Educación básica e igualdad entre los géneros

Educación para todos

© UNICEF/HQ04-0361/Furrer

La educación es un derecho humano básico. Al igual que todos los derechos humanos, es universal e inalienable: todas las personas, con independencia de su género, origen étnico o situación económica, tienen derecho a ella.

No obstante, en 2006 había 93 millones de niños y niñas desescolarizados, más que la población total de las Islas Filipinas. Casi el 80% de estos niños y niñas vivían en África Subsahariana y Asia Meridional. Para una cantidad demasiado elevada de niños y niñas, el derecho humano básico a una educación es un sueño, una idea que no se ha convertido en realidad. 

En 1990 la comunidad internacional se reunió en Jomtien, Tailandia, en ocasión de la Conferencia Mundial sobre Educación para Todos, para afirmar su compromiso de lograr la educación universal. Como parte de la iniciativa Educación para Todos resultante, se constituyó una extensa coalición integrada por gobiernos, organizaciones no gubernamentales y organizaciones de desarrollo, que asumieron el compromiso de alcanzar seis objetivos destinados a llevar la educación “a todos los ciudadanos de todas las sociedades”:

  • Ampliar y mejorar la atención y la educación en la primera infancia, especialmente para los niños y niñas más vulnerables;
  • Velar por que todos los menores de edad, en particular los que se encuentran en situación de desventaja y las niñas, tengan acceso a una educación primaria de calidad, obligatoria y gratuita, para 2015;
  • Eliminar la disparidad entre los géneros en materia de educación primaria y secundaria para 2005, y lograr la igualdad educativa entre los géneros para 2015;
    Garantizar que se satisfacen las necesidades educativas de todos los jóvenes y adultos mediante la igualdad de oportunidades en el acceso a una enseñanza adecuada y a programas de educación práctica para la vida;
  • Lograr una mejora de un 50% en los índices de alfabetización de adultos, en especial de las mujeres, para 2015, y facilitar la igualdad de oportunidades en el acceso de todos los adultos a una educación básica y continuada;
  • Mejorar todos los aspectos de la calidad educativa y velar por la excelencia.

Subyace a estos objetivos la idea de que el mero acceso a una educación no es suficiente: la calidad y la duración de la educación son igualmente importantes. En muchos países en desarrollo, menos del 60% de los alumnos y alumnas de las escuelas primarias que se matriculan en el primer curso llegan al último curso de escolaridad. Así pues no basta con que los niños y niñas se matriculen en la escuela, sino que deben finalizar su educación. Y los valores y principios que rigen los derechos humanos deben ser la fuerza rectora en las aulas.

El programa Educación para Todos se basa en la convicción de que la política pública puede obrar un cambio radical en los sistemas educativos y en la relación de éstos con la sociedad, si existen la voluntad política y los recursos, y que las políticas nacionales y sus procesos de puesta en marcha deben hacer hincapié en la inclusión, la alfabetización, la calidad y el desarrollo de las capacidades.

En 2000, año en que aún estábamos muy lejos de lograr las metas, los 164 asistentes al Foro Mundial sobre la Educación, celebrado en Dakar, el Senegal, adoptaron el Marco de Acción de Dakar, documento en el que se ratificaba el objetivo de la iniciativa Educación para Todos, consistente en lograr una educación básica de calidad para todos para 2015, con un especial énfasis en la educación de las niñas. Más tarde ese mismo año, dos de los objetivos de Educación para Todos se incorporaron a los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) relativos a la educación primaria, la promoción de la igualdad entre los géneros y la promoción de la autonomía de la mujer. 

Y ciertamente, los objetivos de la iniciativa Educación para Todos son fundamentales para alcanzar todos los ODM. La educación tiene el potencial de mejorar la salud, de aumentar la sostenibilidad medioambiental y de ayudar a erradicar la pobreza y el hambre. Al mismo tiempo, la consecución de los ODM contribuirá a que los niños y niñas tengan acceso a una educación de calidad y puedan beneficiarse de ella.

UNICEF, en su calidad de convocante de esta iniciativa, es uno de sus colaboradores clave, encargándose de la educación en situaciones de emergencia, de la atención a la primera infancia, y de la ayuda técnica y el apoyo en la elaboración de políticas.

Para lograr la Educación para Todos es preciso un compromiso real a escala mundial. Gobiernos, ciudadanos, organizaciones de desarrollo y medios de comunicación deben colaborar con el fin de ayudar a todos los niños y niñas de todos los países del mundo a lograr que se respete su derecho inalienable a una educación de calidad.


 

 

 

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