Afganistán

Dos niñas afganas desplazadas expresan su esperanza ante el futuro después del regreso de la escuela

Imagen del UNICEF
© UNICEF Jalalabad/2007/Noor
Marzia, de 13 años, habla por un teléfono celular a Radio UNICEF sobre su vida en el campamento Campoona para personas desplazadas en Jalalabad, Afganistán.

Por Blue Chevigny

Marzia y Kaihan, dos niños de 13 años de Jalalabad, cerca de la frontera con el Pakistán, han sufrido gravemente las consecuencias de la guerra y la posguerra. La familia de Marzia huyó hacia el Pakistán durante el conflicto con el régimen talibán en 2001, y hace tres años regresó al campamento para desplazados Campoona, al norte de Jalalabad. La familia de Kaihan perdió también su casa en la guerra y tuvo que trasladarse al campamento.

Ambos niños hablaron recientemente sobre sus experiencias con Radio UNICEF por medio de un teléfono móvil.

Optimismo hacia el futuro

El padre de Marzia, un chofer, resultó herido a consecuencia de una mina durante la guerra y está actualmente discapacitado. “Antes de la guerra, mi padre era fuerte y podía mantener a la familia con su trabajo”, dice. “Para sobrevivir desde entonces, he tenido que trabajar, buscando desperdicios, que mi hermano pequeño vende luego en las calles”. 

Aunque no pudo acudir a la escuela durante varios años, recientemente ha vuelto a estudiar gracias a la asistencia de un programa que recibe apoyo de UNICEF denominado Comité Juvenil. El grupo, que actúa en el campamento Campoona, le ayudó a buscar una escuela y a ponerse al día con sus estudios. Actualmente cursa sexto grado.

Sin embargo, la escuela no es la única preocupación de Marzia. “También estoy preocupada porque no tenemos acceso a los hospitales ni a los médicos”, señala. Pero añade que se muestra optimista con respecto futuro: “Espero que las cosas mejoren y que un día pueda llegar a ser doctora o ingeniera”.

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© UNICEF Jalalabad/2007/Noor
Kaihan, de 13 años, que vive en el campamento Campoona y ha regresado recientemente a la escuela, habla con Radio UNICEF sobre las dificultades de su familia.

Los años perdidos de la infancia

Hace seis años, Kaihan y su familia tuvieron que huir de su hogar y de su país. “Durante la guerra nos enfrentamos a muchos problemas”, recuerda. “Lo perdimos todo y saquearon nuestra casa. No teníamos lo suficiente para comer y tuvimos que alimentarnos recogiendo las sobras de lo que comía otra gente”.

Desde que su familia regresó del Pakistán, Kaihan ha contribuido a mantener a su familia trabajando en cultivos agrícolas y vendiendo agua en las calles de Jalalabad. Su padre se recupera de una grave enfermedad y trabaja como vendedor ambulante.

Como Marzia, el también ha regresado a la escuela gracias al Comité Juvenil del campamento Campoona. Actualmente cursa el quinto grado.

“También me están ayudando a buscar un curso de formación profesional, para poder tener un futuro mejor”, dice Kaihan. Sin embargo, su familia sigue luchando para llegar a fin de mes. “No podemos pagar las clases de inglés que solía tomar”, se lamenta.

Marzia y Kaihan están muy contentos de haber regresado a la escuela, pero Marzia señala que todavía hay algunos problemas en su clase. “No tenemos sillas ni mesas, así que debemos sentarnos en el suelo”, dice.

Lo que Marzia echa más de menos de la vida pacífica antes de la guerra es la salud de su padre, y a menudo reflexiona sobre los años perdidos de su infancia. “Echo de menos los años en que no fui a la escuela”, dice. “Ya los he perdido y nunca regresarán”.


 

 

Audio (en inglés)

28 de febrero de 2007:
La corresponsal de Radio UNICEF, Blue Chevigny, informa sobre los problemas cotidianos que confrontan dos adolescentes, Marzia y Kaihan, que viven en un campamento de personas desplazadas en Jalalabad, Afganistán.
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