Angola

En Angola, el agua pura salva a muchas personas amenazadas por un brote de cólera

Imagen del UNICEF
© UNICEF Angola/2006/Stark-Merklein
Catarina Figueiredo (izq.) y Susana Neto distribuyen agua potable de un tanque de agua de emergencia suministrado por UNICEF a sus vecinos del vecindario de Boa Vista, en Luanda, la capital angoleña.

Por Brigitte Stark-Merklein

LUANDA, Angola, 1 de junio de 2006 –Rodeadas de cubos, latas y recipientes de plástico, Susana Neto y Catarina Figueiredo tienen dificultad para satisfacer la demanda en el punto de distribución de agua que establecieron a la vera de un camino en Boa Vista, un tugurio de Luanda.

En este vecindario apareció en febrero el peor brote de cólera en la historia de Angola, que pronto se propagó a otros puntos del país. El brote se debió en gran medida a las condiciones de hacinamiento, a la carencia de agua potable y a la deficiente situación de la zona en materia de saneamiento ambiental.

A principios del mes pasado, en Luanda se registraban entre 500 y 700 casos nuevos de cólera por día. Sin embargo, en el punto de distribución de agua de Boa Vista reina hoy mayor optimismo

“En este vecindario hubo muchas muertes”, dice la Sra. Figueiredo que, al igual que la Sra. Neto, forma parte de la asociación vecinal que colabora con la distribución de agua. “Pero ahora se producen muchas menos y, afortunadamente, en mi familia nadie se enfermó”.

Para detener una epidemia

UNICEF, la Organización Mundial de la Salud (OMS) y otros importantes aliados han respaldado las labores del gobierno destinadas a detener la epidemia mediante la distribución de agua potable, cloro para purificar el agua, suministros médicos de emergencia y materiales para la movilización social.

Imagen del UNICEF
© UNICEF Angola/2006/Stark-Merklein
Los vecinos de Boa Vista, en Luanda, recogen agua potable de un tanque de agua de emergencia que suministró UNICEF para proteger a la población del cólera.

La Sra. Figueiredo atribuye la reducción del número de muertes al suministro de agua potable y a las campañas domiciliarias que llevan a cabo los voluntarios para distribuir jabón, lejía y panfletos en los que se informa a las familias cómo evitar el cólera y qué hacer si algún integrante del grupo familiar se enferma.

Sin embargo, el cólera no desaparece, y aunque el número de casos en Luanda y las demás provincias más afectadas está disminuyendo, la epidemia continúa propagándose a nuevas partes del país. Hasta la fecha, unas 40.000 personas han resultado infectadas y se han producido casi 1.500 casos mortales de la enfermedad. El gobierno informa que diariamente se producen unos 300 casos nuevos de cólera, de los cuales más de un 75% afectan a niños y niñas menores de cinco años.

UNICEF continúa colaborando con el gobierno y sus aliados en la lucha contra la enfermedad e incrementa tanto la ayuda técnica como la entrega de suministros a las autoridades de Luanda y otras provincias. Varios donantes se han comprometido a suministrar fondos adicionales para apoyar las labores que realiza UNICEF para contener el brote de cólera.

La crisis es “un llamado de atención”

Según UNICEF y la OMS, un 50% de la población angoleña carece de acceso al agua potable, y sólo un 30% utiliza instalaciones sanitarias adecuadas. Debido a los 27 años de guerra que ha sufrido Angola, millones de personas desplazadas viven en condiciones deplorables en tugurios urbanos superpoblados.

“El brote de cólera en Angola constituye un doloroso recordatorio de la amenaza que pende sobre más de 1000 millones de personas que carecen de acceso a fuentes de agua potable en todo el mundo”, señala Akhil Iyer, Oficial Superior de Programas de UNICEF. “Y, como suele ocurrir en estos casos, los niños y jóvenes son los que más sufren”.

El Sr. Iyer agrega que la crisis debería constituir un “llamado de atención” al mundo. “Debemos tomar medidas ahora para poder conquistar el Objetivo del Milenio de las Naciones Unidas de reducir a la mitad para 2015 el número de personas que carecen de servicios de agua potable y saneamiento ambiental”.

En Porto Pesqueiro, un poblado cercano al punto de distribución de agua de Boa Vista, el sol cae a plomo sobre un tanque de agua de emergencia rodeado de recipientes y bidones vacíos. Varios niños y niñas que juegan en un depósito de desperdicios cercano dicen que no tienen agua desde hace dos días.

“Pero el camión cisterna vendrá pronto”, agregan en tono confiado.


 

 

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