Educación básica e igualdad entre los géneros

En Haití se reúne a los niños separados con sus familias

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© UNICEF Haiti/2012/Dormino
Mitchialine Innocent (al frente), abandonada por su padre y cuya madre moribunda entregó a un “orfanato”, se ha reunido con su tía, Vanille Onezaire, que aparece aquí con su hijo pequeño.

PUERTO PRÍNCIPE, Haití, 19 de octubre de 2012. Mitchialine Innocent (7 años) juega con su primo en el patio de su casa en Puerto Príncipe. Nadie podría decir que hace apenas un año fue rescatada, medio muerta de hambre, de un “orfanato” o centro de atención residencial.

La historia de Mitchialine tiene un final feliz. Nacida en una familia muy pobre, fue abandonada por su padre y su madre moribunda la entregó a un centro de atención residencial; finalmente, con la ayuda del Instituto de bienestar e investigación social (IBESR por sus siglas en francés), el organismo de protección infantil de Haití, ha podido reunirse con sus familiares.

La protección de los niños separados

Mitchialine es una de los miles de niños y niñas haitianos que han quedado separados de sus familias. Incluso antes del catastrófico terremoto de 2010, se estima que unos 1,2 millones de niños haitianos eran extremadamente vulnerables a múltiples formas de violencia y abuso, incluido el abuso físico y emocional, la violencia en el hogar, y la violencia armada y sexual.

Con el fin de ayudar a proteger a los niños contra la explotación y el abuso, UNICEF presta apoyo financiero y técnico para fortalecer el IBESR, que se encarga de la protección de todos los niños. “El organismo de protección documenta los casos de los niños que han sido colocados en instituciones y encuentra alternativas a su ubicación institucional”, explica Christina Torsein, jefa de Protección infantil de UNICEF en Haití.

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Onezaire dice que Mitchialine, retratada con su juguete favorito Nounou, estaba terriblemente delgada a su llegada y presentaba caída del cabello. El “orfanato” donde vivía Mitchialine ha sido cerrado debido a denuncias de abuso y negligencia.

De 2010 a 2011, se identificó a cerca de 9.000 niños separados, de los cuales 3.000 se han reunido con sus familias.

UNICEF también ha prestado asistencia al IBESR para crear un directorio donde aparecen todos los centros de atención residencial del país, así como su condición.

El IBESR, junto con la policía de protección infantil, la brigada de protección de menores, cerró en enero tres centros donde los niños habían sido maltratados y abandonados; los menores fueron enviados a centros de atención temporal donde recibieron atención médica y psicosocial.

Mitchialine pasó tres años en un centro que se cerró el año pasado debido a las denuncias de abuso y negligencia.

No es una tarea fácil

Reunir a los niños separados con sus familias no es una tarea fácil en un país con pocos recursos para los servicios sociales. Según  Torsein, “el acceso a los servicios en Haití es muy desigual y, cuanto más pobre es un niño, menos probable es el acceso a los derechos básicos”.

Mitchialine fue identificada por un familiar que visitó el centro. Los trabajadores sociales del IBESR trabajaron luego para localizar a su pariente vivo más cercano, su tía Vanille Onezaire. Después de un proceso de verificación familiar coordinado por el IBESR, Mitchialine se reunió con su tía, que había dado a la niña por desaparecida.

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Mitchialine recibe las visitas habituales de Carine Phadael, una trabajadora del organismo de protección infantil de Haití.

“Ahora puede parecer tímida, pero cuando llegó por primera vez no dijo ni una sola palabra. ¡Ni una palabra!”, recuerda Onezaire mientras acaricia con ternura la mejilla de Mitchialine. Señala los brazos de la pequeña, cubiertos de cicatrices oscuras. “Se las hicieron los del orfanato”, dice ella. “Cicatrices por todas partes”.

Igualmente describe el aspecto de Mitchialine la primera vez que salió del centro de atención residencial. “Estaba tan delgada, no te puedes imaginar...Tenía el vientre hinchado debido a la desnutrición. Y se le estaba cayendo el pelo”.

“Cuando llegó por primera vez, Mitchialine ni siquiera jugaba”, continúa Onezaire. El rostro de Mitchialine se ilumina cuando muestra su juguete favorito, un oso verde de peluche que ella llama Nounou.

Mitchialine deja a un lado a Nounou para ayudar con las tareas domésticas. Su favorita es ayudar en la cocina. Sonríe tímidamente cuando la felicitan y luego agacha rápidamente la cabeza y se dedica a su tarea, contenta con el lugar que tiene en la familia.

El reto de la reunificación

Carine Phadael es la trabajadora social del IBESR que ayudó a reunir a Mitchialine con su tía. Phadael ha visitado habitualmente la casa de Onezaire desde que llegó la niña, para asegurarse de que a Mitchialine le va bien.

El primer paso ya se ha realizado, es decir, la búsqueda de una casa para Mitchialine, pero el siguiente paso es más difícil: ¿Cómo puede Onezaire, que ya lucha para alimentar a su propia familia, dar de comer a una boca más?

Phadael explica que el IBESR ofrece un estipendio único a las familias que se han reunido con sus hijos. No obstante, esta suma no es suficiente para cubrir las necesidades básicas por mucho tiempo en un país donde el 55% de la población vive por debajo del umbral internacional de pobreza, fijado en 1,25 dólares por día.


 

 

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