Benin

Refugios donde se protege a los niños de Benin del abuso y la explotación

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© UNICEF Benin/2010
Una niña asiste a clases en el Hogar San José, de Benin. La institución ofrece refugio a los niños y niñas que han sido víctimas de la trata de menores y el matrimonio forzado.

Por Shantha Bloeman

PARAKOU, Benin, 24 de mayo de 2010 – El hermano mayor de Sophie, de 13 años, prometió a su hermana en matrimonio sin su consentimiento. Cuando la niña rechazó el casamiento arreglado, el hermano la agredió físicamente. “Me golpeó y me dijo que me iba a matar”, explica Sophie, que huyó de su hogar y se escondió en las afueras de su aldea. Un agente de policía localizó a Sophie , cansada y asustada, tres días más tarde.

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Las autoridades remitieron a Sophie al Hogar San José de Parakou, un refugio para los niños y niñas víctimas de la trata de menores y del matrimonio precoz que no tienen adónde ir. La institución, ubicada en la segunda ciudad en importancia de Benin, fue diseñada originalmente para albergar a unos 30 niños. Sin embargo, el número de niños y niñas allí albergados es con frecuencia considerablemente más elevado.

“Por lo general tenemos unos 40 niños, y a veces pueden llegar a 70”, explica Sor Ines Germaine Gomis, una de las religiosas que participó en la creación del refugio en 2006.

Niños desprotegidos

La combinación de la pobreza y las prácticas culturales tradicionales suele empujar a muchos niños de Benin a situaciones de explotación.

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© UNICEF Benin/2010
El Hogar San José, localizado en Parakou (Benin), fue diseñado originalmente con capacidad para unos 30 niños aunque a veces alberga más del doble.

Con frecuencia, se trata de niños que están especialmente desprotegidos en sus propias familias o en familias ampliadas. A pesar de que existen normas jurídicas que prohíben el matrimonio antes de los 18 años, resulta difícil imponer esa prohibición en las zonas rurales, donde muchas familias consideran que se trata de una práctica que les permite reducir la pobreza.

Además, en Benin hay medio millón de niños y niñas de 5 a 14 años que no van a la escuela y que trabajan. “Algunos trabajan en las minas de cal y otros son explotados en los mercados y pequeños talleres”, afirma Bertin Danvide, Jefe de la Suboficina de UNICEF en Parakou.

Muchos niños emigran a Nigeria en busca de trabajo, y otros son transportados allí por los tratantes de menores. Al Hogar San José llegaron recientemente cinco adolescentes que parecían estar confundidos y traumatizados. Las autoridades les habían interceptado mientras un tratante intentaba convencerlos de que cruzaran la frontera con Nigeria mediante promesas de que recibirían motocicletas y dinero en efectivo. En realidad, se trataba de una maniobra para obligarles a trabajar en condiciones de explotación en las canteras nigerianas.

Como resultado de un estudio sobre la trata de niños realizado por UNICEF en 2006, el Gobierno de Benin aprobó una serie de normas jurídicas que prohíben “el reclutamiento, el transporte, la transferencia, el empleo y el patrocinio con propósito de explotación” de niños menores de 18 años. Desde entonces, y gracias al apoyo brindado por UNICEF, las fuerzas policiales, las autoridades locales y el Gobierno nacional han adquirido un alto grado de conciencia sobre la trata de niños. A pesar de ello, son raras las ocasiones en que los tratantes de personas son procesados.

Una escalada de abusos

En esas circunstancias, los refugios seguros como el Hogar San José tienen una importancia esencial para la niñez beninesa. La hermana Gomis comenta que, por lo general, los varones permanecen en el centro unos tres meses. Y agrega que las niñas, en cambio, “corren frecuentemente peligro de violación o matrimonio forzado, de manera que no podemos enviarles de regreso a sus familias”.

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Una niña con un canasto lleno de cuentas que venderá en el mercado de Parakou, la segunda ciudad en importancia de Benin.

Sophie, que vive en el Hogar San José desde hace seis meses, comenta que extraña a su madre. En el refugio, la niña aprende a leer y escribir, juega y adquiere otros conocimientos y aptitudes para la vida.

Sin embargo, en el resto de la ciudad, hay muchos adolescentes mucho menos protegidos.

En Benin persiste la tradición de una forma de aprendizaje laboral conocida como  “videomegon”, que en fon, la lengua local, significa “niño empleado”. Esa práctica, que originalmente estaba destinada a ayudar a los niños campesinos a lograr acceso a la educación y otras oportunidades alojándoles con sus parientes en los pueblos y ciudades, se ha convertido en muchos casos en un sistema de explotación de los niños, niñas y jóvenes.

El Ministerio de Estudios Técnicos y Profesionales de Benin ha tomado cartas en el asunto y colabora con diversas asociaciones profesionales para que eliminen los abusos en sus respectivas industrias y actividades y para regular el sistema de formación de aprendices. Sin embargo, continúan los abusos generalizados. Pese a que los empleadores les asignan un pequeño estipendio para sus gastos de alojamiento y comida, los aprendices suelen convertirse en trabajadores en condiciones de servidumbre, ya que trabajan un número excesivo de horas sin derecho al descanso.

Mayor grado de conciencia

Rose, de 14 años de edad, es una aprendiz que trabaja en el taller de costura de su tío. Rose llegó a Parakou hace dos años desde su aldea, a 250 kilómetros de distancia, debido en parte a que en la región donde vivía no había escuelas y en parte a que su familia necesitaba que aprendiera un oficio. Durante sus largas jornadas de trabajo, Rose corta piezas de tela y realiza labores de bordado. La niña vive con su tío, quien le paga un modesto subsidio para su desayuno y almuerzo.

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Rosa tiene 14 años de edad y es aprendiz en la sastrería de su tío aunque también ha empezado a asistir a una escuela no estructurada que recibe el apoyo de UNICEF.

Afortunadamente, tanto Rose como Sophie han comenzado a recibir los beneficios del aumento del grado de conciencia sobre los derechos de los niños a la protección y a la educación, que se está produciendo en todo Benin. Rose ha comenzado a estudiar en una escuela de enseñanza no estructurada a cargo de una organización no gubernamental llamada Group for Research and Action in Human Development (grupo de investigación y acción sobre el desarrollo humano).  Las clases de la escuela, que cuenta con el respaldo de UNICEF, duran cuatro horas y se ofrecen cinco días por semana en un recinto comunitario.

Si Rose logra aprobar el examen final cuando concluya el curso de tres años, obtendrá el equivalente de una educación escolar primaria.

Las oportunidades y el cumplimiento de las leyes.

 “Cuando comencé estudiar, sentí que me obligaban  a hacerlo y que era una pérdida de tiempo”, comenta Rose. “Pero ahora que ya he empezado a leer, me doy cuenta lo bueno que es ir a la escuela”.

El tío de Rose está de acuerdo con que la niña estudie y hasta la lleva a clases en su motocicleta. Sin embargo, muchos otros patrones son mucho menos complacientes. Los trabajadores sociales del grupo de investigación y acción sobre el desarrollo humano encargados de localizar niños y niñas que trabajan dicen que por lo general resulta difícil convencer a sus empleadores de que les den el tiempo libre necesario para estudiar, aunque la Constitución de Benin consagre la obligatoriedad de la educación primaria.

Para que los niños y niñas de Benin estén mejor protegidos, es imprescindible crear más oportunidades en materia de educación y garantizar con más ahínco el cumplimiento de las leyes.


 

 

Vídeo (en inglés)

Shantha Bloeman, de UNICEF, informa sobre las labores orientadas a proteger a los niños y niñas de Benin del abuso y la explotación.
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Shantha Bloeman, de UNICEF, informa sobre las oportunidades de estudiar que se ofrecen a las niñas de Benin que se ven obligadas a trabajar.
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