Malí

La Escuela de la Esperanza ofrece educación a los niños de Malí con discapacidad auditiva

UNICEF informa sobre una escuela en Bamako, Malí, que garantiza que sus 160 alumnos con discapacidad auditiva tengan una educación. (Video en inglés)  Véalo en RealPlayer

 

Por Alex Duval Smith

Como todos los niños, aquellos que tienen una discapacidad disponen de muchas capacidades, pero a menudo son excluidos de la sociedad debido a la discriminación y la falta de apoyo, y como consecuencia se encuentran entre los niños más invisibles y vulnerables del mundo.

El 30 de mayo, UNICEF presentó su informe Estado Mundial de la Infancia 2013: Niñas y niños con discapacidad. El informe llama la atención del mundo sobre las necesidades urgentes de una población en gran parte invisible.

Ya han pasado casi 10 años desde que un grupo de maestros buscaran en las calles de Bamako a los niños de Malí con problemas auditivos, 19 de los cuales serían sus primeros alumnos. Hoy en día, la Escuela de la Esperanza garantiza que sus 160 alumnos reciban una educación y desempeñen una función central en sus familias.

BAMAKO, Malí, 5 de julio de 2013 – La discriminación contra los niños con discapacidad auditiva está disminuyendo en Malí, dice Moussa Sanogo, director de la Escuela de la Esperanza en la capital, Bamako. “Esta escuela la iniciamos en 1994 con 19 alumnos que nosotros, los maestros, habíamos encontrado en las calles de Bamako”, dice.

“En aquellos días, a los niños con discapacidad auditiva se les escondía y no recibían atención.”

En el centro de la familia

“En estos días”, continúa el Sr. Sanogo, “hay escuelas como la nuestra en todas las regiones de Malí, y esto significa que todo el mundo conoce alguien que es sordo. La situación ha mejorado mucho”, añade.

La escuela cuenta ahora con 160 alumnos, pero el Sr. Sanogo tiene que abordar todos los días el perjuicio y el dolor que a veces sufren las personas con discapacidad. “Es frecuente que el padre le eche la culpa a la madre del niño”, dice. “A veces tengo que dedicar mi tiempo a las peleas que se producen en las familias, cuando en realidad lo que yo quiero es transmitir la importancia de no aislar a este niño, de situarlo en el centro de la familia”.

Seydou Diarra, un electricista que vive con su esposa, Djita, y sus seis hijos en el distrito Magnambougou, se ha hecho eco de este mensaje. El año pasado, el Sr. Diarra recibió clases de lenguaje de signos los sábados por la mañana en la Escuela de la Esperanza, donde su hija de 11 años, Fatoumata, es una alumna.

La hija de papá

El hogar Diarra se encuentra junto a un concurrido mercado. La familia comparte un patio con otra familia, por lo que siempre hay una docena de niños dando vueltas. La mayor, de 15 años, Wassa, dice que ella y las otras se ocupan de Fatoumata.

Cuando se le pregunta quién es su mejor amigo entre sus hermanos y hermanas, Fatoumata señala a Bakary, un hermanito dos años mayor que ella. Bakary ha aprendido un poco el lenguaje de signos.

Al igual que muchos niños pobres de Malí, Fatoumata tiene que realizar una serie de tareas asignadas. Es una cuestión de orgullo en la familia que ella, como los demás, haga recados, lave la ropa, e incluso venda los dulces de coco que prepara su madre.

Imagen del UNICEF
© UNICEF Video
Fatoumata, de 11 años, vive en el distrito de Magnambougou. Realiza las tareas del hogar y asiste a clase en la Escuela de la Esperanza. El año pasado, su padre asistió a los cursos de lenguaje de señas que se realizaban los sábados por la mañana en la escuela.

El fuerte vínculo entre el Sr. Diarra y Fatoumata es evidente. “No sé por qué, pero incluso antes de que ella se enfermara, nos entendíamos de una manera especial”, dice. “Cuando sólo tenía un año de edad, ya me llamaba ‘papá’, y me traía las zapatillas cuando llegaba a casa del trabajo”.

Fatoumata tenía apenas un año de edad cuando cayó enferma con una meningitis y perdió la audición.

Comienza el día en la escuela

Todas las mañanas, el Sr. Diarra lleva a su hija a la Escuela de la Esperanza en la parte de atrás de su moto.

El patio de la escuela, bien organizado, y las aulas inmaculadas, se llenan con los gritos alegres de los niños con deficiencias auditivas, que llevan mochilas de UNICEF. El director de la escuela, Sanogo, pone fin al parloteo en el lenguaje de signos bajo la sombra de los árboles mientras agita vivamente la mano.

Los niños se reúnen en torno a un pequeño jardín y cantan el himno nacional de Malí mientras la bandera se iza en silencio.

Ampliar la vacunación, garantizar los derechos

El Sr. Sanogo dice que el 90% de los alumnos de la Escuela de la Esperanza son sobrevivientes de la meningitis, una inflamación de las membranas que protegen la columna vertebral y el cerebro. Las campañas de vacunación contra la meningitis se han intensificado en los últimos años.

En 2011, UNICEF llegó a casi 11 millones de niños y niñas menores de 29 años. Desde 2014, la meningitis se incluirá en las campañas sistemáticas en la región.

En una visita a la Escuela de la Esperanza, la Representante de UNICEF en Malí, Francoise Ackermans, pidió que se hagan más esfuerzos para identificar a los niños con discapacidad. “La situación en Malí es similar a la de otros países en desarrollo. En realidad, no sabemos cuántos son los niños con discapacidad”.

“Incluso hoy en día, muchos niños con discapacidad están ocultos por sus familias o se encuentran en la calle. Sin embargo, tienen los mismos derechos que todos los [niños y niñas]. Hay que identificarlos. Tenemos que apoyar a sus familias, a sus comunidades.

“Los niños deben estar en la escuela. Deben poder jugar juntos, crecer y convertirse en ciudadanos”, dice.


 

 

Fotografía UNICEF: Los niños y la discapacidad

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