Educación básica e igualdad entre los géneros

Panorama general

Imagen del UNICEF
Niños y niñas estudian bajo un árbol en la escuela de educación primaria Miteme, en la aldea de Khonthi, Malawi.

Si tomáramos una instantánea del estado de la educación en todo el mundo, la imagen obtenida sorprendería a muchos. Según las estimaciones actuales, la cantidad de menores de edad que no asisten a la escuela asciende a 93 millones, cifra que supone más del total de la población de Filipinas. La mayor parte son niñas, de las que casi el 80% vive en África subsahariana y Asia meridional.

La realidad es que la educación de calidad continúa siendo un sueño lejano para muchos de los niños y niñas del mundo, a pesar de ser un derecho humano fundamental consagrado en tratados internacionales. Desde los Objetivos de Desarrollo del Milenio hasta la Declaración de Dakar, los países se han comprometido reiteradamente a lograr una educación primaria universal y a eliminar las disparidades existentes entre los géneros en todos los niveles educativos para 2015.

Y si bien en la actualidad el número de niños y niñas desescolarizados ha disminuido notablemente respecto de 2000, aún sigue habiendo millones de niños y niñas que no tienen acceso a una educación de calidad.

El índice de asistencia a la escuela está aumentando rápidamente en todo el mundo. Por ejemplo, en cinco países en desarrollo, los índices netos de asistencia aumentaron en 10 puntos porcentuales en el periodo comprendido entre 2000 y 2006, y la disparidad entre los géneros está disminuyendo. Sin embargo, a pesar de esta buena nueva, aún queda mucho por hacer. Para que se alcancen las metas internacionales relativas a la educación es necesario no sólo que todos los niños y niñas se matriculen en la escuela, sino también que finalicen todos los años de formación escolar obligatoria.

Sólo el 60% de los niños y niñas de los grupos de edad correspondientes asisten a la escuela secundaria en todo el mundo. En África Subsahariana esta cifra desciende hasta tan sólo una cuarta parte. En esta región son más los niños y niñas en edad de recibir una educación secundaria y que asisten a la escuela primaria que los que asisten a la escuela secundaria.

La educación nos dota de los conocimientos, valores y aptitudes que constituyen la base del éxito educativo y profesional a lo largo de toda la vida. Una educación de calidad debe tener como objetivo primordial la infancia, tener en cuenta las cuestiones de género y adaptarse a las necesidades de los distintos grupos de edad. Debe basarse en un programa de estudios que tenga en cuenta las necesidades y la realidad de todos los estudiantes, y emplear como vehículo de transmisión a profesores formados en la docencia y asistidos del material didáctico adecuado. Los entornos adecuados para la infancia son seguros, limpios, y favorecen el que los niños y niñas jueguen y aprendan.

La educación puede ser oficial  u oficiosa, y comprenderá la alfabetización, la enseñanza de aritmética elemental y la preparación para la vida. Desde la cuna hasta el éxito.

Tradicionalmente, los esfuerzos para impulsar el acceso a la educación se han centrado en los años de la escuela primaria, un periodo fundamental para la adquisición de conocimientos alfabéticos, de aritmética elemental y otras destrezas básicas. Sin embargo, aun siendo la educación primaria totalmente imprescindible, no es suficiente.

Los niños y niñas comienzan su aprendizaje en el momento de nacer, y sus primeros años de vida son críticos para el desarrollo de sus habilidades cognitivas, lingüísticas, emocionales y sociales. En consecuencia, los programas de desarrollo de la primera infancia constituyen un paso fundamental para la mejora de las sociedades y para la consecución de la igualdad entre los géneros. Las niñas se benefician enormemente de la educación secundaria, sobre todo de aquellos conocimientos que se traducen en empleo y que fomentan su autonomía. Además, existe una correlación entre la educación después de la escuela primaria y un mejor estado de salud de las familias y unos índices de fertilidad más bajos. Aun así,  pese a los múltiples beneficios de la educación secundaria, cuatro de cada cinco niñas de África se ven privadas de ella.

La igualdad entre los géneros en materia de educación

Mientras que las niñas no disfruten de las mismas oportunidades educativas que los niños, la igualdad entre los géneros continuará siendo una utopía. Pero además de gozar de las mismas oportunidades educativas, la verdadera igualdad entre los géneros implica la existencia de escuelas cuyo entorno tenga en cuenta las cuestiones de género, que promuevan la igualdad participativa y fomenten la autonomía de las niñas.

La igualdad entre los géneros exige adaptarse a las necesidades e intereses de los niños y las niñas, crear un entorno adecuado para ambos sexos, y garantizar una presencia equitativa de las mujeres en lo que se refiere a puestos docentes, administrativos y directivos en el ámbito educativo.

La ecuación de la igualdad entre los géneros encierra una enorme potencia. Combinando el derecho a la educación con los derechos inherentes a la educación podemos conquistar derechos a través de ésta. Ciertamente, la igualdad entre los géneros constituye una estrategia esencial para poner fin a la discriminación y para alcanzar la justicia en las sociedades.


 

 

Búsqueda