Educación básica e igualdad entre los géneros

Un veterano va de puerta en puerta para hacer que las niñas regresen a la escuela

Imagen del UNICEF
© UNICEF Sudan/2005/ Parker
Reuben Meen, un activista comunitario, va de puerta en puerta para localizar a los estudiantes que han dejado la escuela y promover la educación de las niñas.

RUMBEK, Sudán, 1 de junio de 2005 – Durante seis años, Reuben Meen luchó en las líneas del frente en la guerra civil más larga de África.

En la actualidad, es un soldado que libra una batalla diferente: el empeño de llevar a niñas y niños a las aulas de lo que algunos llaman “el nuevo Sudán”, luego de la firma de los históricos acuerdos de paz entre el gobierno y los rebeldes del Movimiento Popular de Liberación del Sudán.

Como parte de una amplia campaña de movilización social que tiene lugar aquí, Reuben y su equipo de cinco personas están recorriendo las aldeas para localizar a los niños que se encuentran fuera de la escuela y, en particular, para promover la educación de las niñas. Los líderes comunitarios atribuyen a la campaña los cambios de actitud hacia el papel de las mujeres y el que hayan empezado a revertirse algunas de las peores tasas de matrícula escolar del mundo.

El legado de la guerra

Cinco meses después de la firma de los acuerdos de paz se está llevando a cabo un lento y arduo trabajo de reconstrucción contra un fondo de pobreza general.

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Alumnas de una escuela primaria de niñas en Rumbek. Cientos de niñas están matriculadas en los primeros grados, pero sólo siete en octavo grado.

Más del 90% de la población del sur del Sudán vive con menos de un dólar al día. El conflicto que duró dos décadas, y en el cual murieron dos millones de personas y varios millones resultaron desplazadas, ha dejado pocas trazas de infraestructura nacional o de instituciones sociales.

Para las niñas, las consecuencias de la guerra han sido particularmente brutales.

El matrimonio de una hija es una de las pocas fuentes seguras de ingreso en este país. A cambio del “precio de la novia” pagado en ganado, las niñas con frecuencia se casan —y dejan de asistir a la escuela— cuando apenas empiezan la adolescencia.

Menos del 1% de las niñas en el sur del Sudán terminan la escuela primaria. En la escuela primaria para niñas de Rumbek, se matricularon 320 estudiantes en primer grado; pero sólo siete en octavo.

Empeños populares

Al igual que otros activistas comunitarios que se han desplegado a través de todo el sur del Sudán, Reuben y su equipo van de casa en casa para persuadir a los padres de que las niñas educadas son más sanas, más fuertes y más capaces de contribuir al bienestar de sus familias.

La comunidad selecciona a los miembros del equipo que reciben el apoyo de UNICEF, la Secretaría de Educación y la organización local de PAGE (Promoción y Defensa de la Educación de las Niñas)

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Una llanta sirve de campana en la escuela comunitaria de niñas de Pul-Ajil. Las inadecuadas instalaciones escolares explican que aproximadamente la mitad de todas las clases en el sur del Sudán tienen lugar a la intemperie.

La respuesta ha sido positiva, en parte porque entre los que abogan por la educación de las niñas se encuentran líderes influyentes, tales como jefes tribales y ex oficiales de las tropas rebeldes. “Es necesario comenzar desde arriba”, dice Reuben, cuya condición de veterano y antiguo maestro de escuela le hace una figura respetable.

 “Ninguna de las mujeres de mi familia fue a la escuela”, dice. “De manera que tengo que comenzar por mis propias hijas, y después los varones, y luego probar en la comunidad”.

Los equipos invitan a los padres a observar las clases y a organizar reuniones abiertas donde los temas puedan abordarse y debatirse públicamente. En Rumbek, los ancianos de la comunidad sugirieron que las escuelas se situaran cerca de los hogares de los estudiantes para reducir a un mínimo las largas caminatas que pueden dejar a las niñas expuestas a cualquier ataque. Los padres también expresaron su ansiedad de que los estudiantes no pudieran contar con comida de ninguna clase en la escuela.

Los activistas transmitieron estas preocupaciones a las agencias internacionales y a los líderes locales que trabajan para reconstruir las instalaciones escolares. Nueve escuelas de la zona de Rumbek se están ampliando por iniciativa de la comunidad. Uno de los activistas, Gordon Thal, está comprando tierra para plantar un huerto que proporcione alimentos a los niños en la escuela.

Señalando con un gesto de la cabeza hacia el sitio donde echan los cimientos de un aula nueva, dice Gordon, “la educación de las niñas es la prioridad del mundo ahora”.

Próximos pasos

El último problema consiste en cómo responder a la demanda. En tanto las escuelas siguen siendo escasas, un estudio de diciembre de 2004 reveló que la educación es la primera prioridad del sur del Sudán.

Gabriel Gakmar Kuc, maestro en la escuela primaria de niñas de Rumbek, afirma que a las muchachas con educación —casadas o no— se les percibe cada vez más como personas que contribuyen “al bienestar de la comunidad tanto como al bienestar de la familia”.

La extensión de la violencia y los desplazamientos hacía difícil efectuar cambios durante los años de guerra. Muchas de las personas preparadas se fueron al exilio, dejando pocos modelos a imitar que inspiraran a las niñas.

Pero según la paz se afirma, surgen nuevas posibilidades.

 “Libramos esta guerra contra el analfabetismo”, dice Gabriel Malieny Marek, otro maestro de la escuela primaria de niñas en Rumbek. “Estamos construyendo la nación”.


 

 

UNGEI

Sitio de La Iniciativa de las Naciones Unidas para la Educación de las Niñas
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