Educación básica e igualdad entre los géneros

Balas y pizarrones: los niños y niñas libios afectados por la guerra esperan regresar a clase

Imagen del UNICEF
© UNICEF Libya/2011/Tidey
Unos niños juegan en el club infantil de Bengasi (Libia) que recibe apoyo de UNICEF.

Por Christopher Tidey

BENGASI, Libia, 26 de julio de 2011. Aisha y Aya en Bengasi, Hassan en Al-Bayda y Haya, de Nalut, me dicen todos lo mismo: quieren volver a la escuela. De hecho, prácticamente todos los niños con quienes hablo en Libia expresan la esperanza de volver a las aulas lo más pronto posible.

Desde el estallido del conflicto hace cinco meses, la mayoría de las escuelas del país han cerrado, creando una situación de inestabilidad en la educación de casi dos millones de niños menores de 18 años y la pérdida del año académico.

El prolongado cierre de las escuelas refleja los efectos catastróficos causados por el conflicto armado en Libia, con los maestros convertidos en soldados, los niños encerrados en el interior de sus casas por los progenitores que temen las balas perdidas y los bombardeos, y una falta generalizada de fondos para pagar los salarios y suministros. En algunas escuelas, los niños que una vez llenaron los pasillos y patios de recreo con sus risas y su animación han sido sustituidos por las fuerzas de ocupación militar o las familias desplazadas que buscan refugio.

Desde Brega hasta Bengasi, desde Misrata hasta Trípoli, las aulas están cerradas o no están disponibles para quienes fueron construidas: los niños.

“¿Quién sabe qué va a pasar?”

Algo más que su educación está en juego. En una crisis humanitaria, las escuelas ayudan a restaurar un sentido de normalidad en la vida de niños y niñas que han experimentado acontecimientos traumáticos. Reconstruyen un entorno de protección mediante el establecimiento de los hábitos normales de las comunidades amenazadas por la violencia y la guerra, la dotación de un lugar para que los niños aprendan, jueguen y se comporten simplemente como los niños que son.

Imagen del UNICEF
© UNICEF Libya/2011/Tidey
Dibujo de un niño, realizado a principios de abril de 2011 en Bengasi, que describe escenas del conflicto en Libia.

“No me gusta no ir a clase porque no estoy aprendiendo nada y no puedo ver a mis amigos”, dice Hassan, de 11 años, que vive con su familia en un centro para personas desplazadas en Al-Bayda. “Debido a la guerra, no podemos hacer las cosas que normalmente hacemos”.

Mariam, de 17 años, expresa su profunda preocupación de que el conflicto ponga en peligro sus posibilidades de ir a la universidad. “Yo estaba en el último año de secundaria cuando comenzaron los enfrentamientos pero creo que voy a tener que repetir todo el año, debido a todas las clases que perdimos”, dice. “Estaba esperando una beca para estudiar ciencias ambientales en la universidad pero quién sabe qué va a pasar ahora”.

Oportunidades perdidas

Las conversaciones con los niños libios revelan con una claridad dolorosa hasta qué punto la escuela es importante para su vida diaria, para las oportunidades futuras y para su capacidad de sanar las heridas psicológicas causadas por los conflictos en curso.

Es esencial que todas las escuelas abran en septiembre para consolidar una mayor estabilidad en la vida de los niños y evitar más interrupciones en su desarrollo educativo. UNICEF está trabajando para asegurar que esto suceda.

Entretanto, continuaremos trabajando con nuestros aliados en el apoyo a los clubes de niños que se han abierto en aproximadamente 130 escuelas de Bengasi, con el objetivo de proporcionar a los niños diversas actividades recreativas. En cuanto sean accesibles, UNICEF ampliará este programa a las zonas del país que están en conflicto actualmente.

Preparar un futuro diferente

En una visita a un club infantil, veo cómo los voluntarios del personal trabajan para revertir el daño psicológico causado por el conflicto. En la escuela Mjed, sede de uno de primeros clubes que se abrieron en Libia, UNICEF y Save the Children han capacitado a 38 profesores para que presten apoyo psicosocial y actividades recreativas a los 200 niños que asisten a diario.

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© UNICEF Libya/2011/Tidey
Un dibujo más reciente de un niño de Bengasi describe la salida del sol en la costa de Libia.

Un profesor utiliza los dibujos de los niños para demostrar que su moral ha mejorado constantemente desde la apertura de los clubes en abril.

“Al comienzo, los niños dibujaban escenas de guerra en medio de una violencia terrible”, explica. “Ahora, están creando dibujos con imágenes positivas. Dentro de este lugar, uno puede olvidar lo que está pasando en Libia”.

Impacto sobre los niños refugiados

La educación es también una preocupación para los niños que han cruzado las fronteras de Libia para escapar de la violencia.

Se estima que 70.000 refugiados libios han huido al sur de Túnez desde las montañas de Nafusa y otras zonas afectadas por el conflicto. UNICEF brinda apoyo a los esfuerzos del Ministerio de Educación de Túnez para abrir seis centros educativos y de recreación en las escuelas de Tataouine, Medenine y Gabes. Se estima que 1.500 niños de edades comprendidas entre los 4 y los 15 años se beneficiarán de estas actividades.

Al mismo tiempo, UNICEF trabaja con Save the Children para proporcionar educación y recreación a los niños que viven en los campamentos de refugiados cerca de Ras Jdir, en Túnez. En el campamento de Shousha, un grupo de los 52 niños inscritos para las clases de lengua, historia y matemáticas me comentan lo importante que es para ellos seguir aprendiendo.

“No sé dónde voy a ir a partir de aquí pero quiero vivir en un lugar donde pueda disfrutar de paz y esperanza”, dice Ayman,  un somalí de 16 años que vivía en Trípoli, la capital libia, cuando comenzó el conflicto.

“Estoy aprendiendo algunas cosas aquí en el campamento”, agrega Ayman, “pero tengo que volver a la escuela para poder salir adelante algún día”.


 

 

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