Educación básica e igualdad entre los géneros

En Georgia, un lugar seguro para los niños y niñas desplazados

Imagen del UNICEF
© UNICEF Georgia/2009/Amurvelashvili
En Sakasheti, una aldea cercana a la zona de conflicto de Osetia del Sur, en Georgia, varios alumnos aprenden en un lugar acogedor para los niños establecido por el UNICEF y la organización Visión Mundial.

Por Pamela Renner

SAKASHETI, Georgia, 30 de marzo de 2009 - Como resultado del conflicto de agosto de 2008, decenas de miles de pobladores de Georgia sufrieron desplazamiento temporal o permanente. Se calcula que unas 30.000 personas, en su mayoría provenientes de las zonas de  Abjasia y Osetia del Sur, continúan desplazadas, y que aproximadamente 12.000 de ellas son niños y niñas.

En los meses transcurridos desde el conflicto, UNICEF ha establecido 60 centros acogedores para los niños en diversos puntos del país, en colaboración con Visión Mundial, Every Child y la Fundación Elisabeth Gast. Los centros, que reciben a niños, niñas y jóvenes de tres a 17 años de edad, se encuentran en Tiflis, Gori y varias aldeas de la región de Shida Kartli, así como en las guarderías y escuelas primarias de los asentamientos para personas desplazadas creados recientemente.

El objetivo de los centros acogedores para los niños consiste en lograr el retorno a las clases de los menores inmediatamente después de una situación de emergencia, lo que ayuda a mitigar los efectos que tiene el desplazamiento en los niños y en sus comunidades.

El retorno a la normalidad

“El conflicto ha desbaratado las vidas de los niños y niñas, y nos preocupan tanto los efectos inmediatos como las consecuencias a largo plazo”, explica Giovanna Barberis, Representante del UNICEF en Georgia. “Por eso es imprescindible garantizar la reanudación de las actividades normales de la infancia”.

La educación es un factor muy importante del retorno de los niños a la normalidad debido a que establece rutinas, reduce las tensiones psicológicas, satisface las necesidades inmediatas de los menores afectados por la crisis y sienta las bases de una sociedad mejor una vez superada la situación de emergencia.

Imagen del UNICEF
© UNICEF Georgia/2009/Amurvelashvili
Gvantsa, de nueve años de edad, asiste a clases en un espacio acogedor para los niños en Sakasheti que cuenta con apoyo del UNICEF. La niña estaba en su hogar cuando la vivienda fue alcanzada por las esquirlas de una explosión durante el conflicto de 2008

Uno de los centros acogedores para los niños establecidos por el UNICEF se encuentra en la aldea de Sakasheti. El centro cuenta con personal docente que proviene de la propia comunidad y que ha recibido capacitación de Visión Mundial. En el centro, los niños y niñas cuentan con espacio para las actividades recreativas, juguetes, juegos y materiales educativos.

Gvantsa, una niña de nueve años que asiste al centro de Sakasheti,  está contenta con el nuevo lugar, donde puede aprender y jugar. Ella y otros niños de la localidad acuden diariamente al centro, donde les cuentan cuentos, practican deportes, realizan actividades en equipo, se relacionan socialmente y participan en actividades artísticas y culturales. Además de recibir formación académica y educación sanitaria, los niños adquieren conocimientos sobre computadoras y toman parte en otras actividades estructuradas y no estructuradas.

Asimismo, reciben orientación para superar las tensiones psicológicas causadas por el conflicto y el desplazamiento.

La cura de las lesiones psicológicas

Las familias desplazadas no cuentan con suficiente dinero para comprarles juguetes o libros a sus hijos, ya que los padres están más preocupados en reconstruir sus hogares y granjas. Los centros acogedores para los niños y niñas les dan a los padres, madres y tutores la posibilidad de dedicarse a sus labores cotidianas sin tener que preocuparse por la seguridad y el bienestar de sus hijos.

“Nuestros niños sienten miedo de noche. Para ellos, venir al centro es una forma de rehabilitación”, comenta Gelatashvili, un educador de niños de corta edad y padre de dos jóvenes integrantes del grupo. “Los adultos también hemos sufrido las consecuencias del conflicto, y trabajar con niños tiene efectos terapéuticos”.

 

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Una niña de corta edad disfruta de la oportunidad de jugar y aprender en un lugar seguro.

Han pasado tres meses desde la inauguración del centro, que ofrece un ámbito neutral cuidadosamente planificado a fin de que los niños cuenten con un espacio que puedan hacer propio y llenar de color y movimiento. Los pisos están cubiertos con pequeñas alfombras y almohadones sobre los que los niños pueden sentarse cómodamente a la hora de escuchar cuentos. Durante los meses de invierno, el centro dispone de un buen sistema de calefacción, además de estar generosamente dotado de libros, casas de muñecas, trenes de juguete y hasta un aro de baloncesto con una pelota de gomaespuma.

El ambiente amistoso y cálido que ofrecen los centros acogedores para los niños fue diseñado explícitamente para facilitar la cura de las lesiones psicológicas sufridas por los niños y niñas como resultado del conflicto armado.

“Cuando llega la hora de irnos”, dice Khatia, una niña de 10 años que asiste al centro de Sakasheti, “no quiero abandonar el aula y regresar a casa”.


 

 

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