Género

Imagen del UNICEF
© UNICEF/ HQ02-0039/ LeMoyne
Una niña lee en una escuela ruinosa. Kabul (Afganistán).

El género se refiere a las distinciones sociales entre niños y niñas y hombres y mujeres que son producto de una construcción de carácter social, no biológica. Dichas distinciones se reflejan en las funciones que los niños y las niñas tienen en la sociedad y en la situación en que se hallan en el seno de la misma. Los papeles asignados en razón del género tienden a ser dinámicos y varían de una cultura y un marco temporal a otro, a la vez que se caracterizan por unas relaciones de poder desiguales.

La sensibilidad a las cuestiones relacionadas con el género es un aspecto fundamental de toda la programación del UNICEF. Acabar con los prejuicios y la discriminación de género es fundamental para mejorar la condición de las mujeres y las niñas y alcanzar la igualdad de género en la educación. La aplicación de una perspectiva de género contribuye a hacer visibles las diferencias de poder. Asimismo, contribuye a poner en evidencia claramente las necesidades y los derechos de las niñas y los niños en contextos geográficos, culturales y económicos específicos.

El objetivo final es la eliminación de la desigualdad por razones de género y las prácticas y políticas discriminatorias, tanto las evidentes como las estructurales. Es este objetivo lo que encontramos en el centro del análisis de género. Dicho análisis, por consiguiente, debería ser una condición previa para la identificación y comprensión de los problemas relacionados con la educación, en particular la exclusión permanente de las niñas de una escolaridad de calidad. Los análisis de género guían el proceso de búsqueda de soluciones viables y sostenibles al problema del acceso, la calidad y el éxito en el aprendizaje.

El análisis de género aplicado a lo que las niñas y los niños aportan a la educación –entre otros la socialización en edad temprana, el acceso a los alimentos y la salud, el legado cultural y el lenguaje– al contenido de la educación, a los procesos de enseñanza y aprendizaje, al entorno y a las perspectivas que ofrece dicho aprendizaje, contribuye a evidenciar las malas –y las buenas– prácticas y políticas educativas. Este análisis, a su vez, debería ser la base de las intervenciones educativas sensibles a las cuestiones de género y a los derechos humanos.


 

 

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