Educación básica e igualdad entre los géneros

Las madres se suman a una campaña de ampliación de la educación de las niñas de Sierra Leona

Imagen del UNICEF
© UNICEF Sierra Leone/2008/Davies
Aminata Mansaray, de 16 años de edad, nació en Mankneh, una pequeña población del Distrito de Bombali, en la región septentrional de Sierra Leona.

Por Alison Parker

FREETOWN, Sierra Leona, 4 de noviembre de 2008 – Aminata Mansaray, de 16 años de edad, nació en Mankneh, una pequeña comunidad localizada en el distrito de Bombali, que se encuentra en la región septentrional de Sierra Leona. Aminata, que tiene dos hermanos mayores y un hermano y una hermana menores, no fue a la escuela durante gran parte de su vida.

Pese a que la niña no inició su educación escolar hasta después de haber cumplido 11 años, desde entonces ha tenido un buen desempeño académico. Aminata cursa el último grado de educación primaria, y el año próximo rendirá los exámenes nacionales de ingreso a la escuela secundaria.

La tasa de acceso a la educación primaria de las niñas de Sierra Leona ha ido aumentando en los últimos tiempos. Sin embargo, las niñas tienen aún elevadas tasas de deserción escolar y la proporción de niñas que cursan estudios secundarios es inferior a la de los varones, a quienes aún se da preferencia en materia de educación escolar.

El matrimonio adolescente atenta contra la educación

En el caso de Aminata, uno de sus tíos ofreció su colaboración para que dos de los niños o niñas de la familia pudieran estudiar, pero dejó la elección de los favorecidos al criterio de los padres. Estos escogieron a los dos varones mayores.

“En poco tiempo”, explicó Aminata, “algún pretendiente pedirá mi mano en casamiento y pasaré a formar parte de otra familia. Debido a eso, se considera que no vale la pena que las familias inviertan en la educación escolar de las niñas”.

El matrimonio precoz –una práctica tradicional que niega a las niñas el derecho a un futuro mejor, y por lo tanto a la educación– es frecuente en Sierra Leona, donde el 56% de las niñas (66% en las zonas rurales) contrae matrimonio antes de cumplir 18 años. El matrimonio precoz es uno de los factores más importantes de la deserción escolar de las niñas y de la alta tasa de mortalidad materna del país.

Por otro lado, cuando las niñas pueden ir a la escuela y completar sus estudios se modifica diametralmente su futuro. De hecho, la educación puede cambiar para bien la orientación de la vida de las niñas y de sus futuras familias.

Las madres se hacen responsables

Con el propósito de modificar la situación en que se encuentran las niñas como Aminata, UNICEF y las organizaciones no gubernamentales aliadas respaldan una iniciativa de Clubes de Madres basados en la comunidad. La iniciativa, que se puso en marcha en 2006, potencia a las mujeres para que se puedan hacer cargo de la educación de sus hijas con las ganancias que obtienen de la horticultura comunitaria en gran escala.

“Las mujeres comprendemos que no podemos quedarnos cruzadas de brazos y permitir que nuestras hijas no reciban educación”, explicó Yabu Kanu, la Presidenta del Club de Madres. “Conocemos los resultados negativos de esa situación en lo que respecta al acceso de las mujeres a los empleos y a los cargos públicos”.

“Unidas, contamos con el poder necesario para darles a nuestras hijas oportunidad de aprender. Y es ése un poder del que carecemos a nivel individual”, añadió la Sra. Kanu.

La oportunidad de ir a la escuela

Las integrantes del Club de Madres cultivan diversas hortalizas, como mandioca y patatas, cuya venta genera fondos que se emplean para pagar la matrícula escolar de las niñas. Esas mujeres también movilizan a las comunidades en apoyo de la educación de las niñas y les brindan orientación sobre aspectos culturales como el matrimonio precoz, el embarazo adolescente y la prevención de las enfermedades de transmisión sexual, como el VIH/SIDA.

UNICEF colabora con la iniciativa brindando a las integrantes del club capacitación en materia de orientación, mediación y alfabetización.

Gracias a la colaboración de UNICEF y sus aliados, miles de niñas como Aminata han tenido oportunidad de ir a la escuela y hacer realidad sus sueños.

“Me gustaría ser maestra y ayudar a que las niñas como yo puedan ir a la escuela”, comentó con orgullo Aminata mientras recorría los pasillos de su escuela. “También les alentaría a que no abandonen sus estudios y a que completen su educación, para que en el futuro puedan ser ciudadanas útiles”.


 

 

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Sitio de La Iniciativa de las Naciones Unidas para la Educación de las Niñas
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