Burundi

La nueva política terapéutica apoyada por ECHO y UNICEF evita muertes infantiles

Imagen del UNICEF
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Sibonna, un niño de 8 meses, recibe una nueva medicina para el tratamiento del paludismo que ha aumentado las tasas de supervivencia entre los menores de edad afectados por la enfermedad.

Por Aditi Menon-Broker

MUYINGA, Burundi, 27 de junio de 2005 – Cuando Sibonna, un niño de ocho meses, llegó al Hospital Provincial de Muyinga, en Burundi, se estaba muriendo de paludismo, una enfermedad que mata a más personas en este país africano que el VIH/SIDA, la guerra o cualquier otra causa. Su madre ya había sucumbido a la enfermedad.

El paludismo mata a un niño en algún lugar del mundo cada 30 segundos. Por lo menos 500 millones de personas contraen al año la enfermedad, de las cuales muere un millón. El 90% de los que mueren viven en África, donde el paludismo es responsable de una de cada cinco muertes infantiles.

En el hospital de Muyinga, Sibonna recibió un tratamiento nuevo —artesunata y amodiaquina— que representa un avance prometedor en el tratamiento del paludismo. Según los trabajadores de la salud, la combinación no sólo es costeable, sino que también ha resultado efectiva en más de un 95% de los casos, cuando se aplica en la primera etapa del tratamiento.

 “Cuando usábamos fansidar y cloroquina en el pasado, los exámenes de seguimiento siempre detectaban la presencia del paludismo, pero con el nuevo medicamento el resultado es negativo la mayoría de las veces”, explica Esperance Muhimpundu, una enfermera del hospital de Muyinga.

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Un grupo de madres espera en el Hospital Provincial de Muyinga a que sus hijos sean tratados con una medicina de reciente creación que se ha puesto al alcance de los pacientes gracias a los esfuerzos de UNICEF y ECHO.

Un empeño experimental

El gobierno de Burundi está experimentando el uso de estos medicamentos nuevos en respuesta a la epidemia que asoló al país hace cinco años. En 2000, Burundi salió de una guerra civil que contribuyó a la propagación del paludismo desde las tierras bajas, donde era endémico, a las tierras altas, donde las comunidades no se habían visto expuestas anteriormente a la enfermedad.

La población de las tierras altas tenía poca o ninguna inmunidad frente a esta enfermedad, lo cual la hacía particularmente susceptible de contraerlo. Como resultado, el número de casos de paludismo que se dio a conocer aumentó de un promedio aproximado de 500.000 al año a más de 3 millones, lo cual representa casi la mitad de la población total de Burundi.

El cambio en la política terapéutica adoptada por el gobierno de Burundi en 2003 ha demostrado ser un éxito. Con fondos provenientes de ECHO, la Oficina de Ayuda Humanitaria de la Comisión Europea, y asistencia técnica de UNICEF, el gobierno de Burundi espera poder llegar a controlar el paludismo.

El control del paludismo conlleva tanto la prevención como el tratamiento. La prevención, incluido el uso de mosquiteros tratados con insecticidas, sigue siendo una prioridad. Pero si la prevención falla, debe disponerse de un tratamiento efectivo a fin de salvar la vida de los niños.

Hacer retroceder al paludismo

Los tratamientos con medicinas nuevas son un elemento fundamental del plan. Según Yorgos Kapranis, un representante de ECHO, “los estudios demostraron que los medicamentos de la nueva generación —el tratamiento combinado de artemisina, lo que comúnmente se llama ACTs— son mucho más efectivos”.

En Burundi, el Gobierno subsidia el costo de los nuevos medicamentos y UNICEF también trata de aumentar el suministro de ACTs seguros, efectivos y económicos. A este fin, el año pasado invirtió 1,6 millones de dólares.

Frenar y revertir la incidencia de paludismo para 2015 es uno de los Objetivos de Desarrollo del Milenio. El objetivo más inmediato de la campaña “Hacer retroceder al paludismo” es reducir a la mitad la carga del paludismo en el mundo para 2010.

Según el reciente Informe Mundial sobre el Paludismo, un obstáculo fundamental para alcanzar estas metas es la falta de fondos. El informe de 2005 calcula que se necesitan unos 3.200 millones de dólares al año para combatir eficazmente el paludismo en los 82 países que tienen la incidencia más elevada de la enfermedad.

Sibonna es dichoso: gracias al cambio de política terapéutica del gobierno de Burundi, es casi seguro que sobreviva a esta batalla contra el paludismo y regrese a casa con su abuela. Miles de otros niños y niñas de países afectados por el paludismo en todo el mundo podrían no resultar tan afortunados sin un continuo apoyo de los gobiernos, los organismos internacionales y las organizaciones no gubernamentales para la lucha contra el paludismo.


 

 

Vídeo (en inglés)

Junio de 2005
Aditi Menon-Broker informa sobre el modo en que un nuevo tratamiento contra el paludismo aplicado con la ayuda de ECHO y UNICEF ayuda a salvar vidas en Burundi.

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