Haití

Diario de campo: El entusiasmo de los niños haitianos por volver a aprender

Imagen del UNICEF
© UNICEF/2010/Ingram
Los niños cuentan con educación no estructurada, respaldada por UNICEF, en el campamento de Dadaou para familias desplazadas como consecuencia del seísmo ocurrido el 12 de enero en Puerto Príncipe, Haití.

UNICEF es uno de los organismos que prestan ayuda a los habitantes de los cientos de campamentos de refugiados que se establecieron de manera espontánea en los parques, plazas y otros lugares públicos de Haití tras el terremoto del 12 de enero. Simon Ingram, de UNICEF, envió el siguiente informe sobre su reciente visita a uno de esos asentamientos.

Por Simon Ingram

PUERTO PRÍNCIPE, Haití, 31 de marzo de 2010 – Basta con mencionar la palabra “escuela” para que a Taïma Celestin se le iluminen los oscuros ojos castaños. Y no es difícil comprender por qué. El 5 de abril, fecha programada para la reapertura de las escuelas de Haití, será la primera ocasión en que esta niña de 10 años que irradia confianza en ella misma pueda alejarse de lo que hoy es su hogar, una rudimentaria choza cubierta con una lámina de plástico azul ubicada en un estadio deportivo en los suburbios de Puerto Príncipe.

Allí se refugiaron Taïma, sus abuelos y más de 7.000 haitianos aterrorizados en los días posteriores al devastador terremoto que sacudió Haití el 12 de enero, y que provocó más de 220.000 muertes. Casi tres meses después, son pocos los que han podido regresar a sus hogares. Para todos los demás, el campo de fútbol cubierto de césped artificial y rodeado por una pista de atletismo asfaltada se ha convertido en una comunidad llamada “campamento Dadadou”.

Parte del proceso de recuperación

Durante el día, Taïma participa con varios cientos de niños y niñas en clases escolares no estructuradas que ofrecen maestros voluntarios en dos grandes tiendas de campaña blancas suministradas por UNICEF. El organismo internacional también distribuyó conjuntos de elementos escolares conocidos como “Escuelas en una caja”, así como materiales de recreación.

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La coordinadora del campamento Dadadou, Julie Bertrand, responde a una pregunta durante una clase escolar no estructurada para niños desplazados por causa del terremoto.

Las clases son ruidosas pero se desarrollan en un ambiente alegre. Durante los breves recreos, los integrantes de una organización no gubernamental local ofrecen a los niños jugos de fruta y bocadillos.

 “Las clases me ayudan a olvidarme de lo que sucedió, aunque sólo sea por un rato”, explica Taïma.

Quizás como parte del proceso de recuperación, los niños del campamento han inventado un nombre para el terremoto. “Cuando conversamos entre nosotros, le llamamos Monsieur Gudoo-Gudoo, por el ruido que hizo”, explica Taïma mientras agita los brazos al ritmo de sus palabras.

La Dra. Junie Bertrand, ex coordinadora del campamento Dadadou e integrante de la ONG haitiana Kore Timoun (Apoyo a los niños), dice que las clases no estructuradas han ayudado a los niños a comprender y aceptar lo que les sucedió.

 “Al principio, había niños que tenían ataques de pánico en medio de la noche”, explica la Dra. Bertrand. “Pero desde que comenzaron las clases, no he vuelto a ver niños tan gravemente afectados”.

Un campamento saludable y seguro

Las clases también tienen otros efectos positivos. Por ejemplo, los niños de menor edad aprenden una canción que les enseña la importancia de la higiene personal y el lavado de manos con jabón, prácticas indispensables para prevenir la diarrea y otras enfermedades transmitidas por el agua.

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Taïma Celestin, de 10 años de edad, posa en el exterior de una tienda de campaña improvisada en el campamento de Dadadou, donde ha vivido junto a sus abuelos desde el seísmo en Haití.

La Dra. Bertrand indica que hasta ahora la mayoría de los refugiados del campamento ha estado a salvo de enfermedades graves. Pero la ex coordinadora del campamento está muy preocupada ante la inminencia de la temporada de lluvias.

En el campamento Dadadou, cuya población ha continuado creciendo debido a la llegada de más familias desamparadas, hay escasez de materiales adecuados para la construcción de albergues y de cantidades suficientes de agua y alimentos. Las condiciones en este campamento son similares a las que existen en los cientos de asentamientos de desplazados que se formaron de manera espontánea en Puerto Príncipe y otras zonas del país afectadas por el terremoto.

A pesar de los problemas, Dadadou es un campamento donde, en general, reina el orden. Las tiendas de campaña y las chozas con techo de lona se levantan a corta distancia unas de otras, en uno de los lados de la cancha hay una serie de retretes perfectamente alineados y cerca del campo de juego hay un depósito de agua de unos 12.000 litros de capacidad, cuyo contenido está protegido del polvo y la suciedad. Las condiciones de seguridad también son adecuadas, ya que patrullas de la policía local y de voluntarios de la comunidad  recorren el campamento periódicamente.

“Será un gran día para mí”

Taïma, como muchos otros niños y niñas del campamento, está muy entusiasmada ante la posibilidad de regresar a la escuela. “Será un gran día para mí, especialmente cuando tenga clases de matemáticas y francés”, explica la niña, refiriéndose a sus materias favoritas.

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Taïma Celestin y sus abuelos.

La niña ya tiene preparado para ese gran día el único de sus uniformes escolares que la familia pudo rescatar de su departamento en ruinas. Taïma sabe, sin embargo, que las consecuencias trágicas del terremoto pondrán a prueba su entusiasmo por la reanudación de las clases.

 “Cuando vaya a la escuela”, comenta, “sabré cuáles de mis amigos están vivos y cuáles murieron”.


 

 

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