Primera infancia

Socialización de los géneros en la primera infancia

© UNICEF/ HQ99-0849/ LeMoyne
Dos mujeres pertenecientes a la etnia dao de Vietnam, caminan con sus hijos sobre las espaldas en la comuna de Lason, en la localidad de Ha Nam.

Es un hecho generalmente aceptado que la socialización de los géneros es uno de los aspectos de mayor importancia de la primera infancia, y que afecta tanto a los niños como a las niñas. Mediante la socialización de los géneros en la primera infancia se sientan las bases de los estereotipos de género.

La socialización de los géneros en la primera infancia comienza al nacer y constituye un proceso de aprendizaje cultural de los papeles asignados a cada uno según su sexo. Desde que nacen, los niños y niñas reciben trato distinto por parte de los integrantes de su entorno social, y aprenden las diferencias que existen entre los niños y las niñas y entre las mujeres y los hombres. Las expectativas de la sociedad y los padres con respecto a los niños y a las niñas, la selección de juegos y juguetes según el género del menor y la asignación de tareas basadas en el género tienden a definir un proceso de diferenciación social que se puede denominar “socialización de los géneros”. En diversos puntos del mundo hay numerosos ejemplos de que la socialización de los géneros se relaciona íntimamente con los valores étnicos, culturales y religiosos de cada sociedad. Y el proceso de socialización de los géneros continúa durante toda la vida.

La socialización de los géneros es un proceso mediante el cual las personas aprenden a comportarse de determinadas maneras, acordes con los creencias, valores, actitudes y ejemplos de las sociedades en que viven. El proceso comienza no bien una mujer queda embarazada, cuando quienes la rodean comienzan a juzgar el valor de los varones con respecto a las mujeres. Esas imágenes estereotipadas se perpetúan debido a que los familiares, maestros y otros tienen expectativas distintas para los niños que para las niñas.

Un ejemplo: una mujer joven está a punto de tener su primer hijo. Cuando se le pregunta si desea que sea varón o mujer, responde que le da lo mismo. Pero a su lado hay un familiar de mayor edad que exclama: “¡Esperemos que sea varón!”. Los comentarios como éste, leve pero significativo, indican que la socialización de los géneros comienza aún antes de nacer.

Los niños y las niñas quedan sujetos desde muy temprana edad a las normas que definen lo “masculino” y lo “femenino”. A los varones se les dice que no deben llorar, que no deben sentir temor, que no deben perdonar, y que deben ser enérgicos y fuertes. A las niñas, por otro lado, se les requiere que no sean exigentes, que perdonen, que sean complacientes y que se “comporten como damas”. Esos papeles que se asignan a los niños y las niñas en función de su género y esas expectativas que se cifran en ellos tienen profundas ramificaciones. En muchas partes del mundo, las niñas son víctimas de discriminación en materia del cuidado, la atención de la salud y los alimentos que reciben, lo que les lleva a creer que merecen que se les trate de manera diferente a los varones. El grado de diferencia entre los géneros varía en todas las culturas con respecto a la salud, la nutrición, el cuidado, las actividades en pro del desarrollo, la educación, la higiene y la protección en las diversas etapas de la infancia.

Inspirándose en la Convención sobre los Derechos del Niño, UNICEF aboga por la igualad y la paridad de los géneros en materia de cuidado, protección y desarrollo de todos los niños y niñas del mundo.


 

 

 

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