Datos sobre la infancia

Inmunización

Hace 100 años, las enfermedades infecciosas eran la principal causa de muerte en el mundo. Los brotes repentinos de viruela mataban hasta 5 millones de personas cada año y dejaban a muchas otras desfiguradas o ciegas. Las víctimas más frecuentes de la poliomielitis eran menores de cinco años. Aún en la década de 1980, cada año el virus invadía sigilosamente el sistema nervioso de medio millón de personas; la mayoría de ellos sobrevivía, pero habitualmente quedaban lisiados de por vida. Estas enfermedades y muchas otras barrían pueblos y ciudades enteros, dejando a su paso una estela de terror, ruina, devastación, discapacidad y muerte.

La situación actual de la inmunización es el compendio de una serie de éxitos de la sanidad pública a nivel mundial. En 1979, como resultado de la primera campaña mundial de inmunización, se declaró la erradicación de la viruela. En la década de 1980, la cobertura inmunitaria contra la difteria, la tos ferina y el tétanos pasó de menos de un 20% de la población mundial a más del 70%. En la década de 1990, el número de muertes a causa de la viruela disminuyó de forma notable. La erradicación de la polio se encuentra actualmente a la vuelta de la esquina. La inmunización ha salvado a millones de personas y ha permitido a muchas otras llevar una vida más larga y saludable.

Sin embargo, estos avances no han llegado por igual a todas las regiones del mundo. En todo el mundo existen más de 30 millones de niños y niñas sin inmunizar, ya sea porque carecen de acceso a las vacunas, porque los servicios sanitarios son precarios o inexistentes, o porque sus familias no están informadas acerca de cuándo y porqué deben inmunizar a sus hijos. En África subsahariana, sólo se vacuna al 50 % de la población infantil durante el primer año de vida. En Europa del Este y la Comunidad de Estados Independientes, los índices de inmunización registraron un drástico descenso tras la conmoción política y económica ocasionada por el derrumbe de la Unión Soviética.

Como resultado de ello, cada año mueren innecesariamente más de 2 millones de niños y niñas.

Este es el motivo principal por el que la lucha contra las enfermedades infecciosas debe continuar. Pero existen otros:

¿Para qué inmunización “y más”?

El programa Inmunización “y más” consiste en la administración de vacunas y en la adopción de otras medidas de bajo coste que tienen una enorme incidencia en la reducción de la mortalidad y morbilidad infantil y derivada de la maternidad. El término “más” puede englobar diversas medidas como la administración de suplementos de vitamina A, el registro del nacimiento, el seguimiento del desarrollo, la prevención del paludismo y la prestación de atención prenatal y postnatal. De las medidas que integran el programa Inmunización “y más”, la administración de suplementos de vitamina A es considerada como la intervención mínima en aquellos entornos que presentan un elevado índice de mortalidad infantil o deficiencias de vitamina A. La necesidad de aplicar otras medidas se determina en función de las condiciones locales.     

Los días nacionales de inmunización y otras campañas han desempeñado un importante papel en la reducción del número de muertes, al centrar la atención de los países en la importancia de la inmunización y la necesidad de prepararse ante eventuales brotes de enfermedades. No obstante, los logros de estas campañas, con tanto esfuerzo obtenidos, sólo podrán mantenerse mediante unos servicios de inmunización continuados y extensos. La prioridad fundamental del UNICEF, manifestada en su plan estratégico a mediano plazo para el período 2002-2005, es “garantizar unos servicios de inmunización sostenibles que periódicamente brinden acceso a todos los niños y niñas a las vacunas y suplementos de vitamina A adecuados, como parte de nuestro compromiso de fortalecer los sistemas de atención sanitaria primaria”.

Los suministros de vacunas en peligro

Hasta hace poco, las vacunas empleadas en los países en desarrollo eran las mismas que se empleaban en los países industrializados. La superproducción en los países más ricos de las vacunas “tradicionales” –la vacuna triple contra la difteria, la tos ferina y el tétanos, la vacuna contra la poliomielitis, el sarampión y la vacuna contra el BCG (que protege frente a ciertos tipos de tuberculosis infantil)– indica que eran abundantes y que podían obtenerse a bajo coste para inocular a la población infantil de los países más pobres. Pero a comienzos de la década de 1990, la producción de vacunas se privatizó en numerosos países. Al mismo tiempo, las naciones más ricas comenzaron a emplear vacunas nuevas, más elaboradas y más caras, y muchos fabricantes dejaron de producir las otras, menos rentables, que se empleaban principalmente en los países en desarrollo.

Junto con este viraje en el mercado de las vacunas se produjo también una escasez de las mismas como resultado del aumento de la demanda debido a las campañas de lucha contra la polio, el tétanos materno y neonatal y el sarampión. Actualmente, las existencias de vacunas constituyen un factor determinante del acceso de la infancia a la inmunización. Este ha sido uno de los principales motivos de preocupación para el UNICEF, que suministra vacunas al 40% de la población infantil de todo el mundo. En 2002, el UNICEF abasteció a más de 90 países con vacunas y material para inyecciones por valor de más de 260 millones de dólares.


 

 

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