Educación básica e igualdad entre los géneros

Las escuelas fronterizas abren camino a la educación de las niñas

Imagen del UNICEF
© UNICEF Pakistan/2005/Zaidi
Alumnas de la Escuela Primaria Preparatoria de Pitao Banda, en la Provincia de la Frontera del Noroeste, el Pakistán

Por MaryAnne Fitzgerald

El último informe del UNICEF "Progreso para la Infancia", dedicado a la paridad entre los géneros y la educación primaria, forma parte de las numerosas actividades que realizan los aliados en la comunidad internacional para garantizar que los niños y las niñas tengan las mismas oportunidades de ir a la escuela. El informe complementa el trabajo de la Iniciativa de las Naciones Unidas para la educación de las niñas y del proyecto Gender Achievement and Prospects in Education (GAP), ambos apoyados por organismos de las Naciones Unidas, gobiernos, países donantes, organizaciones no gubernamentales, la sociedad civil, el sector privado y comunidades y familias. "Progreso para la Infancia" se hará público el 18 de abril de 2005.

ISLAMABAD, 25 de abril de 2005 – En el Pakistán, las alumnas de la Escuela Primaria Preparatoria de Pitao Banda están abriendo camino a la educación primaria femenina en las lejanas aldeas de las estribaciones de las montañas Hindu Kush, en la Provincia de la Frontera del Noroeste.

El acceso a muchas aldeas de la provincia es difícil. El UNICEF apoya a 21 escuelas comunitarias ya establecidas, y ha promovido la apertura de otras 28 escuelas para niñas en esas remotas zonas.

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Una alumna de la Escuela Comunitaria de Pitao Banda.

La Escuela Primaria Preparatoria de Pitao Banda es uno de los establecimientos educativos que reciben apoyo del UNICEF. La mayoría de las alumnas tienen que caminar media hora por colinas y valles para llegar a la escuela, aunque algunas deben salir a las 6 de la mañana para llegar a las 7:30, hora en que comienzan las clases.

Muchas niñas llegan a la escuela con la ropa hecha jirones, pues carecen de los medios para comprar el uniforme. Algunas caminan descalzas por caminos estrechos y pedregosos, reservando sus zapatos de delgadas suelas de plástico para la época de frío.

Ciento cuarenta niñas entre los 5 y los 12 años se sientan muy juntas unas de otras en el mugriento piso de un aula –que es apenas un cobertizo– para aprender el alfabeto, los números, el calendario y la traducción de las oraciones coránicas.

Estas sonrientes preescolares son la primera generación de mujeres de sus familias que tienen la oportunidad de aprender a leer, gracias a una iniciativa del UNICEF cuyo propósito es colaborar con los aldeanos de las comunidades menos favorecidas para establecer escuelas primarias.

Para garantizar el cumplimiento de las normas nacionales, el director de la escuela primaria gubernamental más cercana supervisa las clases una vez a la semana. A fin de brindar una educación de calidad y demostrar a los funcionarios del gobierno que el plan de estudios se ciñe a los estándares nacionales, los maestros de las escuelas comunitarias deben recibir un certificado para enseñar a nivel de primaria.

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En la Provincia de la Frontera del Noroeste del Pakistán, algunos estudiantes deben caminar hasta tres horas por senderos montañosos para ir a la escuela y regresar a sus hogares.

Con ayuda de su maestra, Zakia Bibi, las alumnas de la Escuela Primaria Preparatoria de Pitao Banda logran hacer caso omiso de las rudimentarias condiciones –como paredes embarradas y resquebrajadas, y material de enseñanza insuficiente o inexistente– y se dedican a aprovechar la oportunidad de aprender. “Enseño a las niñas con un tablero que donó la escuela de niños y con carteles que yo misma elaboro y coloco en la pared”, dice Zakia.

“En noviembre comenzará el frío y nevará durante todo el invierno. Las niñas sentirán un frío terrible, pero ¿qué puedo hacer yo? Ellas tendrán que arreglárselas con las prendas más abrigadas que encuentren”.

La temperatura glacial y las fuertes nevadas a menudo obligan a las escuelas a suspender actividades. El invierno pasado fue uno de los más crueles en varias décadas. La Escuela de Pitao Banda tuvo que suspender clases durante varias semanas.

Las alumnas están acostumbradas a la vida dura. Aunque en la mayoría de sus hogares hay electricidad, menos de la mitad tienen agua corriente. No hay médicos ni dispensarios para aliviar la tos que las aqueja constantemente. Y en cuanto llegan a sus hogares por la tarde, deben encargarse de las tareas domésticas. Las niñas dicen que tienen que lavar los platos, fregar el piso, cuidar a sus hermanitos y recoger agua del arroyo.

A pesar de todo, la educación está abriendo las mentes de las niñas a nuevos horizontes. Esto se evidencia con toda claridad cuando, al preguntarles quiénes quisieran seguir estudiando más allá de la primaria, docenas de alumnas alzan la mano, llenas de entusiasmo.


 

 

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