Sudáfrica

El aprendizaje entre niños en zonas rurales de Sudáfrica salvaguarda su derecho a jugar

Imagen del UNICEF
© UNICEF South Africa/2009/Hearfield
Un “compañero” lee un cuento a unos entusiasmados niños pequeños en zulú, su lengua materna, en la provincia rural de KwaZulu-Natal, Sudáfrica.

Por Yvonne Duncan

En vísperas de la celebración el 20 de noviembre de 2009 del vigésimo aniversario de la Convención sobre los Derechos del Niño, un histórico acuerdo internacional sobre los derechos humanos básicos de todos los niños y niñas, UNICEF presenta una serie de artículos acerca de los avances logrados y los obstáculos que quedan por superar. A continuación, uno de esos artículos.

PROVINCIA DE KWAZULU-NATAL, Sudáfrica, 16 de noviembre de 2009 – Sólo tiene 9 años pero Mandla (nombre ficticio) ya es un mentor. Todos los días después de la escuela, se reúne con niños más pequeños y más vulnerables de su pueblo y les enseña por medio de canciones tradicionales, historias y juegos.

Mandla es un voluntario del nuevo proyecto de educación entre niños del centro Pequeño Elefante de formación de educación primaria, que ofrece formación anual a profesionales de la salud y voluntarios que trabajan en el desarrollo de la primera infancia basado en la comunidad. El papel que desempeña Mandla y los otros “compañeros” del programa –voluntarios con edades de 8 a 13 años– es aliviar la carga de los adultos mayores y enfermos que tienen niños y niñas a su cuidado.

“Los ‘compañeros’ son un ejemplo poderoso de cómo las intervenciones entre niñas y niños mayores y los más jóvenes pueden respaldar un aprendizaje y desarrollo tempranos”, dice Andries Viviers, Especialista en Educación de UNICEF Sudáfrica. “Los niños mayores obtienen un gran sentido de la valía propia, al mismo tiempo que los más pequeños se benefician de los cuidados, el estímulo y la diversión ofrecida por los niños más mayores”.

Invertir en el futuro
La evidencia muestra que las niñas y los niños que participan en programas de desarrollo de la primera infancia registran mejoras en la salud, en sus aptitudes cognitivas y su actuación académica, y luego, en la vida, disfrutan de mayores ingresos y de un mejor rendimiento.

El desarrollo de la primera infancia tiene como objetivo proteger los derechos de los niños a desarrollar su potencial cognitivo, emocional, social y físico. Estos derechos están consagrados en los artículos 28 y 31 de la Convención sobre los Derechos del Niño, respectivamente, como el derecho a la educación y a jugar.

Sin embargo, sólo el 16% de los niños y niñas sudafricanos tienen acceso a programas organizados de desarrollo de la primera infancia basado en la comunidad. Además, en los lugares donde existen, la asistencia sigue siendo baja debido a la pobreza y a una infraestructura limitada.

Aliados de confianza
La zona apartada del valle Matimatolo, donde vive Mandla con su numerosa familia, no es la excepción. Según la directora fundadora del centro de formación Pequeño Elefante, Mary James, alrededor del 80% de las familias de la región viven por debajo del umbral de pobreza.

Imagen del UNICEF
© UNICEF South Africa/2009/Hearfield
Una niña discapacitada de la provincia KwaZulu-Natal se muestra alegre por formar parte del grupo de “compañero” que se reúnen al acabar las clases para leer y colorear.

“Necesitamos hacer todo lo posible por nuestras niñas y niños. La inmensa mayoría de los jóvenes sudafricanos viven en comunidades de bajos recursos en las que todavía no hay acceso a la educación primaria”, dice James.

Su equipo de especialistas en desarrollo de la primera infancia basado en la comunidad prepara a mentores y apoya a los voluntarios que trabajan estrechamente con familias rurales pobres, mediante visitas a los niños en sus hogares y el contacto con la enseñanza y el desarrollo. Con el fin de involucrar a los más pequeños, los “compañeros” están preparados para combinar la enseñanza y el juego. Se convierten también en aliados de confianza y colaboradores de las niñas y los niños.

 “Los ‘compañeros’ son más que simples amigos para jugar”, observa Viviers. “Estos maravillosos niños también canalizan la información acerca de las condiciones sociales en los hogares que puedan obstaculizar el desarrollo del menor. Ellos son los primeros en darse cuenta de las señales de aviso y alertar a los mentores sobre la posible situación de hambre, enfermedad, abuso o negligencia para con el niño o la niña”.

Un modelo de mejores prácticas

La oficina de UNICEF en Sudáfrica ve el proyecto del centro Pequeño Elefante, basado en la comunidad, como un modelo de mejores prácticas para programas de la primera infancia similares en todo el país.

Para ayudar a extender estos programas, UNICEF trabaja con sus aliados en el desarrollo del “Plan nacional integrado de desarrollo de la primera infancia”. UNICEF también trabaja con los departamentos nacionales de Desarrollo Social, Educación Básica y Salud, con el fin de promocionar fórmulas de desarrollo de la primera infancia rentables, poniendo especial énfasis en modelos basados en la familia y la comunidad, especialmente en las comunidades pobres y más perjudicadas.

UNICEF cree que, sea en Sudáfrica o en el resto del mundo, una de las mejores inversiones que puede hacer un país es la de ofrecer a niñas y niños un buen comienzo en sus vidas.


 

 

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