Afganistán

Los centros de alfabetización de la mujer difunden conocimientos y establecen nuevas prioridades en las zonas más apartadas de Afganistán

Por Farida Ayari

NILI, Afganistán, 11 de octubre de 2010 – En la pequeña habitación de un edificio de Nili, la capital de la apartada provincia afgana de Daikundi, se encuentran unas 30 mujeres y niñas de 12 a 70 años de edad. Algunas han traído sus hijos a la clase donde se les enseña a leer por primera vez en sus vidas.

VÍDEO (en inglés): Un informe de UNICEF sobre los centros de alfabetización de la mujer, que brindan educación a las habitantes de las regiones más aisladas de Afganistán.  Véalo en RealPlayer

“Antes de tomar este curso de alfabetización, cada vez que iba a un hospital me perdía porque no podía leer los carteles y las instrucciones”, recuerda Razia, de 24 años. “Siempre tenía que pedirle a algún médico que me indicara adónde ir. Me daba mucha vergüenza no saber leer”.

Sin embargo,  gracias a las clases del centro de alfabetización de la mujer, que cuenta con el apoyo de UNICEF, ahora Razia sabe leer y no se pierde en ningún sitio.

Entusiasmo por aprender

Un niño de corta edad observa con curiosidad a dos mujeres de edad avanzada que deletrean palabras en voz alta. Cerca de ellas, Nouria, una maestra de 19 años de edad, enseña conocimientos prácticos para la vida.

Imagen del UNICEF
© UNICEF Afghanistan/2010/Beard
Nouria, de 19 años, es una de las maestras del centro de alfabetización de la mujer de Nili, la capital de la provincia afgana de Daikundi.

“Las estudiantes se inscribieron para este curso en los lugares donde viven, que en muchos casos se encuentran muy lejos de aquí”, comenta Nouria. “Estas mujeres nos dicen que no quieren seguir siendo ciegas, como eran antes de aprender a leer”, agrega la educadora, que hace hincapié en el entusiasmo por aprender que demuestran sus alumnas.

Según el informe nacional sobre riesgo y vulnerabilidad correspondiente a 2007-2008, la tasa de alfabetización de los adultos de Afganistán se acerca al 26%. La tasa correspondiente a las mujeres es del 12% y la de los hombres del 39%. En las zonas rurales como la provincia de Daikundi, la situación es más grave, ya que el 93% de los adultos, en su mayoría mujeres, carece de las aptitudes básicas de lectura y escritura.

La provincia, que tiene unos 500.000 habitantes, es una zona prioritaria para UNICEF, ya que las actividades que desarrollan allí las organizaciones no gubernamentales nacionales e internacionales son muy limitadas. Las labores destinadas a brindar educación a las mujeres en las zonas apartadas y aisladas forman parte del esfuerzo mundial por prestar servicios a los más vulnerables y lograr los Objetivos de Desarrollo del Milenio de las Naciones Unidas, cuya meta consiste en reducir la pobreza en todo el mundo para 2015.

Las familias también se benefician

En Daikundi funcionan, bajo la supervisión del Departamento de Educación de Afganistán, unos 125 centros de alfabetización de la mujer a los que asisten unas 3.750 niñas y mujeres. En cada curso de alfabetización, de nueve meses de duración, participan unas 30 alumnas.

Imagen del UNICEF
© UNICEF Afghanistan/2010/Beard
Un grupo de alumnas del centro de alfabetización de la mujer de Nili, en Afganistán, donde algunas madres asisten a clases con sus hijos.

UNICEF suministra libros de texto y útiles escolares a todas las maestras y alumnas de los centros de alfabetización de la mujer de la provincia de Daikundi. Además, provee a los centros otros materiales, como pizarras y tapetes sobre los que se sientan las mujeres. Asimismo, UNICEF organiza y patrocina cursos de capacitación docente.

Los conocimientos y la información que reciben las mujeres durante los cursos llegan a través de ellas a los demás integrantes de sus familias, de manera que sirven para inculcar nuevas ideas a sus comunidades.

“Las lecciones que reciben las mujeres les enseñan a modificar sus comportamientos en el ámbito de sus familias”, señala Nouria. “Antes, si trataban de salir de la casa, sus maridos las pegaban. Pero ahora les autorizan a participar en nuestros cursos porque aquí adquieren conocimientos muy útiles y prácticos”.

Nuevas prioridades

Resulta asimismo evidente que los cursos tienen efectos positivos en los niños.

“Cuando las mujeres saben leer y escribir, los niños y niñas de sus familias pueden aprender de ellas”, explica Rahima, de 23 años. “Los niños sienten que si su madre hace eso, tiene que ser bueno, y quieren hacer lo mismo”.

Abdul Waheed Vasseq, que dirige el Departamento de Educación de Daikundi, afirma que los centros de alfabetización de la mujer han modificado la manera en que piensan muchos habitantes de esta zona apartada y que ha aumentado el número de personas que están de acuerdo en que se debe dar prioridad a la educación.

“Las madres que participan en los cursos de alfabetización han comenzado a enviar a sus hijos e hijas a la escuela”, explica. “Pese a las dificultades financieras, han comprendido la importancia de la educación y trabajan con más empeño para poder pagar la educación de sus hijos”.


 

 

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