La catástrofe del tsunami: Países en crisis

Sri Lanka: Siete hermanos y hermanas juntos de nuevo

Imagen del UNICEF
© UNICEF/2005/Burlingame
El trabajador social de UNICEF, Thambipillai Sarojini, juega con los hermanos Nishanthini de 12 años, Nirojan, Niranjan y Sarivina.

Por Tani Ruiz

BATTICALOA, Sri Lanka, 4 de junio 2005 – Viéndolos jugar parecen animalillos. A veces incluso se golpean. Pero hasta cuando se pelean, estos siete hermanos de  Sri Lanka son felices por estar juntos de nuevo. Perder a sus progenitores y sus hogares fue lo suficientemente  terrible como para añadir el dolor de estar separados.

“A veces me enfado con mis hermanos y con mi hermana, pero en realidad, estoy muy contento de que estemos juntos de nuevo”, dice Nishanthini de 12 años. Tiene cinco hermanos, tres mayores y dos más jóvenes, además de una hermanita de 5 años, la benjamina.

Estos niños y niñas son de Navalady, que era un pueblo de alrededor de 600 familias en el distrito de Batticaloa, al este de Sri Lanka. Tras el tsunami fueron recibidos allí por un tío que había perdido a toda su familia excepto a un hijo. Ante la imposibilidad de  hacerse cargo de ellos él mismo, colocó a cada uno de los niños con diferentes personas, la mayoría familiares lejanos. A Nishanthini la llevó a un orfelinato.

El que encontrasen un centro de acogida que les cuidara y les alimentara a todos juntos no se debió a un golpe de suerte sino al enérgico esfuerzo del personal de UNICEF, que contribuyó en la ejecución de un  nuevo programa gubernamental para la tutela de menores que quedaron huérfanos y abandonados a causa del tsunami.

Imagen del UNICEF
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Nishanthini regresa a la escuela, gracias a los programas de educación y protección de UNICEF.

El director del programa de Reintegración de UNICEF Patrick Halton había amparado a estos niños y niñas antes del tsunami y conocía a sus padres. Después del desastre,  Patrick alertó a la trabajadora social de UNICEF Thambipillai Sarojini y al personal del Departamento de Libertad Vigilada y Servicios de Guardería, y les pidió que encontrasen a los niños. Tenazmente, emprendieron la tarea de unir todas las piezas del rompecabezas, lo que significó localizar a cada niño y niña, uno por uno, en un distrito que además de haber sido abatido por las olas se encontraba en la frontera de una zona en conflicto bélico desde hace más de dos décadas.

Al primer niño que encontró Sarojini fue a Niranjan, de 8 años, que estaba viviendo con un pariente lejano. No iba a la escuela y se había vuelto introvertido. Niranjan le habló de su hermano de 10 años, Nirojan. A las dos semanas, con la ayuda de un funcionario de libertad vigilada, Sarojini había resuelto el misterio del paradero de cada niño y de cada niña. Fueron los propios niños, al preguntarles dónde querían estar, los que eligieron a su tía Thevika.

Thevika es la esposa de uno de los tíos de los niños. Ella, su marido Ganeshan y tres hijos adolescentes viven en una modesta vivienda de dos habitaciones en Batticaloa.

Para Thevika, una persona amable y sensata, la decisión de asumir la función de madre de otros siete niños no necesitó de mucha reflexión. “Me tomé muy seriamente la responsabilidad de reunir a estos niños y niñas. Estos pequeños ya habían sufrido lo suficiente como para tener también que crecer separados unos de otros”, dijo Thevika.

Thevika es una de las 40 personas llamadas ”Idóneas” del distrito de Batticaloa que han sido legalmente aceptadas como progenitores adoptivos. En el distrito de Batticaloa hay registrados aproximadamente 650 niños y niñas “separados” cuyos progenitores verdaderos murieron en el tsunami pero que tienen parientes vivos. Los 40 padres o madres adoptivos aprobados bajo el esquema de “Personas idóneas” tienen a su cargo a un total de 85 niños y niñas. Otros 60 casos de “Personas idóneas” continúan pendientes.

Los progenitores adoptivos son identificados y nombrados por oficiales de libertad vigilada. Una vez que han pasado la inspección del magistrado, tienen derecho a recibir 500 rupias (5 dólares) al mes por cada niño acogido, cantidad ofrecida por UNICEF.

En Sri Lanka no existe la tradición de adoptar niños, y es frecuente que los huérfanos, o incluso los niños y niñas con padre y madre, se envíen a los orfanatos, principalmente a causa de la pobreza. Pero se están dando pasos hacia el cuidado infantil a nivel de la comunidad, que es el aspecto primordial del trabajo llevado a cabo por UNICEF para la protección de la infancia.

Sarojini visita regularmente a Thevika para comprobar cómo les va a los niños y niñas de acogida. Lo mismo hace Patrick, con quien los niños mantienen estrechos lazos de cariño.

“Les va muy bien. Juntos están mucho mejor”, dice  Sarojini a dúo con Thevika. “Antes sufrían mucho. Por supuesto que echan en falta a sus padres, pero han mejorado mucho desde que han vuelto a reunirse”, dice Thevika.

A Nishanthini le encanta ir a la escuela y está decidida a terminar su educación escolar – un plan para el que cuenta con el apoyo absoluto de Thevika. La madre adoptiva quiere que todas sus sobrinas y sobrinos acaben sus estudios y consigan buenos trabajos. “Sus padres habían soñado con que sus hijos e hijas fueran profesores o médicos. Yo quiero ahora que conviertan esos sueños en realidad”.


 

 

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