Educación básica e igualdad entre los géneros

Dos niñas sudanesas decididas a permanecer en la escuela en Kordofan Meridional

Imagen del UNICEF
© UNICEF Sudan/2006/ Carrillo
Tabita y Arruima hacen un ejercicio de matemática en su escuela.

Por Lorena Carrillo

KORDOFAN, Sudán, 11 de julio de 2006 – Al igual que las niñas de muchas otras partes del mundo, las de la región sudanesa de Kordofan Meridional corren mayor peligro de abandonar la escuela que los niños. Y, lo que es peor, muchas niñas de esta región jamás han asistido a clases. Debido a la pobreza, las costumbres y la carencia de instalaciones la mayoría de las niñas se han visto privadas de educación escolar.

Contra todos los pronósticos, Tabita y Arruima, ambas de 17 años de edad, han logrado llegar al séptimo grado y están decididas a no abandonar sus estudios. Se trata de las únicas dos niñas en una clase en la escuela primaria Tangal a la que asisten 48 varones. Ese desequilibrio numérico entre los niños y las niñas es similar al que existe en la mayor parte de las escuelas de Kordofan Meridional, que sólo recientemente superó una guerra civil de 20 años de duración.

Aunque a la escuela asisten 326 alumnos y 307 alumnas, a medida que se asciende en los grados disminuye el número de niñas con relación a los niños. Mientras que en el primer grado hay casi 200 niñas, en el octavo no hay ninguna.

Tabita y Arruima tiene la esperanza de ser las primeras dos niñas de su escuela que cursen los ocho años de educación primaria.

“No quiero quedar rezagada”

A los 17 años, la mayoría de las niñas de esta región ya están casadas, y en algunos casos hasta han tenido hijos. Pero ni Tabita ni Arruima están listas para el matrimonio. Ambas están convencidas de que si se casan estarán condenadas a cocinar, limpiar y atender a sus hijos y maridos de manera constante, lo que las obligaría a dejar de estudiar.

Imagen del UNICEF
© UNICEF Sudan/2006/ Carrillo
Tabita (izq.) ayuda a su compañera con los deberes.

El día de Tabita comienza a las seis de la mañana, cuando sale a buscar agua y leña para su familia. Posteriormente, prepara algo de comida para el resto del día y se pone en marcha rumbo a la escuela, distante 10 km, a la que llega tras una caminata de dos horas.

Después de clases, Tabita continúa con las tareas domésticas, como buscar agua y cocinar, y realiza diversas labores agrícolas. Recién después de terminar con todas esas labores cotidianas, la niña puede sentarse a hacer sus deberes. "Siempre trato de mantener energías durante el día, de manera que a la noche pueda hacer los deberes y estudiar las lecciones de la escuela", explica Tabita.

Los padres de Arruima recién le permitieron ir a la escuela cuando tenía 12 años, y eso solamente después que su hermano se negó a asistir a clases. "Si él hubiera querido ir a la escuela, yo no podría haber estudiado", comenta la niña. Arruima tuvo suerte, ya que ninguna de sus hermanas mayores tuvo la oportunidad de recibir educación escolar.

“Yo no quiero quedar rezagada detrás de los niños, como le sucedió a mis hermanas", dice Arruima. Y agrega, en tono firme y decidido: "Quiero pilotear helicópteros".

Una fuente de inspiración

UNICEF y el Ministerio de Educación colaboran para que más niños, y especialmente niñas, asistan a la escuela en Kordofan Meridional. Como parte de esa estrategia para aumentar las tasas de matriculación y retención escolar, UNICEF ha colaborado con la reconstrucción y rehabilitación de 14 escuelas de la región.

La estrategia también contempla la distribución en las zonas más pobres de suministros escolares, como uniformes para las niñas, pupitres, libros de textos y mochilas.

El Ministerio de Educación ha organizado una campaña de promoción orientada a que la comunidad rompa con algunas tradiciones culturales y que los padres dejen que tanto sus hijos como sus hijas vayan a la escuela. Aunque algunas familias dan valor a la educación de las niñas, en muchos casos existe la creencia de que una mujer con educación escolar no podrá conseguir marido. Y muchos hombres creen también que hay más probabilidades de que una mujer educada abandone a su marido de hijos que una que no ha recibido educación escolar.

El director de la escuela de Tabita y Arruima opina que se necesitan más maestras que motiven a las niñas a asistir a la escuela y terminar el ciclo básico, por lo menos. Al mismo tiempo, Tabita y Arruima son motivo de inspiración para muchas otras niñas.

Con la ayuda de UNICEF y sus aliados en Kordofan Meridional se harán más esfuerzos para darles a las niñas de la región más oportunidades de hacer realidad sus sueños.


 

 

UNGEI

Sitio de La Iniciativa de las Naciones Unidas para la Educación de las Niñas
UNGEI banner
Búsqueda