió a clases en una comunidad vecina donde corrió peligro debido a que la región sufre los efectos de un violento conflicto civil.

“Era muy difícil estudiar aquí”, dice la niña. “Escuchábamos los disparos de armas de fuego y se combatía mientras nosotros estábamos en clases. Vinimos aquí porque teníamos miedo”.

“Aquí hay más maestros, y son mejores. La enseñanza también es mejor. Aquí nos han construido un baño y venimos a la escuela en una camioneta que nos pasa a buscar. Si salimos de nuestras casas a las 7 de la mañana podemos llegar a la escuela a las 7:30”, agrega. “Además, aquí tengo amigas”.

Fe en el futuro
Putri, una niña de 11 años que vive en la provincia indonesa de Banda Aceh, ha vuelto sentir esperanzas desde la inauguración de la escuela Peukan Bada.

“Me gustan las matemáticas”, comenta. “Si aprendo matemáticas puedo conseguir cualquier empleo que quiera. Cuando tenga que trabajar, no triunfaré si no sé matemáticas. Por eso me gustan las matemáticas. Además, sé contar muy rápido”.

La reanudación de la actividad escolar ha servido para que estos niños y niñas damnificados por el tsunami  recuperen la sensación de normalidad. A largo plazo, mediante el suministro de un ámbito seguro de aprendizaje y la promoción de la educación, UNICEF y sus aliados han ayudado a que las comunidades y los niños y niñas afectados por el desastre no pierdan las esperanzas de un futuro mejor.


 

 

Vídeo (en inglés)

Diciembre de 2008: Jane O’Brien, corresponsal de UNICEF, informa sobre los efectos desproporcionadamente graves del tsunami en las vidas de los niños.
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