Educación básica e igualdad entre los géneros

UNICEF colabora con el Gobierno de Malasia para hacer frente a la pobreza infantil

Por Hema Balasundaram

KUALA LUMPUR, Malasia, 14 de noviembre de 2011. Desde mediados de 2010, Esther Vishvani (14 años) ha vivido con sus padres y sus tres hermanos en una casa alquilada de bajo costo en Kuala Lumpur. Es una de las 1.896 unidades que hay en el complejo, un proyecto de gran altura que forma parte de la iniciativa del Ministerio de la Vivienda y del gobierno local para proporcionar viviendas de bajo costo a familias con un ingreso mensual de menos de 478 dólares. La familia se trasladó allí después de haber perdido su anterior apartamento de bajo costo debido a un desalojo por no poder pagar la hipoteca.

VÍDEO: Esther Vishvani (14 años) vive con sus padres y tres hermanos en un apartamento alquilado de bajo costo en Kuala Lumpur (Malasia). A pesar de los desafíos que afrontan Esther y su familia, están decididos a construir un futuro mejor para sí mismos, informa Hema Balasundram en el Día internacional para la erradicación de la pobreza.

El desalojo  es el resultado de años de dificultades financieras, que comenzaron cuando el padre de Esther, Ramakrishnan, fue diagnosticado con insuficiencia renal en 2001. La enfermedad le obligó a dejar de trabajar por largos períodos de tiempo pero recientemente ha obtenido un puesto como guardia de seguridad en el que trabaja turnos de 12 horas durante la noche. Su esposa Josephine ha estado trabajando en dos empleos como limpiadora para apoyar a la familia.

Esther está feliz en su actual hogar, donde comparte una pequeña habitación con sus dos hermanos. “Es fácil para mí hacer amigos, tengo muchos amigos aquí”, dijo acerca de su complejo de viviendas.

En su casa anterior tenía que hacer frente a constantes problemas. “Era muy difícil llevar una vida normal, no había electricidad, no podemos estudiar ni realizar ningún trabajo; si no hay agua, no nos podemos bañar”, explicó.

El futuro en juego

Imagen del UNICEF
© UNICEF Malaysia/2011/Balasundaram
Esther, Ruth y Ezra, de 14, 18 y 14 años respectivamente, todos ellos hermanos, frente al apartamento de bajo costo de su familia en Kuala Lumpur. “Mi reto consiste en ser una buena estudiante y una buena hija para mi familia”, dijo Esther.

Para muchos niños la pobreza puede tener efectos a largo plazo. “La pobreza no es sólo una cuestión de ingresos”, subrayó Hans Olsen, Representante de UNICEF en Malasia.  “Priva a los niños de sus necesidades básicas y no sólo les afecta materialmente, sino también emocional y espiritualmente”.

Malasia ha conseguido reducir la tasa de pobreza general pero se estima que más de 720.000 niños menores de 15 años están sometidos a las múltiples privaciones que genera la pobreza, según el informe de Malasia de 2010 sobre los Objetivos de Desarrollo del Milenio.

“UNICEF se ha aliado con el Gobierno de Malasia para hacer frente a la pobreza infantil y propone el desarrollo de un conjunto indicadores del bienestar infantil que permitan a los responsables políticos comprender mejor la pobreza infantil multidimensional”, dijo Olsen. “Estos indicadores contribuirán al seguimiento del progreso socioeconómico y los objetivos que se establecen en el 10º plan de Malasia, y a determinar las medidas más importantes que hay que adoptar”.

Imagen del UNICEF
© UNICEF Malaysia/2011/Balasundaram
La madre de Esther, Josephine, ha trabajado en dos empleos como limpiadora para ayudar a la familia y quiere que la vida de sus hijos sea diferente a la suya. “Deben tener una buena educación y conseguir un buen trabajo”.

Por su parte, Esther se lo toma todo con calma. “Cuando le pregunto a mi mamá y ella dice: ‘No tengo dinero ahora’, no insisto”, dijo resignada. “Simplemente lo acepto. Esa es mi política”.

Superar la situación

A pesar de las múltiples desventajas --de ingresos, educación, salud y vivienda-- muchas familias pueden y deben superar las dificultades. Josephine y Ramakrishnan no recibieron ningún tipo de educación más allá de la enseñanza primaria, pero tienen grandes esperanzas para sus hijos y tratan de cultivar su potencial.

“Mi vida y la de mi madre han sido la misma cosa; su vida era dura y la mía también”, dijo.

La vida de sus hijos, insiste, debe ser diferente. “Deben tener una buena educación y conseguir un buen trabajo”, afirmó enfáticamente.

Esta determinación parece estar dando sus frutos, ya que Esther y sus hermanos tienen un buen desempeño tanto en lo académico como en las actividades extraescolares.

La pobreza infantil es compleja pero el objetivo para abordarla es claro: garantizar que todos los niños y niñas, incluidos los que viven en circunstancias similares a Esther, puedan desarrollar todo su potencial y trazar su propio futuro.


 

 

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