República Centroafricana

Los ataques de los bandidos provocan desplazamientos masivos de pobladores de la región noroccidental de la República Centroafricana

Imagen del UNICEF
© UNICEF/2007/ Holtz
En la región noroccidental de la República Centroafricana, una niña de la comunidad peuhl recibe suministros de emergencia de UNICEF.

Por Emily Bamford

BOSSANGOA, República Centroafricana, 18 de enero de 2008 – A pesar del dolor y las penurias que sufren por haber sido desplazados de sus hogares, los integrantes de la comunidad peuhl de la República Centroafricana mantienen sus formas de vida tradicionales. Por ejemplo, continúan vistiendo sus inmaculadas prendas de colores vivos y lucen collares y alhajas de cuentas, lo que resulta una verdadera hazaña si se considera la odisea que viven desde hace varias semanas.

Recientemente, los pobladores peuhl de la aldea de Tatali, localizada en la zona de Bozoum, en la región noroccidental de la República Centroafricana, debieron huir debido a las actividades de bandas de asaltantes de caminos conocidos localmente por su nombre en francés, “coupeur de route”.
 
Tradicionalmente, los peuhl o “gente de Mbororo” han sido pastores nómadas, aunque en tiempos recientes han adoptado un modo de vida relativamente sedentario y se han asentado en aldeas como Tatali. El aspecto central de su cultura tradicional consiste en la crianza de grandes rebaños, gracias a los cuales disfrutan de seguridad financiera y una relativa prosperidad.

Esa prosperidad les ayudó en el pasado a eludir las consecuencias de la constante situación de conflicto en la República Centroafricana. Pero en épocas más recientes, el relativo bienestar económico de los peuhl les ha convertido en blanco tentador para las numerosas bandas de delincuentes que abundan en la región noroccidental del país.

Se llevaron todo lo que estaba a la vista

Un nutrido grupo de mujeres y niños y niñas de la comunidad peuhl vive actualmente en una choza en las afueras de Bossangoa, que habitualmente sirve de refugio a los pastores. La estructura, en esencia un establo, brinda muy poca protección de la lluvia debido a las goteras.

Carentes de alimentos y agua corriente, esos aldeanos luchan por sobrevivir. La mayoría ha perdido todas sus pertenencias y muchas de las mujeres perdieron familias.

Una mujer narró que en medio de la noche sus hogares fueron invadidos por hombres que “se llevaron todo lo que estaba a la vista, y atacaron y secuestraron a los que no lograron huir a tiempo”.

Privados de sus pertenencias, ahorros y medios de subsistencia –y aterrados ante la posibilidad de que les secuestraran otros integrantes familias– los pobladores de Tatali huyeron de la aldea a pie, y llegaron muchos días más tarde a Bossangoa.

Debido a las intensas lluvias, las mujeres tuvieron que sentarse sobre bolsas de plástico, rodeadas por el agua. Abiba, una niña de aspecto demacrado de 12 años de edad, yacía junto a su madre, Zinabu. La madre contó que se había visto obligada a mendigar y a rebuscar alimentos para sus cuatro hijos y su madre anciana. Meciendo la cabeza y cubriéndose el rostro al hablar, dijo que estaba convencida de que su marido ausente estaba muerto.

Ayuda para los desplazados

Con la colaboración de la filial local de la Cruz Roja, UNICEF ha entregado a los aldeanos desplazados suministros de emergencia, como colchonetas, jabón, bidones y mosquiteros. Zinabu y su hija fueron remitidos a un centro de alimentación terapéutica cercano, donde Abiba recibió tratamiento nutricional de emergencia. El centro, que recibe apoyo de UNICEF y de una organización aliada llamada Action Contre la Faim, acababa de abrir sus puertas y ya estaba repleto.

UNICEF también ayuda a los pobladores desplazados prestándoles servicios de educación y atención de la salud de emergencia. A largo plazo, los peuhl esperan regresar a Tatali, aunque la continuación del conflicto sugiere que eso no ocurrirá en el futuro inmediato.

Para Zinabu, Tatali es un sitio que ha quedado un millón de kilómetros atrás. “Me encantaría volver a mi hogar, que es adonde pertenezco”, dice. “Sin embargo, no podré  regresar hasta que no esté segura de que mis hijos estarán a salvo”.


 

 

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