Trabajo y explotación infantil

Casi un cuarto de millón de niños, es decir, 16 de cada cien niños en todo el mundo, son objeto de explotación en su trabajo, lo que constituye una violación de la Convención sobre los Derechos del Niño y de las normas internacionales del trabajo. Casi tres cuartas partes de ellos trabajan en entornos peligrosos, como minas y fábricas, o manipulan sustancias peligrosas, por ejemplo sustancias químicas.

La mayoría de los trabajadores infantiles son “invisibles”, es decir se los mantiene apartados de la vista y fuera del alcance de la ley. A muchos de estos niños no solo se los explota, sino que se les niega la educación, los cuidados básicos de salud, una nutrición adecuada, el tiempo libre y la seguridad de sus familias y comunidades. En general, el trabajo doméstico de las niñas es el más invisible de todos, y algunos datos indican que las niñas forman el grupo mayor entre los trabajadores infantiles.

El UNICEF considera la educación como un instrumento poderoso de prevención del trabajo infantil. Los niños que asisten a la escuela corren menos riesgos de ser explotados, y, en cambio, los que trabajan y tienen la oportunidad de estudiar están en mejor posición para mejorar su situación.

Desde 1986, el UNICEF ha patrocinado un programa interregional llamado “La educación como estrategia preventiva” que pretende dar respuesta a tres desafíos:

Uno de los 35 países que está aplicando el programa es la India. En Firozabad (estado de Uttar Pradesh) por ejemplo, los niños trabajan a menudo en la fabricación de brazaletes de vidrio, con el fin de completar los ingresos de sus familias. Aunque el trabajo infantil está formalmente prohibido por ley, el incumplimiento de ésta es frecuente tanto en los hogares como en las pequeñas empresas informales en los que trabajan la mayor parte de los niños. Fabricar un brazalete es un proceso compuesto de 32 manipulaciones diferentes, en muchas de las cuales el niño corre peligro. Algunas de estas manipulaciones peligrosas son, por ejemplo, calentar y unir los extremos del brazalete sobre una llama de kerosene, tallar motivos en el brazalete con ayuda de cuchillas mediante un rápido movimiento, y decorar el brazalete con sustancias químicas plateadas o doradas.

El Proyecto Chiragh, que cuenta con el apoyo del UNICEF y de otros organismos asociados, utiliza la enseñanza como instrumento de ayuda a los niños y a las familias que dependen del trabajo de aquéllos. La concienciación de los peligros del trabajo infantil y el valor de la educación se realiza mediante juegos en la calle, campañas de puerta a puerta, canciones populares y espectáculos de baile, magia y video. Después de las campañas, se invita a los niños y niñas entre 6 y 14 años, especialmente a las niñas que residen en lugares apartados, a asistir a la salida de sus trabajos a los centros de aprendizaje alternativo como medio para ofrecerles una educación formal.

En Benin, se suele enviar a los niños y niñas de familias pobres a las ciudades para que trabajen en el servicio doméstico o hallen otro tipo de empleo. Algunos de estos niños y niñas son objeto de tráfico dentro del país o hacia otros países. Los más afortunados son retenidos en los pasos fronterizos y enviados de regreso a sus hogares; otros, principalmente los más pobres y menos educados, no escapan a ese tráfico.

Para impedir este estado de cosas en su origen, el UNICEF patrocinó en ese país la formación de 170 comités de aldea en aspectos tales como el trabajo infantil, el tráfico de niños y los derechos de los niños. Los miembros de esos comités, por su parte, divulgaron entre los padres los peligros del tráfico y el valor de la educación. Programas radiofónicos y publicitarios en televisión –muchos de los cuales fueron elaborados por los niños mismos o con su participación– contribuyeron a esa campaña, cuyos resultados muestran un descenso drástico del tráfico de niños en los últimos tres años en las zonas en que funcionan dichos comités, en parte debido a la supervisión vigilante y las iniciativas de control de los propios miembros de los comités.

En el Líbano, 128 maestros y asesores escolares recibieron formación en técnicas de asesoramiento, con el fin de identificar los posibles casos de abandono escolar y como remediarlo. Si bien la mayoría de los niños y niñas de ese país asisten a la escuela primaria, los porcentajes de abandono en la enseñanza secundaria suelen ser altos en las regiones septentrional y meridional y en el valle de la Bekaa. El gran éxito obtenido con el programa “Sistema centinela” hace que se haya decidido integrar módulos formativos similares destinados a los maestros en la formación previa a la entrada en servicio de todos los maestros del Líbano. Otro aspecto del programa proporcionaba una “segunda oportunidad” de formación profesional a niños y niñas de 14 a 18 años. Mediante ese proyecto, los profesores de formación profesional de las escuelas públicas y privadas, y los trabajadores sociales hicieron conocer a los niños que recibían la formación las oportunidades de empleo de sus comunidades.


 

 

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